“Falta cultura emprendedora” científica en la universidad y en los investigadores españoles

Sénen Barro, Tatiana López, Emilio Corchado y Yolanda Falcón, este viernes en Madrid. | FOTOS: Alberto Orellana

Pese a las mejoras en los últimos años “hay una falta de cultura de la innovación y el emprendimiento” en los principales sectores de la sociedad española. Financiero, económico, social y…. el de la investigación científica. Falta combatir una burocracia endogámica universitaria y potenciar la formación de los investigadores para terminar de demostrar que el emprendimiento científico es “uno más”. Con estos y otros temas ha cerrado este viernes su segunda y última jornada el V Congreso Nacional de Científicos Emprendedores celebrado en Madrid.

Lo primero es tratar de discernir de qué hablamos cuando nos referimos al emprendimiento, startups, spinoffs e innovación. Las empresas pueden ser de base tecnológica y, partir de ahí, dividirse en spinoffs (de investigaciones académicas), startups (empresas de menos de cinco años) y empresas consolidadas. Pera mejorar la cultura  emprendedora científica (y en general) hay que tener claros dos aspectos esenciales: el papel de la universidad y el del empresario vinculado a la innovación.

Y para Juan Ignacio Palacio “no están claros”. “Hay confusión”, ha diagnosticado el catedrático de economía aplicada de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM). Porque se cree que, como el peso de la ciencia es cada vez mayor, es ahí donde está todo el conocimiento, y “no es cierto”, ha señalado. Por tanto, la función de la universidad “no es crear profesionales” aunque salgan muchos de ella. Pero son “profesionales muy de nicho que no se abren al resto del ecosistema”, ha aportado Carme Plasencia.

La cofundadora de Aromics ha abogado por una cultura de “expansión” para “vencer a la burocracia” universitaria. Aunque ha admitido que no es fácil, sí que existen múltiples herramientas para abrir la universidad y crear “cadenas de valor”. Por su parte, el catedrático y filósofo de la Universidad del País Vasco (UPV), Javier Echeverría ha apostado por cuatro filtros de innovación con los que debe mirarse a la universidad. Producto, proceso, organización y marketing. Así, a través de “pequeñas acciones” en la gestión universitaria irán “rompiendo” las barreras burocráticas a la innovación.

Entender correctamente la innovación científica implica saber que “la ciencia va mucho más allá del descubrimiento”. En palabras de Javier García, director de Nanomol (Molecular Nanotechnology Lab), se trata de “un problema”, una investigación sobre el mismo y la posibilidad de que la gente “se pueda beneficiar de ello”. Aunque haya diferentes ecosistemas, parece que el estadounidense ha identificado a la perfección esta dinámica. Por ello se debe potenciar la universidad a innovar, crear un ecosistema y facilitar que las investigaciones científicas lleguen al mercado.

¿Y cómo se mejora la educación del emprendedor investigador? Porque hace falta… “Los científicos cometen el error de emprender solos”, ha comentado García. “O sólo con otros científicos”. Tatiana López (CEO de Nanogap) reconoce que, aunque el emprendedor se hace, también hay muchos científicos que “nacen” con una mejor comprensión innata del mundo empresarial. Con ella ha coincidido Yolanda Falcón, de Univest Capital Riesgo. Sin embargo, sí que ha dejado claro, que “querer ser todo es un error”.

“Una empresa es una visión”, ha dictaminado el de Nanomol. “El científico puede ser un buen CEO, pero deberá buscar su papel para que la empresa crezca rápido”, ha explicado. El investigador que desee emprender tendrá que analizar su rol dentro de su proyecto y “completar el equipo con un perfil de negocio”, ha subrayado Falcón. Algo que se hace especialmente importante a medida que el proyecto se expande. “No hay fórmulas”, asegura López, sólo hay que “identificar dónde la persona aporta valor” para enriquecer al equipo y con ello a la empresa. Eso sí, “cuidado con la gente que traes al equipo”.

En definitiva, el investigador y el emprendedor no son incompatibles en un proyecto empresarial científico. Pero en función de su fase y crecimiento, se requerirán unos “conocimientos más específicos”, ha expresado Emilio Corchado, CEO de Startup OLÉ. El talento que lidera startups en fases tempranas no es el mismo que en etapas de expansión. Y es un talento que “escasea” en España, ha señalado el catedrático Sénen Barro. Para fomentar el emprendimiento científico “lo más importante es tener esa cultura” y disponer de casos de éxito cercanos, ha dicho Corchado. Bueno, y ser arriesgado, o lo que es lo mismo, “que te vaya la marcha”, ha admitido.