Navegando hacia un océano azul

Acceder a nuevos escenarios empresariales a través de la innovación, es posible.

Navegando hacia un océano azulImaginemos que nuestra organización -sea del tamaño que sea- es un barco y cada uno de nosotros, su capitán. Como tales, debemos mantener la nave a salvo y coordinar las tareas que allí se realizan, puesto que de nuestras decisiones dependerá la seguridad del buque así como de toda su tripulación.

En primer lugar, necesitamos saber hacia donde nos dirigimos, ese será nuestro objetivo empresarial, aquel que marcará todas las decisiones y al que deben mirar todos y cada uno de los integrantes de la organización. Es el fin que todos debemos buscar y en el que tenemos que pensar cada vez que se realiza cualquier actividad. Todo esfuerzo nos debe acercar un poco más a este objetivo común, que será ambicioso pero a la vez, alcanzable y coherente.

En segundo lugar, seremos los responsables del rumbo del navío y para ello centraremos nuestros esfuerzos en el ámbito de la estrategia empresarial, marcando una dirección y ámbito bien definidos para la compañía. Se debe concretar como llegaremos al objetivo marcado.

Una vez conocemos la meta de nuestro viaje y qué dirección tomar, debemos escoger el camino por el que haremos el recorrido y es en este punto donde debemos prestar especial atención.

Habitualmente se escoge el camino que todos suelen escoger, por el que siempre han ido todas las embarcaciones y en ocasiones el único conocido. Este océano es la realidad de todos los negocios, es el océano rojo. En él se encuentran todas las organizaciones que existen y es rojo debido a la sangre de la competencia encarnizada entre todas las compañías que compiten en él. Es un océano que todos conocen pero por el que es peligroso navegar, además de estar cada vez más saturado y en el que los años de buena pesca ya terminaron.

Sabemos que existe otro camino pero no lo conocemos y, en muchas ocasiones, nos da miedo pasar por él. Existe un océano azul.

La estrategia del océano azul nace del libro homónimo “Blue Ocean Strategy” de W. Ghan Kim y Renée Mauborgne en el que destacan la existencia de ese nuevo camino que toda organización debe emprender.

En este nuevo camino, el océano azul, la pesca es abundante, las aguas son claras y tranquilas y el resto de embarcaciones no buscan que la nuestra se vaya a pique. Sólo existe una puerta por la que acceder a ese océano, la puerta de la innovación.

Para encontrar ese espacio es necesario explotar zonas que no lo están en la actualidad ya sea en industrias conocidas -expandiendo los límites de los actuales océanos rojos- o bien en industrias nuevas. Un camino totalmente por explorar, donde la presencia de otros barcos se vuelve irrelevante ya que han dejado de ser competidores, simplemente son acompañantes en el camino.

Cuando una organización apuesta por la innovación, se encuentra en este nuevo escenario, lleno de posibilidades, sin el efecto nocivo de la competencia salvaje y sin la necesidad constante de la comparación con el resto de compañías.

Crear nuevos espacios de consumo, centrarse en la globalidad de la idea -no solamente en números- mediante, por ejemplo, lienzos estratégicos, ir más allá de la demanda existente y asegurar la viabilidad comercial del océano azul, minimizando la incertidumbre del nuevo camino emprendido, son los principios sobre los que se debe trabajar para emprender una estrategia como la que se propone.

El nuevo escenario que nos brinda la innovación es atractivo pero no es fácil acceder ni mucho menos mantenerse. Cuando aparece un nuevo océano azul para nuestra compañía es fácil que las demás copien el camino recorrido y se vaya llenando hasta convertirse de nuevo en un océano rojo, por ello, es necesario mantener el nivel de innovación constante y la mejora continua con tal de ir saltando de océanos antes de que sea demasiado tarde.

La estrategia, por tanto, trata de dejar de lado la competencia actual y las comparaciones y dedicar todos los esfuerzos en la innovación, hecho que dotará a la empresa de monopolios temporales en los que ofrecer un producto o servicio único y obtener máximos beneficios, es decir, su océano azul.