1. Introducción

Para la puesta en marcha de una empresa se necesitan recursos financieros, tanto para la compra de los equipos necesarios para el desarrollo de la actividad, como para el normal funcionamiento de esta. Además, el empresario individual o los socios que fundan la empresa carecen de los fondos suficientes para ello. Por tanto, resulta necesario buscar las fuentes de financiación que proporcionen los recursos económicos que se requieren.

No obstante, el aspecto financiero en una empresa no solo consiste en buscar la financiación, sino que, además, mediante una gestión financiera correcta se podrá configurar una estructura económica y financiera adecuada a las características del negocio que permitan alcanzar los objetivos perseguidos de la manera más eficiente posible.

Para ello resulta necesaria la elaboración de un plan económico-financiero en el que se va a mostrar la viabilidad económica y financiera del proyecto empresarial. Cuando se hace referencia a la viabilidad económica, nos referimos a asegurar la capacidad del proyecto para generar una rentabilidad aceptable. Por otra parte, la viabilidad financiera supone la capacidad del proyecto para generar recursos financieros suficientes, de forma que no se planteen problemas de solvencia.

De esta forma, para conseguir que nuestro negocio alcance la viabilidad económica, habrá que estudiar la capacidad del mismo para generar ingresos, así como la cuantificación de los gastos en los que se incurrirá en el desarrollo de la actividad empresarial. El documento en el que se reflejan los ingresos y gastos y, por tanto, el resultado de la actividad, se denomina cuenta de resultados. El estudio de la solvencia, por su parte, se centra en estudio de la tesorería, lo que permitirá conocer en todo momento el dinero con el que se cuenta y las obligaciones de pago que deben ser atendidas.

Así pues, la gestión económico-financiera de un negocio abarca los siguientes aspectos de la actividad empresarial:

  • Gestión presupuestaria. La confección de presupuestos permite cuantificar lo que va a ocurrir en el futuro. De esta manera, la empresa puede anticiparse y tomar las decisiones que considere oportunas. Además, con los presupuestos se puede controlar la evolución de la empresa, mediante la comparación con lo sucedido, posibilitando la adopción de medidas ante las desviaciones que se vayan produciendo.
    En la planificación es importante acotar el horizonte de tiempo al que se pretende referir la actuación. En este sentido podemos distinguir entre:

    • Planificación a largo plazo o planificación estratégica, cuyo horizonte temporal suele ser de tres a cinco años; pudiéndose llegar, según los casos, hasta los diez o quince.
    • Planificación a corto plazo o planificación presupuestaria, cuyo horizonte temporal suele ser el año.
    • Planificación inmediata o planificación operativa, cuyo horizonte se acorta aún más, centrándose en el «futuro inmediato».
  • Estudio de las fuentes de financiación. Una vez calculadas cuáles son las necesidades financieras, el empresario tendrá que describir cómo va a satisfacerlas. El objetivo de este apartado es identificar las alternativas de financiación disponibles y describir cuáles van a ser los recursos financieros del proyecto.
    Existen dos grandes categorías de recursos financieros: la financiación propia (recursos del emprendedor y sus socios) y la financiación ajena (recursos procedentes de otras fuentes).
Financiación
Financiación propia Capital
Reservas
Financiación ajena A largo plazo
A corto plazo
  • Realización de proyecciones financieras. En este apartado se incluyen las futuras cuentas de la empresa: cuenta de resultados y balance. Lo habitual es presentar estos estados financieros para los tres primeros años de actividad del proyecto.
    • Cuenta de pérdidas y ganancias previsional. Constituye la estimación de los ingresos y gastos de la empresa. Los ingresos de la empresa proceden de la venta de los productos o servicios de la empresa. Además, puede haber ingresos por otras actividades complementarias, como los ingresos financieros, derivados de las inversiones financieras de la empresa. La previsión de ingresos tiene que ser coherente con la previsión de ventas y las decisiones sobre precios recogidas en el plan de comercialización.
      Los gastos de la empresa surgen por la adquisición de productos o servicios a los proveedores, la remuneración al personal, la compra de suministros o la contraprestación por acciones comerciales. Además, la empresa incurre en gastos financieros por el uso de fuentes de financiación ajena y, eventualmente, puede tener gastos de carácter excepcional.
    • Balance previsional. El balance previsto se elabora a partir del presupuesto de inversiones y de la financiación prevista en el propio plan financiero. Recogerá las proyecciones de elementos de activo, patrimonio neto y pasivo en fechas futuras.
  • Presupuesto de tesorería previsional. El presupuesto de tesorería se elabora a partir de las previsiones de cobros y pagos de la empresa. El empresario debe conocer, además de las ventas, el momento en que las cobrará (al contado, a tres meses, etc.). Y lo mismo sucede con sus gastos: debe saber cuáles tiene que pagar al contado y qué crédito comercial le dan sus proveedores (un mes, tres meses, etc.), cuándo tiene que pagar a sus empleados, a otras empresas, etc.
    Otras fuentes de entrada de tesorería son las aportaciones de los socios e inversores (al comienzo de la vida de la empresa), o las fuentes de financiación externa (préstamos, línea de crédito). Las salidas también se producen por la devolución de las deudas.
    El presupuesto de tesorería recoge las previsiones de entradas y salidas de tesorería a tres años. Al menos para el primer año se debe hacer un desglose mensual.
  • Análisis de la viabilidad del proyecto. Cuantificación de la rentabilidad y análisis de la solvencia. El plan económico-financiero debe, por último, realizar un análisis de la viabilidad del proyecto, para lo cual es muy habitual el empleo de ratios. Los ratios son indicadores de la situación y salud de la empresa, midiendo en cada caso distintos parámetros, como liquidez, rentabilidad o endeudamiento. En todo caso, el cálculo de los ratios de forma aislada no siempre va a ser suficiente como criterio de valoración, sino que es conveniente hacer la comparativa con valores del sector.
    Un término muy manejado es el umbral de rentabilidad, también conocido como punto muerto o punto de equilibrio; y sirve para relacionar el resultado de la empresa con las ventas de la misma. En dicho momento, la empresa está vendiendo lo suficiente como para no perder dinero, o lo que es lo mismo, el total de ingresos se iguala con el total de gastos y el beneficio de la empresa es igual a cero.

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