Innovar, crecer, mejorar es cuestión de cuestionar por @JoseRuizPardo

    Éxito Emprendedor, Emprendedores, motivación, StartupsCon la excusa de que estamos en verano y es época de dejar a un lado rutinas, esta vez no voy a escribir mi colaboración a partir de una noticia de actualidad, como vengo haciendo habitualmente.

    Por eso de que estamos en tiempo de descansar y tomar el fresco en la poca tregua que dejan los termómetros, voy a compartir con vosotros una desordenada reflexión veraniega. Porque como estamos en verano, es tiempo de hacer cosas diferentes.

    Verano tiempo de hacer cosas diferentes, Navidad tiempo de comer turrones, septiembre para empezar a hacer cursos y enero para pensar en la operación bikini del tiempo de las actividades distintas… Y aún hay quién se pregunta por qué no innovamos, para hacerlo hay que cuestionarse todo. Y si no se come turrón en verano, pues hacemos helado. Eso pensó el que inventó uno de los sabores hoy clásicos de las heladerías artesanas.

    Al ser humano le encanta la rutina. Es curioso, siempre nos quejamos de ella, pero cuando no está la echamos de menos (¡A ver si los niños empiezan ya el cole y volvemos a…!) Un incorformismo un tanto extraño el nuestro. Los coaches hablan de zona de confort. Yo que soy más de marketing digo que hay que ponerle otro nombre, porque mientras el calificativo recuerde lo a gustito que está uno dentro, nadie va a querer salir de ella.

    Pero como el hábito no hace al monje, el nombre no va a hacer que cambiemos de forma de ser. Precisamente lo que sí que puede conseguirlo es el hábito. Pero no el que se lleva puesto, sino otra de las acepciones de la palabra. Y es que no solo somos nuestra mente, somos nuestros hábitos. Y si una empresa está formada por personas y las personas son hábitos, pues la empresas serán hábitos, ¿no?

    Con eso de querer que todo funcione y la calidad total, la excelencia y las maravillas de la perfección, nos hemos obsesionado por procedimentarlo todo. Pero como nos encanta la rutina, nos encanta meternos en los procedimientos. Y los procedimientos se revisan si algo cambia o falla, si no, si algo no funciona, mejor dejarlo como está. Y como he dicho que hay que cuestionar, digo yo… Si hay que huir de la rutina por qué hacemos procedimientos, si los procedimientos son rutinas… Pero claro, las empresas sin procedimientos son auténticos desastres. En esta época de descansar se va uno y se paraliza si no hay procedimientos en los asuntos que él lleva. Qué mal ¿no?, no podemos vivir con ellos, pero sin ellos tampoco. Claro, que al final se paraliza igual con o sin procedimiento. Lo mejor es hacer un procedimiento para cuestionar el resto de los procedimientos. Y así nos pasamos la vida procedimentando, pero no cuestionando.

    Todo esto de la perfección y funcionar como una máquina perfectamente engranada está muy bien, pero… ¿Qué es la excelencia? Ahí está el problema. Que nos perdemos en la forma y nos olvidamos de lo importante.

    Hacemos procedimientos para que todo salga bien y con esta mente cortoplacista que tenemos (por propia arquitectura de nuestro cerebro), nos olvidamos que la excelencia no es no equivocarse. Eso es la excelencia visto de dentro y hacia dentro. Pero tu empresa vive porque tiene clientes. Y a tu cliente tus procedimientos, con perdón, le importan un pimiento. Sobre todo cuando impiden que las cosas se hagan como él y no como tu empresa necesita.

    Una empresa excelente para sus clientes es aquella que no solo vende productos o servicios, sino que funciona por y para hacerles la vida mejor. Y como estamos en verano y en verano se permite todo, voy a hacer de pitoniso y diré, que si quieres que tu empresa sobreviva a muchos duros inviernos y calurosos veranos de este siglo, solo hay un secreto: Haz tu trabajo de forma que consiga hacer más felices a tus clientes.

    ¡Oh!, qué bonito y utópico, que seguro dicen algunos. Bueno, puedes dejar que sea una utopía o puedes hacerlo. ¿Qué quieres para tu empresa que viva o que muera? No vaya a ser que por pensar en que a algunos se nos va la olla, se quede vacía la otra, sí hombre, aquella en la que metes tu cuchara y comes.

    ¡Feliz verano!

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