Círculos de confianza por @lmcuende

    Durante años se han establecido círculos de confianza cliente-sevidor (o cliente-proveedor) a partir de relaciones personales basadas muchas veces en acciones similares a organizar reuniones técnicas en lugares soleados, fletar un jet para un grupo de “afortunados” con capacidad de decisión, algunas “celebraciones” o simplemente un pañuelo de seda, perfume o unas rosas a una secretaria para “facilitar” el acceso y comunicación con el “number one”. Muchas empresas permitían en su reglamento interno todas esas argucias a los ejecutivos de Ventas, todo menos entregar dinero que estaba penalizado, aunque había fórmulas…

    Eran tiempos donde estas prácticas de la empresa privada llegaron a crear un estilo de vida que impregnaron totalmente la cotidianidad en todos los estamentos y en mayor o menor grado hemos llegado a ver cómo incluso en ONGs y sindicatos se creaban puestos de trabajo específicos para familiares o personas afines a los círculos que se iban cerrando cada vez más cuan pequeñas fortificaciones familiares donde ya incluso algunos puestos llegaban a ser hereditarios.

    Ese estilo de vida ha originado por una parte un gran aumento de los costes de venta y por otro lado ha elevado a puestos de decisión a auténticos incapaces cuya productividad no sólo es negativa sino que crean otros círculos de ineptos a su alrededor con lo que los costes de gestión aumentan más al tener que contratar o subcontratar a otros para que realicen el trabajo que ellos son incapaces de realizar, y digo ellos porque este modelo está sustentado sobre todo en el género masculino.

    Así, con esta epidemia hemos llegado a un conjunto de organizaciones y empresas con un nivel de competitividad tan bajo donde los empleados/as que realmente hacen el trabajo están desmotivados al comprobar que los honores y el dinero se lo llevan los incapaces de los círculos de confianza.

    Con un nuevo escenario donde los recursos económicos no dan para el derroche, estos sistemas se caen por su propia inercia y en ese doloroso proceso se van eliminando los puestos de los trabajadores productivos para preservar a los “protegidos”, y ese es el fin a corto o medio plazo de la consiguiente organización o empresa.

    Entonces se empezaron a crear agrupaciones de talento, compartición de recursos, clusters, cooperativas, apareció el coworking,… y se desarrolló todo un ecosistema en torno a las startups. Todo esto es tabú si hablas con un sindicalista.

    En los sindicatos aún permanecen anclados en el siglo XIX. Trabajador y empresario ahora se funden en conjuntos de emprendedores que se unen en torno a una idea, a una pasión, y se entregan. Disfrutan con su trabajo. No miran continuamente el reloj para irse de su puesto. Ya no hay horarios, hay objetivos.

    Ahora los círculos de confianza están cambiando. Se basan en la innovación, la calidad, la entrega, la pasión, la continua compartición de un conocimiento solidario donde el conjunto siempre gana. Ese es el ambiente que muchas startups han utilizado para conseguir el éxito. Mientras los dinosaurios dan un paso, una startup puede dar mil. La capacidad de decisión es tan veloz que pueden driblar los obstáculos y colarse por cualquier agujero.

    Eso es lo que está poniendo enfermos a muchos “entendidos” que no comprenden que todo está cambiando muy deprisa y ya nada es igual y mañana será muy distinto. Veo gente muy joven que está revolucionando un mercado “laboral” que nada tiene que ver con el viejo modelo industrial. Bienvenidos a un nuevo mundo lleno de oportunidades para todos. Un momento mágico en la historia del ser humano.

    Entra en mi círculo y veremos qué podemos crear; al menos compartiremos la información que más nos interesa: emprendimiento, innovación, tecnología,…

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