Entrevista. Víctor Zamora, director del Colegio AYS. La escuela en la Era Digital

Víctor Zamora, director del colegio AYS, durante la entrevista.
Foto: Ana María Soto.

Durante estos días se está produciendo la ‘vuelta al cole’ de nuestros pequeños. Por ello, nos trasladamos a un centro educativo, el Colegio AYS de Murcia para que su director, educador de dilatada trayectoria, nos cuente cómo se está desarrollando la transformación digital en el seno de la escuela al igual de cómo están respondiendo ante la llamada ‘escuela digital’ los agentes implicados: la Administración, profesores, padres y alumnos, entre otros. Además, revisamos el estado de la Educación en España, lo que afecta sin duda a la forma de entender el emprendimiento y el mundo de la empresa en un futuro.

La educación parece haber cambiado mucho… ¿Cuántos años llevas dedicado a la docencia?

Llevo en la docencia desde 1998, casi veinte años ya. En concreto, en este colegio llevo once años como director y un total de casi quince años. La escuela ha cambiado, claro que ha cambiado.

Echando la vista atrás, ¿cómo ha cambiado?

Grosso modo y en unas líneas muy generales, digamos que antes todo estaba muy dirigido a la consecución de conocimientos. Había que almacenar conocimientos en la cabeza, por decirlo de alguna manera. Ahora, ya no tanto. Si bien es cierto que hay corrientes educativas que se van al otro extremo afirmando que no vale para nada retener un conocimiento, es decir, que lo que hay que enseñar al alumno es a buscar un conocimiento sin apenas retención, nosotros pensamos que ‘ni tanto ni tan calvo’… Se trata de un término medio: en necesario enseñar al alumno una serie de conocimientos, tienen que tener una base de conocimientos generales. Pero, por supuesto, no podemos negar que hay que enseñarle los caminos para llegar a otros muchísimos conocimientos que no tienen por qué retener.

Hay, claramente, una serie de aspectos entorno al conocimiento que no tienen por qué almacenar ya que, entre otras cosas, les lleva mucho tiempo. Está, por tanto, la fuente, y que es internet. Es una red mundial y sería absurdo ignorar lo que nos aporta en el ámbito educativo. Es muchísimo. Tenemos, a mi entender, que llegar a ese término medio: hay que enseñar a los niños conocimientos, muchos, pues no podemos abandonar como afirma la corriente que antes mencionaba al 100% la retención de esos conocimientos. Pero es importantísimo enseñarle a los alumnos los medios para que lleguen a muchos otros que no van a almacenar.

¿Internet llegó a la escuela de repente, es decir, impositivamente, o se ha ido metiendo en las aulas poco a poco?

No, no. Se ha ido ‘colando’ muy poco a poco; yo creo que demasiado poco a poco… Creo que existe un miedo a lo desconocido. La seguridad que tienen muchos docentes a la pizarra y la tiza hace que les cueste aventurarse y lanzarse a un mundo desconocido como es internet, en el que lo que hoy es moderno mañana es antiguo. Hay docentes que tienen que hacer un esfuerzo muy grande para medianamente montarse en este barco de la transformación digital y, cuando algunos están montándose, otros ya zarparon… Todo va muy rápido. Como decía, está instalándose poco a poco. Hay centros que apuestan  por aventurarse y empezar al máximo y otros que no quieren ni oír hablar de nuevas tecnologías. Se escudan en que obtienen buenos resultados académicos, en que funcionan bien con el libro, la libreta, el bolígrafo, la pizarra y la tiza y, ¿para qué cambiar, no? Y no es del todo incierto lo que afirman. Pero hay una influencia social gigante hacia internet y el mundo digital fuera de las aulas. No podemos hacer a los niños analfabetos de ese mundo, es decir, analfabetos digitales. Y, ojo, es algo ya difícil pues ellos solos y socialmente participan de esa vida digital quieran o no. Aunque nos empeñásemos en que no participen, ya participan. Pero, sin duda y en mi opinión, es un error no aprovechar esa facilidad que tienen los niños de hoy en día para moverse en lo digital para complementar y ayudar a su educación, logrando que alcancen los objetivos que nosotros queremos que cumplan.

