Alternativas financieras, no parece lo mismo pero lo es por @Manzanerame

    Antonio Manzanera - Blogger en TodoStartupsPertenezco a una asociación cultural privada pero de interés público que como todas está atravesando un periodo de serias estrecheces económicas.

    Para poner remedio a la tremenda situación de déficit (gastos superiores a ingresos) e insolvencia (incapacidad para atender a los vencimientos de pagos a acreedores) los regidores de la asociación presentaron un plan A. En paralelo, un grupo de asociados presentaron un plan alternativo B.

    El plan A prevé la enajenación (venta) de algunos activos de la asociación, principalmente obras de arte.

    El plan B propone solicitar un préstamo hipotecario poniendo como garantía un inmueble de la asociación.

    En un caso tenemos una venta patrimonial y en otro un endeudamiento con garantía hipotecaria. Parecen alternativas muy diferentes, ¿verdad? Pues atención: financieramente son idénticas pues nos llevan al mismo lugar. Y, lo que es peor, ninguna de ellas es la solución a nuestros problemas.

    Empecemos con el plan A. Cuando se hace un presupuesto de ingresos y gastos hay que distinguir los ingresos y gastos ordinarios (esto es, los procedentes de las actividades normales de la asociación) de los extraordinarios (aquellos que se verifican con carácter puntual y no son derivados de las actividades corrientes).

    La lógica financiera y el sentido común dicen que los gastos ordinarios deben ser financiados con ingresos ordinarios. Si esto es así, se dice que el negocio es viable. El plan A lo que dice es: “vamos a conseguir un ingreso extraordinario vendiendo patrimonio para financiar nuestros costes ordinarios que son inasumibles”.

    La pregunta es: ¿qué haremos el año que viene cuando tengamos los mismos costes ordinarios inasumibles? Pues que estaremos en la misma situación que ahora pero con menos patrimonio. Es decir, pegamos un patadón al problema para delante.

    Plan B: asumimos una deuda hipotecaria, y con ella cubrimos nuestros costes ordinarios inasumibles. La deuda, como sabemos, sólo debe emplearse para financiar inversiones que generen la caja suficiente para pagarla y generar un beneficio. Si usamos esa deuda para financiar gastos corrientes de este año, el año que viene tendremos los mismos gastos corrientes más los intereses y principal de la nueva deuda asumida. Y además tendremos un inmueble hipotecado. En definitiva, tapamos la vía de agua de la popa nuestra barca usando un tablón de la proa. Volvemos a retrasar la aparición del problema, que resurgirá empeorado pues tendremos más deuda asumida.

    Vemos pues que los dos planes nos conducen al mismo lugar. La única solución válida sería corregir los ingresos y gastos corrientes para que cuadren sin emplear ningún extraordinario. En paralelo renegociar la deuda para que los vencimientos no nos ahoguen y, ahí sí, quizá endeudarse a más largo plazo o vender patrimonio. Pero no antes de equilibrar el presupuesto.

    El gran problema para muchas familias y empresarios españoles que han sucumbido en esta crisis ha sido emplear ingresos extraordinarios y/o elevados endeudamientos extra para cubrir costes ordinarios. Superaron el primer año de crisis pero cayeron en el segundo año con más estrépito.

    Es el inconveniente de paliar los síntomas pero no curar la enfermedad.

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