Futuro de la educación: La figura del alumno como proveedor

La crisis provocada por la pandemia de la COVID 19 en nuestro país ha dejado algunos titulares muy manidos en las últimas semanas acerca del futuro de la formación. Uno de ellos, que repetimos como si de un mantra se tratara, es el que augura un crecimiento imparable de la formación online.

Grados, posgrados, másteres, doctorados… cualquiera de estos cursos de formación superior ya cuentan, o contarán, con su versión online para satisfacer las necesidades educativas de la población estudiantil que, en los últimos meses, a raíz de la pandemia, se ha instalado en la volatilidad y la incerteza frente a cualquier situación que implique un grado elevado de presencialidad.

El sector educativo tradicional, el presencial, se ha visto afectado en gran manera por esta incertidumbre en la que vivimos. A pesar de todos los protocolos y medidas de seguridad adoptadas por los centros educativos, el miedo a un contagio puede suponer un cambio de planes en la hoja de ruta formativa de los estudiantes de nuestro país. Para que esto no suceda, los centros educativos se han afanado en acelerar la digitalización de sus programas educativos.

“Lo online” ha venido para quedarse y, según mi opinión, pueden estar por venir algunas novedades que enriquecerán el sector educativo y, por ende, las propuestas de universidades y escuelas universitarias. Unas novedades que podrían tener al alumno como epicentro de la formación.

En la actualidad, los estudiantes de cualquier etapa formativa mantienen una actitud pasiva en el proceso educativo. Si bien es cierto que las metodologías de aprendizaje se han adaptado a la época actual, también es cierto que los alumnos tienen un papel poco participativo en el diseño de los productos educativos disponibles en el mercado. ¡Es el momento de pasar a la acción!

Pero… ¿Cómo pueden los alumnos ejercer un papel protagonista más allá de ser los destinatarios del proceso formativo? A continuación planteo algunas de las claves que, en mi opinión, pueden ayudar a que los estudiantes adquieran este rol activo.

    1. Profesor-facilitador. El profesional de la educación tiene la experiencia y un conocimiento profundo sobre las materias que imparte y, gracias a este bagaje, es el referente en el aula. Pero esto no es suficiente cuando queremos que nuestros alumnos adquieran un rol activo, protagonista y disruptor. Además de trasladar conocimiento y experiencia, los profesionales de la educación debemos ser capaces de provocar reflexiones profundas que maximicen el resultado a través del aprendizaje autónomo. ¿Quiere decir esto que los profesores no son necesarios? ¡Al contrario! En este modelo son más importantes, si cabe, debido a que ejercen el rol de acompañantes durante todo el proceso formativo. Motivando, retando, proponiendo, evaluando, animando… 
    2. Empoderamiento de los alumnos. No basta con trasladar conocimiento para obtener un rol activo por parte de los alumnos. Debemos ser capaces de trasladar la idea de que el trabajo que están realizado es importante. No se trata solamente de un “check” que hay que obtener para alcanzar una nota o tener un título. Cada trabajo es importante porque forma parte de un proceso de investigación que podría tener aplicación en la vida real. Por lo tanto, cada trabajo es una oportunidad de dar respuesta a una situación cotidiana que puede no tener solución aparente.
    3. Pensamiento creativo. Este aspecto está ligado al anterior. Los alumnos deben ser capaces de entender que otra manera de hacer las cosas es posible. Que ellos están estudiando una materia concreta o una carrera porque quieren desarrollarse como profesionales de ese ámbito concreto. Por lo tanto, los profesionales de la educación debemos ser capaces de fomentar la búsqueda de soluciones a través de procesos diferentes al obvio. Solamente si logramos pensar diferente, obtendremos resultados diferentes en nuestras investigaciones.
    4. Establecimiento de objetivos y retos aplicables y alcanzables. La etapa estudiantil que precede a la etapa profesional debe ser un entrenamiento consistente, un puente que permita un trasvase natural de profesionales. Lo que se vive en las escuelas universitarias debe conectarse con lo que los alumnos vivirán en el mundo laboral. No se trata tanto de analizar lo que sucedió como de posicionar al alumno en lo que está por venir.  

 

  • Mindset emprendedor. Y si programamos al alumno para que sea capaz de prever las oportunidades que nos brinda el futuro, debemos ser capaces de trasladarle el espíritu emprendedor para que sea capaz de activar soluciones que puedan responder a las necesidades detectadas en el análisis de su ámbito de estudio.

 

Una buena muestra donde podemos aplicar los 5 puntos anteriormente descritos es en los trabajos que certifican que el alumno ha superado con garantías su etapa formativa superior. Los trabajos de investigación de doctorados, másteres, posgrados y grados deben ser vistos como un proyecto con continuidad, no solamente como un hito que hay que superar para lograr el tan ansiado título. Últimamente he estado reflexionando acerca de cómo podríamos hacer posible que esto se convirtiera en realidad y me gustaría explicarte mi visión. ¡Ahí voy!