¿Crees que las nuevas tecnologías se van a conformar en complementar la educación de nuestros hijos o, por el contrario, va a revolucionar el mundo de la educación?

Yo creo que es una herramienta más. Por ejemplo, en nuestro centro los alumnos trabajan con un Chromebook a partir de 5º de Primaria. Es un dispositivo portátil para trabajar. Es de Google, lo que nos aporta bastante seguridad pues al ser un gigante de la tecnología sabemos que todas las novedades que aparezcan en educación, Google se va a ‘enganchar’, por lo que tenemos con él un buen apoyo. Es una herramienta. Tal y como estaba diciendo, entendemos que no va a sustituir a ningún conocimiento. Sí puede sustituir al libro físico ya que, por ejemplo, el alumno, en vez de tener un libro físico de papel con un tope y sujeto a ciertos límites, como son un conjunto de gráficos concretos y letras, no habiendo nada más. La sustitución por un Chromebook, con una serie de licencias y acceso a libros digitales sí son infinitos. Aquí ya no estamos sujetos a esos márgenes de los que hablábamos. Pongamos un ejemplo: el alumno que empieza el tema 1, “El Universo”. Con un libro en papel se encuentra una foto de éste; con el Chromebook, sin embargo, tiene la posibilidad de ver un vídeo. Es muchísimo más enriquecedor el vídeo que quedarse en el grafismo de una sola fotografía. ¿Es sustituir un libro físico por un Chromebook? Vale, sí. Pero es una herramienta más. La enseñanza digital nos va a ayudar a que los alumnos, de una manera más contemporánea (son nativos digitales) se encuentren más cómodos, más motivados, y, al final, estamos buscando lo mismo que antaño: el saber algo, el conocer algo, el descubrirlo… Pero con una herramienta distinta. E, indudablemente, este tipo de dispositivos les va a ayudar a ello. Pero, insisto, sin desaparecer la escuela del conocimiento; los alumnos tienen que tener una base. La escuela está cambiando; eso sí, hay centros que son más reacios al cambio y otros que nos hemos lanzado antes. Pero al final tiene que cambiar, por supuesto que sí.

Un Chromebook en posición de tableta.
Foto: Ana María Soto

En el final hay un sistema educativo central del que dependemos todos los centros del país. Esto lo hace todo más complicado porque, efectivamente, la educación está muy globalizada y tiene que abarcar al 100% de los alumnos que se encuentran en edad escolar. Ni todas las circunstancias  son iguales ni todos los alumnos tienen el mismo acceso a la parte digital. Pero sí que es cierto que las leyes educativas de hoy claramente -y es algo que todo el mundo grita- tienen que cambiarse. Estamos viendo que cambian pero muy despacio y cuando por fin cambian. Todos llevan tiempo hablando de una reforma educativa, todo el mundo habla de un pacto por la educación, pero al final no llega dicho pacto, dicho cambio… ¿Por qué? Eso se lo tenemos que preguntar a otros.

Luego, al final, la pequeña escuela va por delante de las leyes educativas…

Efectivamente. Porque sí que es verdad que, como decía, no todos los colegios son iguales ni todos los alumnos llegan al mismo sitio porque, al final, existen una serie de competencias tanto en los colegios como en las consejerías y comunidades autónomas por lo que podemos decir que se empieza por la parte más pequeña que es el centro y el final de esa cadena es el Ministerio de Educación. Nos encontramos, por tanto, con que los grandes cambios se inician por abajo, no por arriba. En nuestro caso, la Consejería de Educación, Juventud y Deportes de la Región de Murcia sí ha iniciado un programa de centros digitales y que no tiene por qué haberse iniciado en otras comunidades autónomas. Y luego, además, a ese programa no es obligatorio adherirse, esto es, no todos los colegios se embarcan en ese programa sino sólo los que quieren por lo que, como decía, no todos los alumnos del país tienen los mismos medios para llegar a la digitalización. Hay alumnos que por encontrarse en un centro concreto y en una comunidad autónoma concreta tienen la posibilidad de llegar mientras que otros, no. Todos somos conscientes de que, tarde o temprano, ese cambio global tiene que llegar pero no sabemos cuándo. Y sí que es cierto que muchas veces echamos de menos que desde el final de esa cadena de la que hablaba, el ministerio, se nos den una serie de directrices, permisos y facilidades que nos protejan y nos ayuden a organizar el proyecto digital pues hablamos de unos dispositivos que indudablemente son muchísimo más caros que un dispositivo plástico, gráfico. Habrá que ver cómo se puede ayudar a los padres, a las familias en general y a todas las escuelas a que vayan adquiriendo este tipo de materiales.

