Future Next 2020: ‘Capitalismo Stakeholder’ y ética tecnológica

Miguel Jiménez, CEO de Fast Forward durante la presentación del FutureNext 2020, este martes en Madrid. | Fotos: Alberto Orellana

El presente es esa línea discontinua que vivimos y que separa de un modo difuso el pasado, que recordamos a nuestro antojo, y el futuro, que intentamos entrever. Con el objetivo de cruzar esa vaporosa intersección y alumbrar las tendencias que marcarán los próximos años, la consultora “de inteligencia de futuros” FastForward (FFWD) ha celebrado este martes el Future Next 2020. El acto ha servido como presentación del monográfico sobre las siete tendencias ‘tecno-sociales’ globales, y se ha centrado en dos de ellas: la ética tecnológica para generar una “nueva humanidad”, y el “Capitalismo Stakeholder”.

Este nuevo concepto capitalista se establece como contraposición del modelo hasta ahora extendido, conocido como ‘Share Capitalism’. Al contrario que aquel, el Capitalismo Stakeholder no busca únicamente el beneficio de los acreedores de una entidad, la expansión de la compañía o maximizar el beneficio por encima de todo. Según ha introducido Miguel Jiménez al comienzo de la jornada, esta corriente trata de poner en valor al ‘stakeholder’ de cada negocio. Es decir, a “todos los afectados o interesados”.

De esta manera, el capitalismo stakeholder lo que pretende es introducir en la cultura de la empresa una preocupación por la comunidad que se ve afectada por su actividad. Habrá quien piense que es como la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Fernando Siles (director marketing online de Worten España) tiene claro que “hay una gran diferencia”. Porque una cosa es preocuparse de poner en práctica ciertas medidas de manera “voluntaria”. Sin embargo, el nuevo panorama pretende que cada organización “mire sus tripas” y revise la cadena de valor completa, que debe “responder a la demanda social”.

La RSC “viene de lejos” y ha hecho “muchas cosas bien” en la empresa, ha aclarado Siles. Pero, como ha compartido Luis Moreno (líder de innovación en Havas Media), quizás ahora vemos que “estaba mal enfocada”. Hay que pasar de apagar las luces y ahorrar energía por alcanzar de verdad un comercio justo y beneficiosos para todos. Cambiar el aspecto de “caridad” por el modo en que te relacionas con los agentes de tu cadena de valor e ir hasta “el origen” para analizar y cambiar el impacto de tu actividad.

Lo bueno es que el pensamiento “está escalando” y ahora tenemos “buenos canales”, como las redes sociales, para conectar a la empresa con la comunidad y “escuchar” su demanda, ha señalado Fernando Egido, (director general de Singular Bank). Aunque Moreno duda de que las Bigtech realmente “lo entiendan”. Hay que escuchar al consumidor y al planeta, que también ha emitido una serie de “señales” que, si no sabemos ver, es que “estamos muy ciegos”, ha criticado Siles.

‘Nueva Humanidad’

Otro gran debate que se va a intensificar en lo venidero es el uso de la tecnología “para igualar o para diferenciar” al ser humano. De un lado, el “amanecer” de una privacidad redefinida por la masificación de datos registrados de nuestras vidas y el impacto (sesgado) de la inteligencia “sintética” que los explota. De otro, la ética acerca de los límites biológicos que posibilita la ciencia. “Si la tecnología ha desnaturalizado el entorno, ahora vamos a desnaturalizarnos nosotros”, ha plasmado Jiménez.

Reflexionar sobre la modificación genética “rápida y barata” y las múltiples desigualdades que genera el uso de la tecnología ha sido uno de los temas debatidos. La tecnología “no es ni buena ni mala; eso lo seremos nosotros”, ha dicho Marta del Amo. Eso sí, para la editora jefe del MIT Technology Review, la cirugía genética es aún “muy experimental” y debemos usarla “con cabeza”. En un momento en que reunimos tantos retos y habilidades técnicas como nunca antes, debemos “conocernos mejor”, ha señalado Pablo Rodriguez, ex-CEO de Alpha. Incorporar una mirada crítica “antes de saltar al vacío”.

Imagen de unas de las mesas de debate organizadas durante la jornada.

El dato ha empoderado al cliente frente a las empresas, pero es “muy peligroso”, ha advertido Del Amo. En su opinión vamos “hacia donde no deberíamos. El día que mi empresa me pide la huella (dactilar) me voy”, ha reconocido. No obstante, Rodríguez ha matizado que hay que diferenciar entre los datos agregados con fines beneficiosos y aquellos más privados cuyos beneficios son para unos pocos. “Los datos salvan vidas”, ha resumido, y ha asegurado que el regulador va a seguir “conversando” con las ‘Big4’.

La cuestión es conocer el papel que van a jugar empresas, estados y sociedad civil para combatir los productos que se generan con un sesgo comercial. Hay tres tipos de sesgo, según José Bonnin (director de estrategia para el dato en Microsoft): el del dato, el del algoritmo y el de las personas. “Un algoritmo creado por blancos caucásicos ya tiene sus propios sesgos” de inicio, ha explicado. Bonnin ha planteado establecer unos principios básicos inalterables para crear algoritmos, y hacerlo con equipos y en entornos proclives al discurso ético, libre de sesgos, que se reflejará después en el producto.

Por último, los expertos han abordado la necesidad de repensar la educación sobre el uso de la tecnología y sus límites. Para unos se trata de educar en “sostener el aprendizaje” y apostar por una educación “integral” que combine la inteligencia social e individual. Otros han defendido la vuelta a la cultura del “esfuerzo” y hacer tecnología “con pensamiento crítico”. También se ha subrayado que, además de la formación continua, tenemos que centrarnos en desarrollar las habilidades que nos distinguen de las máquinas, como el análisis o la creatividad.

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