Adaptadas, digitales y formadas: así es el ADN de las pymes de esta crisis

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Las circunstancias cambian al sujeto. La especie que sobrevive es la que se adapta. Y las empresas, como las personas, mutan para sobrevivir o desaparecen. Parecía un simple eslogan, pero ahora es el pan de cada día empresarial. Y como pilar fundamental del tejido económico, las pymes tienen que cambiar su ADN. Moverse rápido, no planificar tanto, reconvertir y digitalizar procesos o reforzar las competencias del equipo. Ese debe ser el material genético, según se ha planteado en ADN Pymes Madrid, de La Neurona.

Para llegar a todo ello, evidentemente, lo primero es siempre el dinero. La financiación “buena, bonita y barata” es posible, ha señalado Antonio Ramis. Pero ahora mismo “el tiempo manda”, por lo que hay que decidir rápido a quién acudir. El responsable financiero del Grupo Juaneda ha señalado la necesidad de combatir la volatilidad actual con planes “multi-escenario” y que demuestren cómo se comportará la empresa ante los cambios.

Dejar márgenes del 10% en los objetivos de caja (“paracaídas”) o indicar al intermediario financiero qué necesitamos que ocurra para volver a la actividad, son algunas pautas. Al banco interesa decirle sobre todo cuánto podemos vivir sin su ayuda y cuánto ganamos con ella, ha explicado. Y también cuándo le podremos devolver el dinero, en lo que aconseja “no pillarnos los dedos”. Asegurar a los compañeros previos de la crisis y explorar las Líneas ICO o los fondos SEPI con sus particularidades es clave para tener opciones.

Gestión tecnológica

Las pymes representan tres cuartas partes de la fuerza laboral del país, y la mayoría “ven valor” en la tecnología, tanto para ellas mismas como para superar crisis como esta. Sin embargo, “la encuentran complicada de usar” en su procesos, ha comentado Ignacio Castroverde. El responsable de aceleración de ventas y nuevas rutas de mercado en Cisco ha esbozado el esquema de la digitalización y sus ventajas en el tejido empresarial.

La Nube, la movilidad, la gestión de servicios, la colaboración y la seguridad serían la infraestructura que sustenta la digitalización. Son las áreas de cambio de negocio y para “tratar a los empleados”. El teletrabajo (al menos un 30%), la ciberseguridad, la monitorización el puesto laboral, el acercamiento al cliente o el funcionamiento permanente de las plataformas serían los casos de uso reales y ventajas de la transformación digital.

“Ninguna empresa” va a mantenerse sin ella, ha aclarado rotundo Lorenzo Escobar, director financiero del Grupo Lledó. La digitalización es sólo el primer paso de la transformación digital. Se trata de repasar conceptos y entender esta mutación como un proceso continuo que englobe todas las áreas de la organización. ¿Las ventajas? Múltiples: optimización, ahorro de costes, mejora de competitividad y experiencia del cliente… y por último, pero no menos importante, desarrollar con el tiempo una cultura de innovación.

Que, como ha descrito Yolanda Blázquez, no es otra cosa que “adaptarse a las circunstancias”. La especialista en innovación empresarial y profesora de la Universidad Rey Juan Carlos ha planteado tres palancas que se han activado definitivamente con el COVID. Habrá una convergencia de canales, entre disciplinas y capacidades, y entre generaciones. Las tecnologías combinadas darán soluciones más duraderas, pero también plantearán retos para hacerlas más seguras, respetuosas, comprensibles y regulables.

Y por encima de todas ellas, la conectividad de las empresas permitirá generar y gestionar sus activos (esto es, la información) de manera mucho más líquida. Eso sí, también nos empuja a una “brecha digital” a todos los niveles sociales. Y “si alguno falla no sirve de nada que seamos digitales”, ha recalcado.

Emociones: cliente y empleado

Así pues, la pyme que sobrevive es la que apuesta por la innovación: está vigilante, no planifica constantemente sino que se adapta, mejora las capacidades de sus empleados y se diferencia del resto para ser más competitiva. En esa diferenciación la palabra clave es “cliente“, y sobre él se han centrado varios de los ponentes. El confinamiento ha hecho que el cliente vea “lo cómodo de recibir sus compras en el domicilio”, ha indicado Juan Carlos Patón. El director de marketing en CTT Express ha instado a las pymes a contar con un buen partner de transporte para no echar a perder el trabajo previo con el usuario.

Por otra parte, el contexto de ventas es un océano de ofertas al alcance del pulgar, por lo que lo interesante será evitar que el cliente se vaya con otra marca. Y esto “es como ligar” ha dicho Fernando Martín, director marketing y comunicación en AERTEC Solutions. La “emoción” debe centrar toda la experiencia del usuario, con el que interesa intercambiar toda la información posible de manera natural, para que se sienta especial. La personalización y el empaquetado serán la guinda para cerrar y mantener esa fidelidad.

Hay que hacer venta online, “si es que no lo estamos haciendo ya”, ha dicho Escobar. A lo que Matías Durán ha añadido la razón: Siete de cada diez compramos a través de Internet; 22,5 millones de españoles entre 16 y 75 años. “El 90% de las compras se inician en la red”, ha ilustrado. Pero hay que tener cuidado de actualizar la información de la web y aprovechar las posibilidades de promoción que ofrece Internet (Google adwords, publicidad en redes sociales…), ha desgranado el responsable de ventas en BeeDIGITAL.

Respecto a los empleados, dos claves: formación y gestión emocional. La última tiene que ver con aquellos líderes que sepan gestionar sus equipos. Porque ¿cómo están los equipos? Pues según una encuesta a 600 responsables, la palabra que más se oye es “incertidumbre”, ha trasladado Eugenio de Andrés, socio director de Tatum. Para minimizar su impacto es necesario ser un líder creíble, que mide el corto plazo, valora los esfuerzos y que se comunica y empatiza con los miembros del grupo.

Por último, pero igual de importante, la formación para el empleado debe verse como lo que es: “una inversión, no un coste”, ha valorado Ana Belén Ubero de FUNDAE. Gracias a la formación programada en las empresas, los permisos individuales de los trabajadores y la oferta formativa para los diferentes perfiles (desempleados, asalariados, autónomos…) se apuesta por la única herramienta que tienen los profesionales para estar “actualizados”. Supone descuentos para las empresas y sirve para generar “cultura frente al cambio”.