¿Crees que veremos desaparecer el libro en papel por completo?

Yo creo que sí. No obstante y como señalaba antes, no tiene que ser al 100%, sustitutivo. El alumno en nuestro centro aún sigue aprendiendo con cosas como una libreta o un lápiz, cosas que, de momento, la escuela digital no nos puede ofrecer. Imaginemos, por ejemplo, cuando un niño va a aprender a escribir… De momento no se trata de sustituir todo por todo sino quedarnos con lo mejor de cada una de las corrientes.

Dentro de la transformación digital se encuentran los padres; ¿cómo se están adaptando a esta escuela digital que se nos viene?

Hay padres de todo tipo: reacios, entusiastas, cautos… Los hay que por su visión de la vida y del futuro son los primeros que nos demandan este tipo de cambios porque son conscientes de esa necesidad. Pero hay otros, que, por el contrario, no lo ven tan necesario, por lo que se muestran más reacios al cambio. Finalmente en la escuela se juntan todos esos tipos de padres por lo que nosotros, como centro, tenemos que fijar ciertas normas y proponer un camino. A unos padres les gusta más, a otros menos. La cuestión de la familia y la escuela digital sí que es verdad que ha llegado después de la vida digital en sí misma. Si las familias pensaran por un momento cuánta vida digital hay en su casa, llegarían a la conclusión de que está llena, pues todos tiene móvil, algún ordenador, tablet o consola digital de juegos para los niños.

¿Podemos dar por hecho, entonces, que en todos los hogares de los alumnos habita ya internet?

Bueno, eso sería lo ideal pero es cierto que no, no en todos los hogares de los alumnos hay internet.

Algún padre te habrá trasladado directamente este inconveniente…

Sí, así es. Es cierto que es un hándicap que hoy en día se pasa por alto pues lo primero que nos planteamos es que no es posible que a día de hoy haya alguien que no tenga internet en casa. Pero efectivamente, partimos de la base de que hay una pobreza latente donde internet es un lujo. Hay personas que tienen que hacer una serie de esfuerzos para comer, imagínate para disponer de internet… Lo que sí que es un hecho es que en el mundo de la educación, internet y las nuevas tecnologías avanzan sin mirar mucho ese fenómeno. Vemos, por ejemplo, compañías que sacan al mercado un dispositivo móvil muy caro, lo compran aquellos que pueden y al año, sacan otro dispositivo nuevo más caro todavía. Y se vende. Si nos planteamos que muchos no pueden acceder a esos dispositivos de ‘lujo’ ni a otros más baratos, cabe preguntarnos por qué se sigue avanzando en tecnología. Pero, como decía, hay otro grupo de personas de corrientes educativas concretas que demandan tecnología puntera: tanto en educación como en otros aspectos nos encontraremos mundos paralelos (los que pueden llegar, los que no pueden llegar) y especialmente en educación es un tema muy peliagudo pues existe ese derecho que todos los niños tienen a la misma educación pero la realidad es que hay alumnado que puede acceder a lo digital y, otro, que por desgracia, no puede. Es una pena.

¿Y qué observas del control parental que todo esto exige por parte de los padres?

