Una historia sin música que a lo mejor te suena por @JoseRuizPardo

    Éxito Emprendedor, Emprendedores, motivación, StartupsCelebres Halloween o no, es típico oír en estos días historias de miedo. En plena celebración de Todos los Santos o de la fiesta anglosajona (a gusto de cada cual), permitidme que mi post de esta semana lo escriba a modo de historia, o más que de historia, de cuento. Allá voy.

    Érase una vez, hace no mucho tiempo, un hombre que estaba cansado y hastiado de su vida diaria.

    Todos las mañanas, a las siete en punto, sus dulces sueños eran interrumpidos por el desagradable repiqueteo de la campana de un reloj made in China, pero suizo en puntualidad. Y todas las mañanas, tras atestarle un fuerte golpe con la palma de su mano, pensaba… Si yo fuese mi propio jefe, ¡anda que iba a levantarme ahora!, ¡con lo buena que está la cama!.

    Tras los quehaceres propios de la mañana y con un rápido café tomado de pie en la cocina, nuestro amigo recorre los mismos kilómetros hasta la oficina. Pasa todas las mañanas por el mismo atasco, y al reducir velocidad por primera vez piensa… Si yo fuese el dueño, ¡anda que iba yo a comerme la congestión!, trabajaría en casa.

    Todos, todos, los días, al llegar a la oficina, le esperaba una nueva ocurrencia de su jefe. Una por la que tenía que rehacer el trabajo de varios días, y pensaba… ¡Anda que si yo fuese el jefe iba a rehacer todo tu prima!.

    Todos, todos los días comía a velocidad de ave meleágrida galliforme para poder regresar rápidamente a la oficina. Lugar donde conforme avanzaba la jornada, aumentaba el nivel de cafeína en su cuerpo, a la par disminuían sus ganas de seguir trabajando y pensaba… ¡si yo fuese mi propio jefe, anda que iba a echar más horas que un reloj!.

    ¡Qué bien no tener jefe!¡Qué ideal marcar tu propio ritmo!. Si pudiese poner mi horario, si trabajase en casa, …. Ilusiones e ideas, que todos los días rondaban por su cabeza.

    Hasta que llegó el día en que dijo: ¡Basta!. Si yo soy el mejor de la oficina haciendo mi trabajo. Nadie es más efectivo que yo (y menos el jefe). Se acabó. Total, si los clientes a quien conocen es a mi. Si les digo que voy a poder hacerles las cosas a mi modo, o sea al bueno, porque ya no dependo del jefe, seguro que se vienen conmigo.

    Hizo números, adecuó una habitación en casa como despacho, contrató un plan de precios de autónomo con su empresa de telefonía (para poder hablar con todos y cada uno de los clientes de su antigua empresa) y cuando llegó a la oficina dijo: Adiós.

    Se sintió liberado. Se había quitado un peso de encima, se acabó el despertador, se acabó el atasco, se acabó el jefe, comenzaba una nueva vida. Una sin presiones, sin jefe, sin atasco… ¡Y sin despertador!.

    Al cabo de unos meses de aventura, efectivamente el despertador había desaparecido por completo de su vida. Pero no porque se levantase cuando quisiese, sino porque iban llegando el recibo del teléfono, el de autónomo, y otros muchos y los cobros no iban al mismo ritmo. Y claro, eso hacía que a las siete estuviese más que despierto dándole vueltas a todo.

    Él pensaba que, como era el mejor, los clientes de su antigua empresa se iban a ir con él. Pero éstos, movidos por eso de que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, se quedaron con su ex-jefe. Algunos se fueron con él, los que más lata daban. Esos a los que nunca les parecía que el trabajo estaba bien hecho y, como no se terminaba nunca, nunca se cobraba, claro (pero los pagos venían igual).

    El atasco también desapareció, sí. Ese atasco, porque ahora en lugar de uno al día, se tragaba veinte. Pues tenía que ir de un cliente a otro constantemente, daba igual el motivo. Un día para cobrar, otro para buscar nuevos clientes, otro para… Para mil cosas diferentes.

    Así que lo que parecía un nuevo mundo fantástico, una liberación, se convirtió en otra losa, aún más pesada que la que tenía. Ahora pensaba ¡Pues va a ser que esto no era tan bonito como pintaba!.

    MORALEJA: Y es que emprender puede ser una buenísima experiencia de autorealización profesional o una losa, como para el protagonista de nuestra historia. Que sea una u otra, dependerá de dos cosas.

    La primera: No seguir ofreciendo al mercado lo mismo. Ofrece algo nuevo, pero que responda a una demanda real de tus potenciales clientes. Ésta debe ser su motivación. Para ofrecer lo mismo y de la misma forma, mejor te quedas donde estás. No eres tú quien tiene que decir si lo haces bien, sino tus clientes.

    La segunda: Hay que ser muy constante y estar dispuesto a asumir que no siempre las cosas son como uno se imagina. Y sobre todo, que solo hay un camino para llegar a hacer algo grande. Trabajar más de veinticuatro horas al día haciendo muchas cosas pequeñas.

    Ah… Se me olvidaba: y colorín colorado….

    No hay comentarios