Javier Sanz: El potencial de las startups para cambiar el mundo

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Trabajar en una startup no es como trabajar en una empresa tradicional. El planteamiento de negocio es diferente, las relaciones con los empleados también. La implicación que se exige al equipo es grande, pero a cambio la startup adquiere un compromiso importante con las personas que lo forman. Y además, normalmente este tipo de jóvenes empresas innovadoras suelen ser más comprometidas también con la sociedad y el medio ambiente, en una búsqueda de otra forma de hacer las cosas, más acorde con estos tiempos y con los retos globales a los que nos enfrentamos como humanidad.

Las políticas de recursos humanos de las startups incluyen muchos beneficios sociales en forma de flexibilidad (de horarios, de trabajo en remoto), formación (en idiomas, especialización, etc.) y otras ayudas (bonos para pagar servicios como guardería o transporte a través del salario bruto, etc.). En las oficinas se preocupan por crear un buen ambiente de trabajo, poniendo a su disposición espacios comunes en los que compartir un café, un almuerzo, una partida de futbolín o una charla improvisada mientras se descansa en un confortable asiento. Todo para generar un buen clima laboral, que además sea inspirador y les haga sentir parte del equipo.

Las cocinas de muchas startups suelen ofrecer de forma gratuita café e infusiones (y galletitas para acompañar) y fruta fresca, algunas dedican un día de la semana (de forma muy recurrente los viernes) para reunir a todo el equipo y compartir un almuerzo, o un picoteo, o unas cervezas que corren a cargo de la empresa. Sin duda, todo esto contribuye a crear comunidad y a que el trabajo sea más gratificante. Y un empleado motivado siempre tendrá mejores ideas y dará lo mejor de sí mismo.

Por otro lado, estas empresas suelen ser solidarias y ambientalmente conscientes, por lo que, además de tener en cuenta aspectos de impacto positivo dentro de la oficina, como utilizar iluminación LED o instalar recipientes para la recogida selectiva de residuos, con frecuencia organizan o participan en iniciativas de carácter social y acciones de voluntariado en las que involucran a sus empleados: campañas de donación de ropa o alimentos, plantación de árboles, batidas para recoger basura en espacios naturales…

Incluso, ellas mismas, muchas veces, han construido su propio modelo de negocio a partir de una idea que pretende contribuir al desarrollo sostenible y mejorar el mundo. Existen varias startups y empresas sociales que están impulsando la regeneración de las economías locales, revitalizando las áreas rurales, acompañando a colectivos sociales vulnerables, apostando por una alimentación más sostenible, implantando modelos de circularidad para el mejor aprovechamiento de los recursos… Y otras muchas que, a partir de la tecnología y la I+D, están buscando nuevas formas de reducir el consumo energético y el impacto ambiental, implantando sistemas de movilidad y transporte no contaminantes, desarrollando nuevos materiales biodegradables, aportando nuevos sistemas de comunicación para la sociedad,…

Hay mucho que hacer, y necesitamos todo el talento, que es mucho, de los emprendedores para que entre todos seamos capaces de avanzar hacia ese escenario que Naciones Unidas ha perfilado con la Agenda 2030. A veces, a partir de una idea de lo más sencilla es posible conseguir grandes cosas, basta con cambiar la perspectiva.

El impacto de las pequeñas cosas

Por ejemplo, podemos intentar generar impacto positivo con las cosas que hacemos en nuestro día a día: si compro la fruta y la verdura a pequeños productores (hay startups que lo facilitan, para que nos llegue a casa directo desde la huerta a cualquier lugar de España), estoy contribuyendo a impulsar las economías locales. Si voy a trabajar en una bicicleta o un patinete eléctrico de esos que otras startups han puesto en las calles de nuestras ciudades para compartirlos, estoy evitando la emisión de CO2.

¿Y si cada vez que me tomara una taza de café estuviera ayudando a mejorar la calidad de vida de otras personas? ¿Sería posible? El café es una de las bebidas de mayor consumo y uno de los productos más comercializados del mundo, los españoles tomamos unos 18.000 millones de tazas de café cada año… Imaginemos el impacto que podría tener si el beneficio obtenido por la venta de todos esos cafés se destinara a fines sociales o ambientales.

Eso es lo que hemos decidido intentar en Filantrópico con nuestra nueva marca de café con valores; es el camino que, como empresa social, hemos elegido para contribuir al desarrollo sostenible. Vendemos café en cápsulas compostables, molido y en grano, en envases biodegradabes, y dedicamos el 100% de los beneficios a financiar proyectos de ONG y entidades no lucrativas que se esfuerzan por construir un mundo mejor. Solo con llegar al 1% de los consumidores habituales de café podremos conseguir más de 10 millones de euros anuales para financiar proyectos sociales y evitar los residuos no degradables de 80 millones de cápsulas de aluminio y plástico y de 800.000 envases no reciclables.

Imaginemos que todo el café que las startups ponen a disposición de sus empleados fuera este café con valores: entonces, estas empresas tendrían una vía complementaria para aportar impacto positivo al planeta. Y podrían decidir, además, a qué proyecto concreto dirigir los beneficios generados por la compra de ese café, convirtiéndolo así en parte de sus acciones de responsabilidad social y pudiendo visualizar de forma tangible el resultado de su apuesta por un bien de consumo que “deja poso” en el mundo.

El universo startup tiene un potencial increíble. Sus ideas, su talento, sus ganas de transformar la realidad y su compromiso con la sociedad son ingredientes de primera calidad que, con el cocinado adecuado, necesariamente darán lugar a un futuro mejor para todos.

Tribuna firmada por Javier Sanz, fundador y CEO de Filantrópico