Es cierto que por parte de los padres se ha puesto en tela de juicio el hecho de que le damos un dispositivo móvil a un niño para que haga los deberes o estudie. Pero si ese padre se para a pensar cuántas posibilidades tiene su hijo en casa de acceder a internet sin ser el colegio el que se lo demande, seguro que son muchas, la probabilidad es muy alta. Como decía, muchos niños son nativos digitales y tiene una tablet y wifi en casa, es decir, no necesitan que el dispositivo provenga del colegio para acceder a la red. Ya lo hacían antes pero posiblemente las familias no seamos conscientes de hasta dónde son capaces de llegar nuestros hijos. Es verdad que ahora, cuando es el centro educativo el que propone que los alumnos tengan en sus manos un dispositivo se está generando más ruido. El pensar que con el libro de papel no hay peligro y que ahora le estamos poniendo en bandeja a los niños el acceso a internet de manera obligatoria está ahí. Al final, como en todo, es una cuestión de educación. Tenemos que plantearnos que la familia tiene un papel muy importante en educar digitalmente. Hay padres que nos han verbalizado la preocupación de tener que estar pendientes de su hijo por la cuestión digital y es una pena escuchar eso por su parte, pues la respuesta no es otra que ese padre tiene que estar pendiente no sólo porque desde el colegio se le ha mandado hacer los deberes en un dispositivo móvil, también lo tiene que estar cuando le deja el móvil para jugar a un juego y no sabe a qué está accediendo realmente. O cuando le pone una película en el ordenador… Ese ordenador está conectado a internet. Una cosa es lo que la familia piensa que su hijo puede hacer y, otra, lo que está haciendo.

Al final, cuando le viene propuesto desde el centro educativo es cuando a la familia le entra la duda; unos no lo ven bien, otros se resisten. En cualquier caso, estamos en una época de cambio y es normal que aparezcan estas resistencias. Pero yo creo que poco a poco esos padres se incorporarán con normalidad a la marcha.

¿Podría haber detrás de esa resistencia algo de comodidad por parte de los padres?

Efectivamente, la hay. Pero hay familias que, por el contrario, lo hacen muy bien y educan ‘antes de’ a sus hijos, siendo partícipes de esta nueva forma de escuela, enseñando a sus hijos para qué es cada cosa, es decir, saber diferenciar qué dispositivo es para aprender y cuál es para el ocio. Esa diferencia también hay que enseñársela a los niños. Y si bien es cierto que no se puede generalizar, sí es verdad que hay familias que depositan todo el peso de la educación en el colegio. Eso no puede ser así, pues el colegio no llega hasta el hogar de los alumnos y, como hemos señalado, la familia tiene mucho peso, una serie de normas que debe imponer, una serie de aspectos a educar, pautas… En casa tienen  que estar muy claras, tratando de que sean lo más parecidas tanto en casa como en el colegio, esto es, que lo que haga la escuela no lo rompa la familia y viceversa. Deben ir de la mano. Cuando hay desacuerdo entre escuela y familia hay un problema, y el que sale perdiendo al final es el alumno. Independientemente de si los libros son de papel o digitales. Hay familias que piden que el colegio no se meta en la educación de sus hijos; también los hay, por contra, que dejan ese peso a la escuela, pretendiendo que sea el colegio el que eduque a sus hijos. Todos tenemos que tener claro nuestro papel, estando siempre muy conectados unos con otros.

Hablando de la familia y de los padres… ¿Han hecho daño los grupos de WhatsApp de padres? ¿Hay algo positivo en ellos?

Han hecho muchísimo daño. La tecnología nos ayuda pero a veces nos perjudica, eso es así. WhatsApp ayuda en ciertas cosas. Pero es un red social. Y como red social que es tiene un peso muy fuerte. La mayoría de las familias no quieren perderse la vida social que se genera dentro de los grupos de WhatsApp de los padres porque es inclusiva, ayuda a la participación de sus hijos en algunos eventos incluso fuera del colegio, como pueden ser cumpleaños, comuniones o incluso convivencias. Tiene aspectos positivos, por supuesto. Pero, al menos yo, cuando hago las reuniones de principio de curso pido a los padres mucha precaución, discreción y paciencia a la hora de leer lo que en los grupos se escribe. Porque, al final, no deja de ser un medio escrito; el que escribe sabe lo que está queriendo decir pero el que lo lee puede malinterpretarlo pues no sabe la intención o el tono en el que va dirigido el mensaje. Hay veces que, lo que a priori puede ser un comentario inofensivo puede acabar convirtiéndose en un problema entre padres. Y no debemos perder de vista que esto es una familia muy grande, donde los padres y madres están participando en la vida educativa de sus hijos. WhatsApp rompe en muchas ocasiones esa convivencia. Ese es el principal problema. Pero el problema mayor, más numeroso, es el hecho de que como en ese grupo no está el colegio ni el profesor, es decir, no hay nadie de la parte del centro, los comentarios que se vierten no pueden ser rebatidos. Y eso crea una bomba muy peligrosa. Al final se va generando una bola de nieve que no hay quien pare porque nadie puede pararla, pues los miembros del grupo piensan que tienen la misma información. Por eso, yo siempre insisto en lo mismo: las informaciones deben ser las que el centro dispone a las familias. Nosotros, como centro digital y por ecología, hace ya mucho tiempo que no damos circulares en papel sino que lo hacemos a través del correo electrónico. Los padres nos indican una cuenta de correo y el centro hace las comunicaciones pertinentes. Al final también les llega al móvil a los padres, no tiene por qué ser un inconveniente este proceder, pues al mismo dispositivo móvil donde le llegan procedentes de WhatsApp mensajes de padres le está llegando al mismo tiempo la comunicación oficial del centro. Insisto, esa es la información oficial y certera.

