Claves de gestión del talento gracias a un enigma por @JoseRuizPardo

    Hace unos días leía una noticia que decía se había resuelto un enigma que el propio Isaac Newton había planteado hace más de 350 años.

    Quizás ese titular hubiese pasado desapercibido entre los muchos diarios de la prensa, si no fuese porque su descubridor tiene tan solo 16 años.

    Parece ser que el chaval es hijo de un ingeniero que, como diversión, desafiaba a Shouryya (así se llama el joven) desde muy pequeño con enigmas matemáticos.

    Así, el adolescente ha hecho algo que la comunidad científica lleva intentando desde que Newton lo planteó.

    Y es que el talento no tiene edad, ni tampoco límites. Tan solo hace falta automotivación y constancia.

    Lamentablemente, conozco muchísimo talento desperdiciado en las empresas. Se pasan los días, las semanas y los meses, lamentándose de la crisis que nos azota, de lo mal que está todo, ¡hay que ver que no vendemos!, dicen. Sin embargo cuentan en sus plantillas con personas creativas, inteligentes, hábiles… Que ejercen, como pueden, en una maraña de procedimientos arcaicos, los mismos que hace años, los mismos que no cambian.

    ¡El mercado está muy mal!, pero cambios drásticos ¡no!, ¡Por Dios!, con lo mal que está la cosa. Pues lamento decirte que mal está… Pues peor si sigues lamentándote sin cambiar.

    ¿Por qué chico de 16 años ha resuelto un enigma tan complejo?. Fundamentalmente por cuatro motivos.

    El primero, el Talento. La capacidad, las habilidades, las aptitudes, estaban ahí. Unas innatas, otras adquiridas con la práctica.

    El segundo, la formación. El jovencísimo matemático no se sentó de pronto un día con el sandwich de Nocilla delante de la videoconsola, vino el Espíritu Santo y le dio la clave. Es fruto de muchos años resolvieldo problemas, equivocándose y aprendiendo de por qué esa solución fallida no era correcta.

    El tercero, la diversión. El chaval se divertía resolviendo enigmas. Lo hacía por gusto. Cuando nos divertimos funcionamos mejor. Las horas pasan deprisa, el trabajo no pesa.

    Cuarto, no tuvo miedo. Se plantó delante de un enigma que llevaba 350 años sin solución por parte de la inmensa comunidad científica. Pero en ningún momento pasó por su cabeza la frase esa de: “Si los que saben no lo han hecho, ¿cómo voy a poder yo?”. Al contrario, era un reto para él. ¿Y si no lo hubiese conseguido?… Pues no hubiese ocurrido absolutamente nada. Bueno, algo sí, el conocimiento adquirido en los intentos le hubiese servido para resolver otros.

    En muchas empresas se quejan de la incapacidad de sus empleados, las mismas que, muchas veces, no ven que tienen a individuos con muchísimo talento en puestos que no le aportan nada. No le aportan al empleado, porque no le gusta lo que hace y es difícil automotivarse. Y no le aporta nada, o poco, a la empresa por el mismo motivo.

    Claro, plantear un cambio es echarse a temblar. Estamos acostumbrados a tener estructuras demasiado rígidas en las empresas. No nos damos cuenta que no se puede seguir así. El mundo va montado en el tren de tecnología, que no es uno normal, es un AVE. Y para seguir el ritmo y no quedarmos atrás necesitamos estructuras más flexibles.

    Pero además necesitamos eficiencia y eficacia. No hay forma mejor de ser eficaz, de ser eficiente, de ser productivo, que tener en la empresa a personas desarrollando todo su potencial y su talento.

    Estructuras más flexibles y manando talento por todos los poros de la organización. Eso sí que es ser competitivo, eso es sí que es crear valor. Tomemos ejemplo del jóven Shouryya Ray, perdamos el miedo y en lugar de maneras de vender, busquemos la manera de aprovechar el talento que tenemos, la venta vendrá luego como consecuencia.

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