¿Has mirado el alma de tu Empresa? por @JavierCidGil

    No se si será porque estamos en Navidad o porque últimamente hablo con muchos emprendedores desenfocados respecto de sus objetivos personales que me he animado a reflexionar sobre la ética en los negocios.

    Cada vez más a menudo veo comportamientos en el mundo de las startups que me hacen pensar que no hemos aprendido nada de la crisis. Mucha gente dice que ésta es en gran parte una crisis de valores y comparto esa opinión.

    Parte de la quiebra del sector inmobiliario y de la construcción se produjo porque perdimos el verdadero concepto del valor de las cosas. Ya sé que en economía el precio de un bien es el determinado por el cruce de la oferta y la demanda, pero muchas veces ese precio no coincide con el “valor” de ese bien.

    Así fuimos capaces de pagar millonadas por terrenos, edificios, pisos… que no valían lo que costaban, pero era lo que decían la oferta y la demanda.

    Ahora ya no tenemos en España sector de la construcción y estamos empezando a ver que nuestro futuro pasa por crear empresas basadas en tecnología y conocimiento. Pero nos estamos yendo al mismo punto en el que nos equivocamos la otra vez.

    Pueden valorar tu idea por mucho dinero, y hasta que alguien la compre a un precio muy alto pero, ¿es lo que verdaderamente vale? ¿Qué pasará el día en que las empresas que se están valorando ahora en base a expectativas futuras tengan que demostrar que valen lo que se pagó por ellas?¿Tendremos una burbuja de startups?

    Es necesario que volvamos a los valores que sustentan los negocios sostenibles. Las empresas están para ganar dinero, cuanto más mejor, pero esto no puede hacerse a costa de cualquier cosa. Hay que pensar no sólo en crear empresas que se puedan vender por muchos millones, sino en empresas que generen muchos millones. Hay que pensar más en hacer empresa y menos en hacer negocios.

    Muchas de las empresas que veo actualmente que están creciendo a pesar de las crisis (gracias a dios todavía las hay) además de ser competitivas comparten una serie de valores que las hacen diferentes a las demás. Apuestan por sus trabajadores, no sucumben a las tentaciones de apretar a sus proveedores bajo la amenaza de no comprarles y arruinarles, tienen planes de crecimiento sostenible en tasas moderadas y a largo plazo y no basados en “pelotazos” de un año para otro. Son esas empresas en las que a cualquiera le gustaría trabajar.

    Esto es lo que yo propongo a los emprendedores. No sólo penséis en forraros (que también) sino tened una visión de vuestra empresa dentro de diez años. Con clientes y proveedores de toda la vida, profesionales formados en vuestra casa y socios comprometidos con la sostenibilidad del negocio.

    Esto demostrará que al menos la crisis nos enseñó algo.

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