Podemos entender que, precisamente por no estar el centro presente en esos grupos, tienen tanto éxito, esa buena cabida, pues se pueden poner en tela de juicio cosas que en un canal oficial, no…

Efectivamente. Cuando el centro toma una postura, una determinación respecto a una cuestión, estos grupos son un campo muy bueno para criticar o alabar esa decisión. El problema es que acaban aflorando discusiones entre padres pues unos están de acuerdo con la decisión, otros en contra… Incluso se salen de los grupos, perdiendo el contacto con esas familias por un comentario concreto que luego, a lo mejor, acudiendo al centro a aclarar la cuestión que ha dado fruto a la controversia, éste, la desmiente por completo. Por eso siempre pido el uso responsable del WhatsApp. El centro no puede impedir que esos grupos se formen, eso es absurdo, lo que me queda como director es pedir ese uso responsable. WhatApp puede ser una herramienta perfecta para la comunicación entre los padres e intercambio de información pues ayuda a que llegue ipso facto a las familias.

Si los padres se pasan información relativa a los exámenes, las excursiones o deberes, ¿crees que estamos educando niños incapaces de hacerse responsables de sus obligaciones?

Sí, por supuesto. El centro pone a disposición de los alumnos elementos para que puedan manejarse de una manera perfecta. Cuando el profesor indica a principio de curso a los niños que tienen, por ejemplo, una agenda donde tienen que apuntar los deberes, los exámenes, etcétera, ya le estamos dando al alumno una herramienta para que él aprenda a gestionar sus obligaciones. O, qué sé yo, en el aula se ha puesto un calendario donde están marcados de rojo los exámenes de Lengua y en azul los de Matemáticas… El alumno ya tiene otra herramienta para gestionar. Toda esa organización y esfuerzo que hace el colegio muchas veces se ve rota porque hay padres que pensamos que nuestros hijos no son ‘capaces de’, por lo que tomamos parte, como si fuéramos los alumnos, siendo entonces nosotros los que estamos pendientes de las obligaciones de nuestros hijos. Al final llevamos nosotros la agenda de nuestros hijos. Con ello, hacemos a los niños muchísimo menos autónomos que anteriormente éramos nosotros u otras generaciones. Esta nueva generación de padres somos la generación del miedo y/o inseguridad, es decir, la sobreprotección. Y los alumnos son capaces de casi todo, pero hay que dejarlos actuar. Y tienen que fallar, y tienen que equivocarse, pues eso también es aprender. Por ello, y volviendo al tema digital, sin duda los niños son mucho más capaces que los padres pues no tienen miedo al fracaso, a equivocarse. Y ellos saben que si le dan a un botón y no funciona, le dan a otro. Y ya lo han aprendido.

Lo que sí parece llevar consigo la transformación digital es el emprendimiento. ¿En la escuela se les educa en éste? 

