8 cosas que no deberías hacer en Internet por @Lex_go

    En la sección “Problem solving” del web Lifehacker hemos leído un interesante y simpático artículo sobre cosas que la gente hace online y que son realmente estúpidas.

    A pesar de que cada vez encontramos más consejos sobre seguridad online adaptados a todo tipo de usuarios y de que cada vez aparecen más noticias que muestran los riesgos que corremos en determinadas situaciones, lo cierto es que aún falta mucho para poder afirmar que la gente, en general, está comprometida con proteger su seguridad cuando navega por Internet y es consciente de qué actuaciones pueden poner en peligro cosas que les importan mucho o de las que dependen (intimidad, privacidad, integridad, propiedades, secretos de empresa, etc.) y de cómo pueden evitarlas.

    Os dejamos a continuación nuestro resumen comentado del post original “The stupid things you do online (and how to fix them)”.

    1. Infravalorar tus datos personales. La mayoría de las cosas en Internet parecen ser gratis. Pero, ¿lo son? Depende de cómo te lo mires, normalmente pagas con tus datos personales, la moneda de cambio más usada en Internet. Esa información se usa (entre otras cosas) para diseñar la publicidad de manera que tenga más probabilidades de monetizarse (de que compres, vaya).

    Así es como funciona, si te parece bien, adelante, no se trata de que la publicidad sea algo malo en sí mismo. Se trata de que sepas de dónde salen esos anuncios sospechosamente invasivos que te aparecen cuando navegas y seas tú quien decida si quieres que algunas empresas puedan seguir el rastro de todo lo que haces por Internet para poder hacer un perfil de ti.

    En caso de que no quieras disfrutar de la llamada publicidad comportamental, configura adecuadamente las opciones de privacidad en los servicios que utilizas (navegadores, buscadores, redes sociales, etc.) y usa herramientas como DoNotTrack. En nuestro próximo post, hablaremos sobre lo que hacen las Apps para Facebook con los datos personales que tú (o alguno de tus ochocientos amigos) les da.

    2. Introducir información sensible a través de conexiones no seguras. Si te fijas en la barra de direcciones del navegador podrás ver que hay páginas cuya URL empieza por HTTP y otras que lo hace por HTTPS. Se trata de dos protocolos distintos, el segundo incorpora medidas que hacen que la transmisión de información sea más segura en términos de privacidad.

    Por esto, es más que recomendable que no introduzcas contraseñas, números de cuenta, direcciones o cualquier otro dato sensible (aquél que si cae en malas manos te puede causar un problema: económico, de privacidad, etc.) en una página que no use HTTPS, sobretodo si no estás usando una conexión privada y protegida por contraseña sino una red Wi-Fi pública o compartida.

    3. Alimentar a los trolls. O sea, seguirle el rollo a gente que se dedica a insultar, meter cizaña o crear malestar en blogs, foros, etc. Es mejor evitar entrar en la “discusión” que verte metido en una interminable historia que no tiene sentido y que no aporta nada a nadie. Siempre ha habido gente que no tiene nada mejor que hacer que intentar molestar o incomodar a los demás, Internet no es diferente, no te lo tomes como algo personal si no lo es.

    Simplemente ignóralo y tendrá menos impacto del que esperaba y seguramente desistirá. Si es necesario, acude al administrador de la web para que actúe, prácticamente todos los sitios tienen mecanismos para hacerlo. Y si eres tú el que gestiona la web, intenta mantenerla limpia de indeseables. El resto de internautas civilizados te lo agradecerá.

    4. Dejar información privada en el navegador. Los navegadores son una de las cosas que más usamos y por lo tanto, saben y recuerdan más cosas sobre ti que tú mismo: historial de descargas, de páginas visitadas, de compras hechas, etc.; por no hablar del peor error de todos: dejarle que recuerde los nombres de usuario y contraseña de los sitios que visitas.

    Imagina lo que puede ver en un momento cualquiera que te pida usar un momento tu ordenador o teléfono para mirar algo. Imagina lo que puede hacer entrando en cualquiera de los sitios que mantienes con la sesión abierta (redes sociales, compras online, correo electrónico, etc.) incluso aunque hayas cerrado la pestaña.

    Hay cosas que puedes hacer para reducir riesgos: configura las opciones de tu navegador para que no guarde ciertos datos y/o los borre al final de cada sesión, bórralos manualmente, nunca cliques el “manténme registrado” o “recuerda mi contraseña” (personalmente creo que es una opción que no debería existir). También hay herramientas para eliminar las cookies y para navegar de incógnito.

    5. No tener una copia de seguridad de los datos que tienes online. Quien más quien menos sabe que hay que hacer una copia de seguridad de los datos que tenemos almacenados en el ordenador. Esto incluye netbooks, tabletas, smartphones y cualquier otro dispositivo que almacene datos importantes.

