Los impulsos a la inversión desde el sector público y su fracaso por @Manzanerame

    Antonio Manzanera - Blogger en TodoStartupsLa respuesta española a la carencia de inversión privada para emprendedores ha resultado de lo más keynesiana, y consistió en la creación de tres vehículos públicos de inversión alternativos:

    1. Organismos de estímulo a la investigación y al desarrollo, con especial vocación empresarial. Aquí ocupa un puesto de especial importancia el Centro de Desarrollo Técnico e Industrial (CDTI), con su iniciativa Neotec y Proyectos PID. La línea Neotec proporciona un préstamo a largo plazo sin garantía personal que sólo deberá devolverse en caso de que la empresa tenga un flujo de caja positivo. Habida cuenta de la tasa de mortandad de las startups, es prácticamente una subvención encubierta.

    El problema del CDTI es que sólo está accesible para proyectos de base tecnológica con un marcado carácter innovador, lo cual excluye a la mayoría de los proyectos empresariales de los emprendedores españoles. Por otro lado, lo “innovador” que sea un proyecto lo determina el propio CDTI, con unos mecanismos de decisión de transparencia limitada.

    2. Líneas de crédito para emprendedores de carácter genérico. El ejemplo más claro es la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), dependiente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Las líneas de Enisa son más accesibles para los emprendedores, sobre todo las destinadas a los jóvenes emprendedores. Nuevamente son préstamos sin garantía personal pero a diferencia del CDTI con unos calendarios de devolución establecidos con independencia de la solvencia del deudor, lo que los hace menos atractivos.

    Tanto en el caso 1 como en el 2, el Estado aporta un porcentaje de la financiación necesaria. Por ejemplo, el 80%. Esto significa que si las necesidades totales de fondos de un emprendedor son, por ejemplo, 500.000 euros, el emprendedor debe aportar con anterioridad el 20% restante (100.000 euros en nuestro caso) para poder acceder al dinero público. Volvemos pues al problema original. Si no encontramos a alguien (business angel, venture capital, amigo, familiar…) que ponga la parte que corresponde al emprendedor, las líneas 1 y 2 están cerradas. Para compensar esto, el Estado ha puesto en marcha la tercera opción.

    3. Capital riesgo estatal. Ha surgido en el seno de las Comunidades Autónomas, y en paralelo a la creación de redes autonómicas de business angels. Generalmente los partícipes eran las cajas de ahorro de la Comunidad y la propia Comunidad a través de sus Consejerías de Economía. Dada la situación presupuestaria que atraviesan tales partícipes es fácil deducir el nivel de actividad que representan en la actualidad.

    Con todo, el mayor problema que se ha visto con los fondos de capital riesgo autonómicos ha sido su propio comportamiento como fondos de capital riesgo. Quizá por impericia de sus gestores, por confusión en su propósito o por otras razones menos disculpables, no ha sido infrecuente ver que estos fondos en lugar de apostar por los emprendedores han invertido en negocios extraños al sector (como casas rurales) o en empresas de la región a las que parece que se ha ayudado cuando el acceso al crédito se les ha complicado.

    En definitiva, pareciera que los fondos autonómicos tenían como misión salvaguardar el empleo regional, lo cual es un fin loable pero no el que se espera de un inversor de capital riesgo de apoyo al emprendedor.

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