Los trabajos que validan la trayectoria académica de los alumnos de doctorados, másteres, posgrados y grados, en la mayoría de ocasiones, no tienen un recorrido demasiado largo. ¿Qué quiero decir con esto? ¡Muy fácil! Una vez presentados, en raras ocasiones, vuelven a ser relevantes para el propio estudiante y/o para otros miembros de la comunidad. ¡Y es una pena!

Porque, en la mayoría de las ocasiones, los trabajos de investigación tienen que ver con situaciones actuales a las que el alumno ofrece una respuesta basada en sus conocimientos y en su visión del asunto. Esta circunstancia, ahonda en la sensación que el trabajo de investigación es parte de un mero trámite para alcanzar el objetivo de obtener el título académico correspondiente y, por ende, impide sacar todo el potencial del alumno que, de manera inconsciente, no imprime todo el esfuerzo y conocimiento en el proceso de elaboración del mismo. Le falta motivación y puede tener consecuencias en una bajada del nivel. 

¿Qué pasaría si los alumnos supieran que su trabajo de investigación puede tener un recorrido más largo? ¿Qué pasaría si pudiera convertirse en su primer hito académico-profesional? ¿En su primera carta de presentación hacia el exterior? ¡Estoy seguro de que la motivación y el resultado serían superiores!

Una aplicación de este concepto de largo recorrido puede tener su materialización en la unificación de tres conceptos/realidades que han aparecido, anteriormente, en este artículo: auge de la educación online, necesidad de cambio en la actitud del estudiante; de destinatario pasivo a parte activa del proceso educativo y empoderamiento, a través de una formación, que finaliza con una investigación que debe pasar a formar parte de un repositorio al alcance de otros estudiantes y/o profesionales. ¡Larga vida al legado que los estudiantes dejan en su etapa formativa! 

Una larga vida que puede ser aprovechada por otros estudiantes y/o profesionales. ¿Cómo? ¡Aquí va la propuesta! ¿Qué pasaría si las mejores tesis doctorales, los mejores trabajos de final de máster, posgrado o grado, se convirtieran un curso de formación al alcance de las personas que quieran profundizar sobre un tema actual concreto? La respuesta, según mi modo de verlo, es fácil. ¡Tendríamos un repositorio de formación inacabable! Yo lo haría así:

La llamada. Poner en marcha un altavoz para captar los mejores trabajos de investigación en diferentes ámbitos. En una escuela universitaria, por ejemplo, este podría ser un proceso estandarizado tras la presentación del proyecto final por parte del alumno.

La transformación. Los mejores trabajos de investigación se convierten en cursos con una cargabilidad horaria de hasta 150 horas. 

El repositorio. Una plataforma online con acceso a todo el catálogo formativo.

 

El acceso. Pay per view (por un curso, paquete de cursos o por la descarga de un proyecto de investigación) o suscripción en formato Netflix (con acceso ilimitado a todo el catálogo).

La relación con el alumno. El alumno pasa a convertirse en proveedor de formación y recibe un importe por cada curso que “vende”.

Los requisitos. Los trabajos de investigación que pasan a formar parte del repositorio online de cursos, deben tener una calidad excelente y, por este motivo, solamente podrían formar parte de esta plataforma los trabajos considerados excelentes.

Alcance. B2C2B ya que podría ser una plataforma de acceso de particulares pero, también, podría captar el interés de las organizaciones que precisan de plataformas de formación online continua, con el objetivo de mantener a sus empleados actualizados en los últimos conocimientos e investigaciones.

¿Qué beneficios obtenemos? Todas las partes involucradas salen ganando con este proyecto:

El alumno: Obtiene la posibilidad de rentabilizar su trabajo de investigación y, además, le permite obtener cierta notoriedad que le puede resultar útil en su desembarco al mercado laboral.

La plataforma: Mantiene, año tras año, un repositorio completamente actualizados de cursos relacionados con diferentes ámbitos académico-profesionales.

El estudiante: Tiene la posibilidad de seguir profundizando en materias de su interés académico y profesional.

¿A qué responde esta iniciativa? La vida académica de las personas, en la actualidad, no termina cuando alcanzamos un hito académico como, por ejemplo, el de la obtención de un título de graduado. El contexto profesional y académico actual, nos invita a seguir formándonos con cursos de diversa índole.

Doctorados, Másteres y Posgrados, seguirán complementando nuestro currículo formativo y, también, sentiremos la necesidad de llevar a cabo otro tipo de cursos, que den respuesta a necesidades concretas de nuestra profesión o, simplemente, que satisfagan nuestra vocación formativa. Este tipo de cursos podrán estar más o menos relacionados con nuestro bagaje académico anterior. Esto ya no importa. Lo que importa es apagar nuestra sed de conocimiento.

“Cualquier persona que deja de aprender es vieja, ya sea a los veinte u ochenta. Cualquier persona que sigue aprendiendo se mantiene joven. La cosa más grande en la vida es mantener la mente joven” (Henry Ford)

  • ¿Qué te parece? ¿Puede convertirse el alumno en un nuevo proveedor del mercado de la formación?