2. Características que debe reunir la persona emprendedora y motivos para crear una empresa

La realidad nos muestra que una persona crea una empresa por vocación o por necesidad. En ambos casos, el éxito y el fracaso no dependen tanto del motivo de la puesta en marcha del negocio, sino más bien de la forma de crearlo y de gestionarlo.

En cualquier caso resulta evidente que el futuro creador de empresa ha de ser capaz de descubrir oportunidades, apreciarlas en su justo valor y, fundamentalmente, actuar para aprovecharlas. Para ello debe ser consciente de que, como en otros ámbitos de la vida de una persona, el empresario debe tener o ejercitar una serie de potencialidades y cualidades, tanto de carácter psicológico como de carácter intelectual.

Así, por ejemplo, ha de dotarse, desde un punto de vista psicológico, de grandes dosis de confianza en sí mismo, capacidad para analizar los propios temores, valor suficiente para asumir riesgos, serenidad para afrontar los momentos difíciles (que, créanme, siempre llegarán), ambición para conseguir los objetivos e ilusión por el proyecto.

Junto a estas facultades emocionales, ha de desarrollar las necesarias intelectivas que permitan plasmar en la realidad las actividades de la forma más eficiente. Entre otras: capacidad de organización de todos los recursos, tanto propios como ajenos (no me refiero a los recursos económicos), capacidad de coordinar diferentes medios, tanto humanos como económicos y materiales, y, por supuesto, capacidad de dirigir equipos de personas, para la toma de decisiones, de análisis de la realidad que nos rodea, de innovación y renovación constante, así como de ofrecer a nuestra empresa y a los clientes un valor añadido que mejore la competitividad.

Después de esta visión general de los diferentes elementos que debe reunir una persona que quiera emprender un proyecto empresarial, tenemos que efectuar un análisis de la razón que hace que queramos crear un proyecto empresarial. Ya antes vimos los dos motivos generales (vocación y necesidad), pero dentro de los mismos podemos precisar más, a los efectos de llevar a cabo un autodiagnóstico propio y realista de por qué quiero crear una empresa y que nos permitirá ser realistas y no llevarnos a engaños que podemos pagar muy caro en el medio plazo.

Algunas de las razones más frecuentes por las cuales las personas quieren tener una empresa propia son las siguientes:

  • Obtener el propio puesto de trabajo. En ocasiones, la dificultad de encontrar un trabajo por cuenta ajena en la especialidad que hemos estudiado o que nos gusta determina que queramos desarrollar un proyecto de autoempleo.
  • Obtener un lucro o un beneficio. La razón o creencia de que ganaremos más dinero con un proyecto empresarial es un motivo que debemos desmitificar en numerosas ocasiones.
  • Patentar y rentabilizar una innovación tecnológica o un producto o servicio novedoso. Motivo este que no nos debe llevar al desánimo en el caso de que no tengamos la idea genial. Una buena idea no tiene que consistir en una invención novedosa a nivel mundial.
    La idea en que va a consistir nuestro negocio puede ser el aprovechamiento de huecos de mercado para la prestación o comercialización de un producto o servicio no novedoso.
  • Es un modo de vida que puede atraer, por la autonomía que genera, la no existencia de horarios. Pero, cuidado, no nos llevemos a engaños, ser empresario significa trabajar por cuenta propia, y, créanme, trabajar se debe trabajar, y mucho, para sacar el negocio adelante. Incluso resulta un elemento importante del éxito del proyecto marcarse a uno mismo horarios de trabajo de forma rigurosa. Es un elemento clave de la organización del proyecto y de la gestión de la empresa.

Precisiones

Seamos realistas. Cualquiera que sea el motivo que nos empuja a crear una empresa, nos encontraremos con una serie de obligaciones y responsabilidades, como son invertir medios económicos, dedicar muchas horas al día, utilizar y organizar recursos humanos, como emplear a nuevas personas, coordinar a la vez todos esos recursos, de manera que se destinen a cumplir los objetivos previamente establecidos, y, por supuesto, el temor latente de no conseguir el éxito en la consecución de nuestro objetivo.

<< 1. Introducción | 3. La elección del proyecto: idea de negocio >>