Cuando un trabajador dice lo que el jefe quiere oír por @JorgeFdzC

    Jorge Fernandez - Blogger en TodoStartupsEn las escuelas de negocio norteamericanas recurren a esta parábola para ilustrar a los futuros ejecutivos lo peligroso que puede ser si los trabajadores, en los distintos niveles de mando, se dedican a contar las cosas, no como son, sino como las quiere oír el jefe.

    Se basa en el supuesto de implantar una nueva política de actuación en una gran empresa. Para ello se diseña un plan que se traslada a todos los departamentos y, a partir de ahí, los acontecimientos transcurren de la siguiente manera:

    El Plan

    En un principio había un plan …. luego vinieron las suposiciones … y las suposiciones no tenían forma …. y el plan no tenía ninguna sustancia.

    Los Trabajadores

    Y la oscuridad se veía en la faz de los trabajadores mientras hablaban con sus jefes de grupo diciendo: “Esto es un montón de mierda y apesta”

    Los Jefes de Grupo

    Y los jefes de grupo fueron ante sus jefes de sección y les dijeron: “Es un cubo de excremento y no se soporta el hedor”

    Los Jefes de Sección

    Y los jefes de sección fueron ante sus gerentes y les dijeron: “Es un contenedor de estiércol, tiene un olor muy fuerte y puede que nadie lo soporte”

    Los Gerentes

    Y los gerentes fueron a su director y le dijeron: “Es un recipiente de fertilizante y nadie puede detener su fuerza”

    El Director

    Y el director fue al vicepresidente y le dijo: “Fomenta el crecimiento y es muy potente”

    El Vicepresidente

    Y el vicepresidente fue al presidente y le dijo: “Este nuevo y potente plan promocionará activamente el crecimiento y eficiencia de la empresa”

    El Presidente

    Y el presidente miró el plan y vio que era bueno y el plan se convirtió en política.

    Una situación así, aunque puede que no de forma tan exagerada, se da de forma habitual y sólo tiene dos orígenes posibles: o en el trabajador, porque su naturaleza es la de ser complaciente con los jefes o en la dirección, porque de forma sistemática penaliza a los trabajadores que realizan críticas.

    Sea uno u otro el origen, el empresario tiene que tener muy claro que esto sólo se puede cambiar de una forma y es de desde la propia dirección, bien contratando trabajadores que disten de ser complacientes o incentivando actitudes reflexivas en todos los niveles de la empresa.

    La mala noticia es que esto no es tarea fácil, puesto que en los genes de muchos directivos esta grabada la información de que si son jefes es porque su criterio es mejor que el de los demás. Esta mentalidad es lo primero que hay que cambiar si no se desea dirigir una organización donde fluya información deshonesta que la aparte de la realidad.

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