Alguien está difamando a mi Startup: ¿Qué hago? por @Manzanerame

    Antonio Manzanera - Blogger en TodoStartupsVayamos al grano: es imposible evitar que alguien te difame, a ti o a tu empresa. De la misma manera que es imposible evitar que un cliente plúmbeo te persiga con reclamaciones absurdas o que un empleado al que despides con la mejor de las razones te demande. Difamar, reclamar y demandar son en España actividades libres que no exigen ningún requisito previo de validez.

    Ni siquiera hace falta tener razón para llevarlas a cabo. Cualquiera puede realizarlas sin ningún impedimento.

    En otro lugar hablé acerca de los servicios posventa y la imposibilidad de conseguir que nadie te reclame. También he hablado de los despidos. Así que hoy tocan las difamaciones.

    Difamar es “desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama”, lo cual duele doblemente si lo dicho respecto a ti o tu empresa es falso.

    Ahora bien, una vez que te has enterado de que un tercero anda por ahí hablando mal de ti o tu startup, ¿qué debes hacer?

    Este tema es debatible, y yo en este post voy a compartir con vosotros mi opinión. Y para ello empiezo diciendo lo que no debes hacer en ningún caso. Nunca, nunca, nunca, contestes de manera inmediata y en caliente. Resistir la tentación de responder es el primer y mejor consejo que puedo darte.

    Ante una difamación, lo primero que debes hacer es evaluar el daño que te han hecho. ¿Quién te ha difamado? ¿Tiene credibilidad este sujeto? ¿Dónde ha hablado mal de ti? ¿En privado, en público? ¿En un medio de comunicación? ¿Qué medio? ¿Qué audiencia tiene? ¿Qué ha dicho el difamador? ¿Es verdad lo que ha dicho? ¿Es totalmente mentira? ¿Es una media verdad insidiosa? ¿Es creíble la difamación, o un cuento que nadie va a tomar en serio? ¿A quién se ha comunicado ese mensaje difamador? ¿Es razonable suponer que tal destinatario pensará que es cierto lo que le han contado? Si lo cree, ¿tomará medidas contra ti o tu startup? ¿Qué tipo de medidas?

    Si de tu análisis anterior se desprende que el daño es limitado, bien sea porque lo dicho no es importante, porque quien lo dice carece de credibilidad, porque el medio empleado llega a pocas personas o por cualquier otra razón, entonces mi consejo es que ignores el mensaje. No contestes. Haz como si nada se hubiese dicho.

    La razón es sencilla: respondiendo sólo conseguirás que lo intrascendente se convierta en importante. Sin pretenderlo estarás echando más gasolina al fuego, y el que más tienes que perder eres tú.

    Sé por experiencia que no es plato de buen gusto callar ante manifiestas falsedades expresadas contra ti o tu proyecto. Pero lo ya dicho ya te ha hecho daño, eso no lo puedes evitar. Lo que sí puedes evitar es hacer mayor la herida.

    Pero, ¿y si del análisis de la difamación se deriva que el daño es considerable?

    En este caso yo distingo entre la difamación pública y la privada. Empezaré por la privada.

    Supongamos que alguien se pone en contacto con un cliente tuyo y sólo a él le cuenta determinada mentira sobre tu startup. Es tu mejor cliente y la mentira es grave. ¿Qué hacer? Mi consejo es que en tal caso te dirijas privadamente a tu cliente con una comunicación en la que digas: “sé que alguien te ha dicho X, X es falso, las razones que demuestra que X es falso son bla, bla, bla y quedo a tu disposición para ampliarte la información que necesites. Saludos”.

    Hay dos claves en tu respuesta. La primera es alegar únicamente hechos constatables. No opiniones o juicios de valor. La mejor defensa es que los hechos te avalen.

    La segunda clave consiste en evitar hablar mal del difamador o injuriarle. Si por ejemplo el difamador es un empleado a quien has despedido recientemente, quizá puedas revelar este hecho dando a entender que la antipatía que te tiene esta persona justifique su acción. Pero si lo haces, hazlo con tacto.

    Después de enviada tu comunicación, pasado un tiempo, haces un seguimiento para asegurarte de que el mensaje ha surtido efecto. Si todo se calma, el problema ha pasado.

    Pero ¿y si la difamación fue pública? Hablamos en este caso de difamaciones difundidas en medios de comunicación. En este caso la ley acude en nuestra ayuda.

    La Ley Orgánica 2/1984 regula el derecho de rectificación, que llegado el caso os sugiero que consultéis aquí. La clave nos la da el artículo 2: “El derecho (de rectificación) se ejercitará mediante la remisión del escrito de rectificación al director del medio de comunicación dentro de los siete días naturales siguientes al de publicación o difusión de la información que se desea rectificar, de forma tal que permita tener constancias de su fecha y de su recepción.

    La rectificación deberá limitarse a los hechos de la información que se desea rectificar. Su extensión no excederá sustancialmente de la de ésta, salvo que sea absolutamente necesario”.

    El medio tiene la obligación de publicar la nota. ¿Qué hacer después? Si la rectificación para el golpe, yo sugiero no hacer nada. Si no lo hace, tal vez no te quede más remedio que querellarte contra el difamador, aunque ya sabéis de lo que pienso sobre las demandas judiciales (deben evitarse siempre que se pueda, por costosas e inútiles a la larga).

    Con todo, este tema de las difamaciones es complejo y el espacio de este post muy reducido para tratarlo en profundidad. En caso de duda, consultad con un abogado. Y en caso de que tengáis tiempo de ocio que no sepáis llenar, os recomiendo “El informe Müller”, mi novela de intriga y espionaje que podéis conocer en este booktrailer que os animo a que veáis.

    Suerte.

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