El Pitch: La importancia de saber vender tu idea por @Juanjoriesgo

    Juanjo Riesgo - Blogger en TodoStartupsPues vaya, otro post, otra lección magistral sobre el “pitch”, que original! Esto es lo primero que yo habría pensado al ver el título de este artículo, igual que os ha pasado a la mayoría de vosotros. Sí, seguramente será un post más sobre este tema, pero lo que voy a intentar por todos los medios es que no parezca una lección magistral. De todas formas, tampoco sería capaz de dar dicha lección, por mucho que me lo propusiera.

    Y es que hay ciertos conceptos, ciertas palabras que, en el mundo del emprendimiento, dan mucho juego. Una de ellas es la que nos ocupa: pitch, otra es talento. Hay más, ¿a qué a todos se nos ocurren unas cuantas? De vez en cuando digo que tengo que escribir un post sobre el talento…, pero ahora no va a ser, sigue pendiente.

    Si a estos términos de moda se les engancha y relaciona convenientemente con diversas obviedades, al final, como todos hemos podido comprobar, salen posts sobre estos temas hasta debajo de las piedras, y algunos escritos por Dios sabe quién.

    Hace poco leía en un post sobre tips ó consejos para escribir un currículum que era importante que la redacción del mismo no tuviera faltas de ortografía. Vaya, y no sólo nos lo tienen que decir, sino que además alguien lo publica en un post-mini-guía de cómo hacer un currículum. El resto del artículo no iba mucho más lejos, no os vayáis a creer.

    Me he desviado de mi asunto, el pitch, cuando realmente lo que quería, hace un párrafo, era hacer un comentario sobre las obviedades, en las que no quiero caer, aunque sí en todo lo que se refiera al sentido común.

    Vamos de lleno con lo que nos ocupa, eso sí, sin intentar traducir ni hacer ninguna definición de pitch. Si lo hago, y esto de las definiciones no suele salir bien, ya habré caído en la tentación de la lección magistral.

    Seguro que muchos habréis oído aquello de que hay que tener un pitch ya preparado incluso para ligar. Bueno, esto obviamente para aquellos que están en esos menesteres. Pero es una verdad como un templo, y más de uno seguro que tenemos experiencia, mejor o peor, con ese asunto: el de tener preparado un buen pitch o no y el de ligar, o no.

    Se habla mucho del elevator pitch, el pitch del ascensor, anda! traduzco elevator pero no pitch (ver dos párrafos más arriba). Es decir, qué voy a hacer y qué voy a decir en el tiempo que dura un viaje en ascensor para convencer, atraer con mi idea, con mi plan, a un inversor o a un grupo de inversores. Y para despertarles el suficiente interés como para que quieran profundizar en mi idea, en mi plan de negocio, en mi aventura, en mi empresa.

    Lo que no suele decirse es cuánto dura ese viaje en ascensor: no es lo mismo ir al primer piso que al quinto, y algo muy diferente ir al piso treinta. Ni tampoco da igual quien se suba al ascensor: qué tipo de compañeros de viaje, en este caso audiencia, voy a tener para subir al piso “no está mal-suena interesante” o para bajar al piso de la indiferencia.

    Entonces ya no se trata de tener un pitch, sino que se trata de poder modularlo, dependiendo del tiempo y la forma que tenga para presentarlo y dependiendo del perfil de la audiencia que tenga delante. Y tendré que tener muy presente los mensajes que nunca, bajo ningún concepto, dejaré de dar, por muy corto que sea el viaje o por mucha prisa que tengan mis compañeros de ascensor, los queridos inversores.

    ¿Y qué es lo que pasa cuando no estoy en el ascensor? Pues que tengo que seguir llevando el pitch desenfundado, sin el seguro puesto, dispuesto a ser disparado, presentado, en cualquier momento y a cualquiera que se me ponga por delante: estamos emprendiendo, en una aventura, descubriendo, explorando y tenemos que estar muy atentos a todo lo que nos rodea y a quienes nos rodean.

    Hemos entusiasmado y transmitido nuestro entusiasmo por nuestro proyecto a nuestros amigos y a nuestras familias hasta aburrir, y esto casi de forma forma literal. Por otra parte, tenemos que darnos cuenta que en muchas conversaciones informales, en muchas reuniones, nos podemos encontrar con personas que, aun no siendo el target principal para nuestro pitch, pueden estar conectados, de alguna manera, con otras personas potencialmente interesadas en nuestro proyecto.  Y si somos capaces de trasmitir nuestro entusiasmo, de convencer, de atraer, es muy posible que el networking de verdad funcione (y funciona) y al final de uno de los hilos haya alguien, un inversor, que pueda interesarse por el proyecto.

    Por eso, ya no hablamos de un pitch, ni de un pitch modular, sino de un pitch de diferentes colores, que se puede vestir de diferentes formas tanto si va a una boda, como a un bautizo o a una cena con amigos.  Ojo! que de esto a pasarse de la raya hay muy poco: siempre es bueno que alguien de confianza pueda decirte, si llega el caso, que te estás pasando, que tienes que volver a poner el seguro y enfundar el pitch porque estás a punto de convertir la fiesta en una ruina.

    Un rato hablando del pitch, aunque os aseguro que todavía quedan muchas cosas en el tintero, y todavía no he hablado de la pasión, otro de mis temas preferidos y totalmente ligado al espíritu emprendedor. Pero no va a ser ahora, también lo dejo para otro post, como el talento. Se me van amontonando los temas.

    Ah!,  y pensad en aquella noche que no ligasteis: lo que habría cambiado la cosa presentando un buen plan de negocio que incluyera el retorno de la inversión…

    Hasta pronto

    Juanjo

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