Por supuesto, es necesario. La masa social, gigante y global, sabe cuáles son las necesidades que van a tener nuestros alumnos el día de mañana. Hablábamos de que el cambio se está produciendo muy poco a poco; en las escuelas se empieza a enseñar a los alumnos a ser emprendedores porque somos conscientes de que van a tener que serlo el día de mañana, mucho más que otras generaciones. Hace poco leía un artículo que decía que alrededor de un 80% de los oficios del mañana aún no se han descubierto por lo que, ante la incertidumbre de pensar que un alumno en un futuro se va a dedicar a no sabemos qué es muy difícil empezar a educar para ello. Pero de los que sí estamos seguros es que dichos trabajos van a estar ligados a la tecnología y el emprendimiento. Hay ciertos aspectos que la escuela de hoy sabe que van a ser una herramienta muy buena para el mañana y tenemos que empezar a educarlos en ellos. Nosotros en nuestro centro hace ya mucho tiempo que nos dimos cuenta de que tanto los idiomas como la parte digital o el emprender son pilares básicos en el oficio del mañana. No sabemos a qué se van a dedicar nuestros pequeños pero intuimos que van a discurrir por un sendero en el que estos tres pilares van a ser necesarios. Tenemos que adelantarnos.

Desde tu posición y con tu experiencia, ¿qué pronóstico haces de la escuela teniendo en cuenta todo lo expuesto en esta entrevista, como es la transformación digital, la evolución de la sociedad y el cambio del sistema educativo?

En lo primero que me gustaría incidir es en el hecho de que, socialmente, la escuela ha hecho un cambio muy grande. Anteriormente, había un respeto muy grande hacia la figura del docente, la institución de la escuela… Era algo que socialmente estaba muy valorado. Sin embargo, creo que hoy en día nos encontramos en el peor momento social de la valoración hacia los centros educativos. Por desgracia, no se les da la importancia que tienen, no se valoran, vemos continuamente faltas de respeto hacia un profesor o un director en un colegio, digamos que se pisa ese campo donde los colegios tienen sus derechos y normas para trabajar. La escuela hoy en día está muy cuestionada por la sociedad. Ante cualquier cosa que hacemos, cualquier familia tiene el derecho de ponerlo en duda, de decir que nos hemos equivocado o de, sin ser especialistas en la materia, decir que algo no es así. Hemos retrocedido muchísimo socialmente. Por tanto, la escuela del futuro va a depender mucho de cómo se vaya desenvolviendo la situación de hoy. Es un clamor que el docente de hoy en día se encuentra muy desprotegido, es un oficio de riesgo y lo digo claramente. Las familias ‘mandan mucho’ no porque la Ley así lo disponga sino porque socialmente tienen ese poder, no hay un límite. Y todo esto se va a trasladar a los alumnos y por imitación es posible que haya una continuidad de esta situación. La escuela de hoy se encuentra en uno de sus peores momentos y eso requiere muchos cambios por parte de las administraciones, de las escuelas… Pero hay una serie de aspectos sociales, como es la visión del maestro o profesor que se tira por tierra con argumentos como las vacaciones que tienen o que trabajan poco y que no favorece en ningún caso a la educación. Si realmente la sociedad no empieza a ver a la escuela como lo que realmente es o debe ser, un pilar fundamental en el futuro de cualquier país en el que se están formando los empresarios, médicos, arquitectos, ingenieros o los científicos del mañana y los niños dan valor a su colegio, mal vamos. Y dará igual que las pizarras sean digitales, el Chromebook o la tablet… Como decía todo eso son herramientas para llegar al objetivo que es la educación. El niño tiene que venir a la escuela contento, a un sitio donde se sienta cómodo, donde tenga confianza con sus profesores, compañeros y el colegio como institución. Para nada era buena la educación de antaño, la de nuestros padres, la del miedo al profesor… Pero tampoco nos podemos ir al otro extremo en el que todo vale, en el que cualquier padre sabe más que el profesor de su hijo, independientemente del oficio o los conocimientos que este tenga. Se cuestiona y desprecia mucho la profesionalidad del docente y eso no ayuda. Como digo, la escuela del mañana dependerá en un alto grado en qué desenlace tenga todo esto. Indudablemente, docentes, colegios y administraciones deben seguir remando hacia una educación mejor, hacia la mejora. Si bien es cierto que a día de hoy por Ley el docente es considerado autoridad, dotándole de más derechos de los que tenían antes, protegiéndoles. Pero socialmente eso no ha calado, no ha cambiado nada. Debe darse a los centros educativos la importancia que tienen.

Ana María Soto
Periodista y escritora. Entiendo el emprendimiento como el futuro y por ello estoy en continua investigación en este campo.