Twitter para #Emprendedores – 2º parte – por @Manzanerame

    Antonio Manzanera - Blogger en TodoStartupsHace unos meses comenté en un post mis primeras impresiones de Twitter, y su uso para los emprendedores. Podéis encontrarlo en este enlace.

    Ha pasado el tiempo y he seguido profundizando en esto de las redes sociales. Con motivo de la publicación de mi novela “El informe Müller” abrimos una página Facebook del libro y una cuenta de Twitter y desde ellas hemos tratado de llegar a la mayor cantidad posible de gente. Mi Twitter y Facebook personales los uso con fines más privados, así que en esta entrada únicamente comentaré mis impresiones sobre las cuentas de “El informe Müller”.

    Como siempre, la pregunta es: ¿las redes sociales sirven como vehículo comercial a los emprendedores? ¿Son verdaderamente útiles como herramienta comercial o están sobrevaloradas?

    Debo empezar admitiendo que mi opinión ha mejorado respecto a mi primer post, aunque no por haber dado con la varita mágica de las redes, sino por haber ajustado mis expectativas a lo que puede esperarse de ellas.

    Empezaré comparando Twitter y Facebook. Personalmente prefiero el primero. Facebook parece más bien la plaza del pueblo donde la gente se pasa mayormente a cotillear (aunque sí que hay multitud de usuarios que se lo toman muy en serio). En cambio Twitter tiene un par de características sensacionales.

    La primera es que al basarse en el texto corto te permite interpelar, reclamar una respuesta, mover a la acción. Alguien dirá que con Facebook también lo puedes hacer, pero el problema de Facebook es el perverso botón “me gusta”.  El “me gusta” es algo tan endeble como una palmadita en la espalda que no te lleva a ningún lado y que ahí queda, como un mero clic que no contiene nada detrás. En cierto sentido la base de Facebook es ese botón que, a mi juicio, anula buena parte del potencial que tiene la herramienta.

    Otro aspecto que me encanta de Twitter es que la segmentación de potenciales clientes te la da hecha (me estoy refiriendo siempre a usos empresariales). Dedicándole las horas necesarias a revisar las cuentas a la que sigue cualquier persona tienes una idea bastante aproximada de sus gustos e intereses. De esas cuentas sacas otras, y después otras con más usuarios. Con las horas precisas puedes obtener un montón de gente verdaderamente interesada en tu producto, sencillamente porque ellos mismos te están diciendo qué les interesa.

    Ahora bien, ¿eso se traduce en ventas? Con frecuencia los emprendedores se quejan de la escasísima conversión en ventas que tienen esas decenas de miles de “me gustas” en Facebook o de seguidores de Twitter. Pero no nos engañemos. Pongamos las cosas en su justa medida. Hacer clic en “me gusta” de Facebook o “seguir” de Twitter es muy fácil, muy rápido y, sobre todo, muy barato. Todos hemos tenido en nuestros proyectos montones de “me gustas” y a final de mes con las cifras de ventas en la mano te quedas preguntándote: ¿dónde están esos tropecientos mil seguidores que estaban locos por mi producto?

    Pero estamos siendo injustos y, sobre todo, estamos equivocando el tiro. Las redes sociales nunca nos conseguirán ventas. Lo que nos consiguen es otra cosa: visibilidad.

    Alguno pensará: “pues vaya”.

    Y no. Precisamente la visibilidad es algo maravilloso. Algo que hace unos pocos años sólo estaba al alcance de las escasas empresas que podían costearse la publicidad tradicional en los medios de comunicación. Internet y las redes sociales han democratizado el sistema. Cualquiera puede dirigirse a su público potencial y presentarle su producto o su servicio. Y el primer paso para que compren tu producto es que sepan que existes.

    Desde ese punto, y aunque la inversión en tiempo no es nada despreciable, las redes, bien utilizadas son muy potentes. Y ya si consigues hacer un vídeo chorra que se difunda como un reguero de pólvora por la web, ni te cuento.