Emprendedor: Di no a la inercia por @Carlos_Villena

    Existen emprendedores de muchas clases pero el factor común de todos es que le dicen NO  a la negatividad.

    Un emprendedor le tiene que decir no al no desde el principio. Tiene que sostenerse firme en su posición y seguir hacia su objetivo. El contexto, la familia, la sociedad, el universo le dira que “no” de muchas formas; esto se debe a la sencilla conclusión de que el universo o las personas giran ensimismadas en su propia inercia.

    Lo que sucede es que cuando las cosas están ya establecidas de una determinada forma, los productos ya maduros en el mercado, la competencia es la misma, los consumidores o clientes optan de forma casi automática hacia lo ya conocido.  De aquí viene que el primer obstáculo de un nuevo jugador para vender su innovación es el hábito dominante en el mercado, así de simple.

    Los emprendedores son disruptores, es decir, agentes que le reclaman atención al statu quo y le demandan una oportunidad. Es un retador que pretende romper la rutina y el conformismo del contexto y que le grita al sistema para que dé la vuelta a mirarlo.  Si lo pasamos a una metáfora seria más o menos como un pequeño mosquito que fácilmente puede ser ignorado, hasta que pica o te pega su zumbido en el oído.

    Al comienzo, el emprendedor va contra todo y no es tomado muy en serio. Es en esta fase crítica cuando está más vulnerable, cuando se siente más inseguro, cuando todavía no puede comprobar sus ideas con hechos reales y cuando el cash flow es más escaso.

    El entorno tiende a descontar al emprendedor por su entusiasmo “excesivo”, su inocencia, su lucha incansable. Y hasta la estadística parece ratificarlo. Las probabilidades de éxito de un emprendimiento es aproximadamente entre el 10% y 20%

    Pero la tragedia no es que los fracasos sean aproximadamente entre el 80% y 90% de los emprendimientos sino la sorprendente cantidad de personas que ni siquiera lo intentan, o que tiran la toalla a mitad de este camino.

    No  arriesgarse tiene que ser mucho más duro que fallar. Fallar una vez, dos, tres, cuatro o más no es fallar si finalmente le atinas. Y aunque nunca termine de consolidarse el negocio, te queda la paz o la satisfacción que brinda luchar con tu mejor esfuerzo, la satisfacción de haberte atrevido a romper con la zona de confort y conseguir un invalorable aprendizaje.

    Generalmente nos hacemos estas preguntas: Cuantas veces te has propuesto empezar tu propia empresa o negocio? Cuantas veces has dicho que vas a cambiar de trabajo o empresa?.

    Frente a las dificultades de cambiar una inercia, la mayoría de las personas se dan por vencidas antes de tiempo y aunque suene curioso o paradójico eso deja la puerta abierta para los que volvemos a ponernos de pie y seguimos avanzando; retando nuestras creencias y capacidades, reinventándonos constantemente. Vivir retados, inquietos y ansiosos sin que esto nos paralice es estar vivos o al menos de quien quiere estarlo. Usa, emplea y busca superar tus propias capacidades, deja versiones viejas de ti mismo en el camino.

    Cuando existe confianza y pasión, tarde o temprano se reorganizan los factores productivos y se organizan alrededor de esta nueva energía. Y luego se pasa al punto de no regreso, al punto donde se activa una serie de eventos que se van dando por esta propuesta inicial. Entonces lo que termina por pasar es que se activa un nuevo paradigma en el sistema y comienza alcanzar un crecimiento orgánico exponencial.

    Sin duda hay mejores tecnologías que  Youtube para navegar videos, pero es ahora estándar, TODOS lo usan. Habrá mejores smartphones que el Iphone, pero este ya gano el mapa mental del mundo, ya es como diría Kevin Roberts, un Lovemark.

    Algo que vale mencionar es que la verdadera transformación sucede cuando del rechazo inicial, la iniciativa pasa a consolidarse y se transforma en un polo de atracción que ya es parte del sistema. En este logro también existen riesgos que hay que tenerlos muy en cuenta.

    El negocio ya establecido se suma a la rutina actual del sistema y en cierto modo se protege de los nuevos emprendedores. El problema o clave a tener en cuenta es que por esta misma razón puede caer en relajación o complacencia.

    Es crítico que el emprendedor conserve, alimente y aumente su entusiasmo;  es que el  entusiasmo es el ADN del emprendedor, su etimología lo resume todo: del griego que significa “estar lleno de Dios” o “De inspiración divina” (en + theos).

    Por todo esto no puede haber algo mejor que emprender, buscar salirse de su zona de confort y vivir con mucho entusiasmo.

    Expandete, conectate, reinventate y crece; acumula cicatrices y aprendizajes. No pasa nada.

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