Adrenalina

AdrenalinaHace un par de días leí un artículo sobre Alex Honnold en el periódico El País que me dio que pensar. En algunos sitios a él lo tildan de suicida y en otros de temerario. Lo curioso del caso es que a él le da igual. Precisamente estamos hablando de un alpinista, genio en su faceta de escalador, que sube a los picos más impresionantes, sin nada más que su ropa, calzado, algo de comida y agua, y el magnesio que usa para cuando le sudan las manos. Ni arneses, ni cuerdas, ni nada que pudiera añadirle un peso extra que, según él, sería más un inconveniente que una ventaja. Incluso sus mismos compañeros, partidarios de arneses y cuerdas, piensan que es un egoísta que no piensa sobre el impacto que sus acciones pueden tener no sólo sobre él, sino también sobre gente que lo conocen y lo estiman. Una persona que, a pesar de todo, ama lo que hace… sin saber responder, él mismo, porqué. De hecho, lo único que argumenta con claridad es que le “dan más miedo las mujeres que cualquier montaña que se le ponga delante” (sin ánimo de ofender).

En emprendimiento muy difícilmente podemos llegar a ser tan temerarios, pero de algún modo en algún momento tenemos que lanzarnos a la montaña con magnesio y sin arnés, simplemente, porque te lo pide tu cuerpo, la intuición, o como quiera que se llame. Luego te preguntan por qué lo haces, y te sorprendes a ti mismo argumentando que es, simplemente, porque te gusta, porque lo amas, porque “quieres”. Es la adrenalina del emprendedor. Es la necesidad de escapar de ese estado de calma, de apaciguamiento, de bienestar que nos da nuestra zona de confort para escalar hacia lo desconocido y ponernos a prueba. Sin saber lo que dice la ciencia, pongo la mano en el fuego que en ambos casos la adrenalina juega un importante papel. La motivación de ir ganando batalla a batalla, día tras día, que permita hacer que tu empresa esté en continuo crecimiento y veas cómo va evolucionando desde el inicio más miserable. Las posibilidades de disfrutar de lo desconocido, enfrentándote a ello sólo con tu magnesio y tus principios. Porque emprender es, se mire como se mire, una fuente de adrenalina, tanto como la que siente nuestro amigo Honnold al escalar sin protección alguna. No busquemos por qué nos gusta. Simplemente, nos gusta.

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