    Los servicios en la nube están muy bien, te permiten almacenar montones de información a bajo coste y son muy prácticos. Pero no olvides que eso que es tuyo deja de estar bajo tu control directo. Si el servicio cae, ya sea por fallos en el sistema (como ya ha pasado con GoogleDocs o Amazon) o porque el FBI entre en plan comando (como en Megaupload), es muy posible que te quedes sin ellos.

    Hacer un backup de vez en cuando de los archivos que guardas en la nube te puede ahorrar muchos disgustos. En el caso de información que creas directamente en Internet, como en las redes sociales, a veces puedes bajar una copia de todo desde las opciones de gestión de tu cuenta (Facebook) o bien puedes usar programas que han sido diseñados para usarse con las principales redes sociales y que te permiten extraer una copia de tu información y guardarla donde quieras.

    6. Asumir que tus posts y comentarios son anónimos. En la mayoría de sitios te registras o das una dirección de email o un alias para poder comentar; cada vez más, interaccionas en unas páginas iniciando sesión a través de otro servicio (Facebook) o usando tu usuario de otro servicio (Twitter).

    En cualquier caso, raramente lo que dices por ahí es anónimo, aunque no lo firmes con tu nombre y tus apellidos. En Internet las cosas se quedan ahí para siempre y aunque queden enterradas por millones de bytes de información más reciente o importante, eso no quiere decir que no puedan encontrarse si se buscan y acabar asociando unas cosas con otras.

    Tu reputación es algo importante y todo lo que haces y dices por el ciberespacio (y también lo que dicen los demás sobre ti) contribuye a formarla, piensa dos veces antes de hacer según qué cosas.

    7. Dejar que los demás rastreen por donde andas. Cada vez más sitios webs o Apps te animan a que digas dónde estás (Foursquare, Facebook, etc.), eso tiene utilidades diversas: que las tiendas fidelicen clientes, que tus colegas sepan que andas por ahí, que la gente sepa que sitios te gustan, etc.

    No obstante, lo fundamental es que dicen donde estás y dónde no en un momento determinado. Si no vas a ir a casa en las próximas tres horas, o te has ido de vacaciones durante una semana, o bien estás en tal esquina de tal calle esperando un taxi… alguien con malas intenciones podría aprovecharse de ello. Una vez más, comprueba que compartes esa información con quien realmente quieres (y no con todo el mundo), si es necesario hacerlo y si tiene que ser a tiempo real.

    Un desagradable ejemplo de uso de la información de geolocalización por parte de terceros con fines que seguro que no entraban en las previsiones de las usuarias de Foursquare y Facebook es el caso de la polémica App GirlsAroundYou, de la que también hablaremos otro día en más profundidad.

    8. Usar contraseñas inseguras que (casi) nunca cambias. Seguramente es uno de los consejos de seguridad más repetidos y más básicos: usa una contraseña fuerte, no la misma para todo, cámbiala de vez en cuando y NO la compartas con todo el mundo (puedes tener una puerta blindada en casa pero si dejas una copia de la llave debajo del felpudo de la entrada y todos tus vecinos lo saben, crees que te protege?).

    Hay muchos métodos para generar contraseñas decentes, también para recordarlas; incluso hay programas diseñados para ello que te ahorran mucho trabajo a la vez que te mantienen seguro. Piénsalo así: si alguien quiere saber tu contraseña puede hacerlo de dos maneras: intentando adivinarla en función de lo que sabe de ti (fechas importantes, nombres de familiares, mascotas, aficiones…sigo?) o bien usando un programa que prueba todas las combinaciones posibles hasta que encuentra la correcta (se tardan segundos, a veces minutos).

    Si por desgracia eres el objetivo de un cibercriminal de película, de esos que saben hacerlo todo y saltar cualquier barrera, seguramente no habrá nada que puedas hacer para protegerte. Afortunadamente la probabilidad de que eso ocurra es muy pequeña. En cambio, gente con malas intenciones, oportunista o aprovechada y gente con una idea bastante retorcida de lo que es una broma, la hay a montones, y no suelen ser además genios de la informática, así que pónselo más difícil y el riesgo se reducirá mucho. Esta infografía es de las mejores que he visto sobre este tema.

    En conclusión:

    Estamos hablando de actitudes o comportamientos que son, como poco, imprudentes. Además resulta que tenemos a nuestra disposición herramientas o alternativas bastante simples que nos permiten reducir significativamente los riesgos. Aún así, por alguna extraña razón conozco demasiadas personas a las que le da una pereza inhumana dedicar unos cuantos minutos a corregir alguna de las malas costumbres enumeradas.

    Eso sí, todas estarán de acuerdo en que perder todas las fotos que has hecho en el último año, que alguien se gaste 1000€ de tu cuenta sin tu permiso o que te llegue una demanda judicial por insultar o amenazar a alguien, no es divertido.

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