¿Cómo influyen los sesgos inconscientes en nuestro comportamiento?

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Todos tenemos sesgos inconscientes y lo sabemos. ¿Pero qué son los sesgos inconscientes y por qué influyen en las decisiones que tomamos a diario?

Los sesgos inconscientes son sentimientos que tenemos hacia otras personas u objetos, sentimientos que tenemos sin ser conscientes de ellos. Juegan un papel importante e influyen en nuestro juicio sobre ciertas personas y/o grupos. Estos sentimientos influyen en todas las áreas de nuestra vida.

Nos basamos en estereotipos más que en el conocimiento real y cuando ciertos aspectos coinciden con algo que hemos vivido, damos por hecho que va a ser igual. Estos atajos cognitivos, pueden dar lugar a prejuicios, ya sean positivos o negativos. Muchas veces nos conducen a tomar decisiones precipitadas o prácticas discriminatorias.

Estos sesgos juegan un papel importante en el área laboral. De hecho, uno de los sesgos más importantes que tenemos en el trabajo es el sesgo de género. Tenemos unos sentimientos sobre los estereotipos de género que hemos desarrollado a lo largo de nuestra vida y muchas veces, ni siquiera somos conscientes de ellos. Estos se crean a raíz de cómo hemos sido educados, cómo hemos socializado y en acuerdo a las experiencias que hemos vivido.

Incluso nos influencian los medios de comunicación de los que obtenemos la información. Tenemos etiquetas de lo que consideramos que es un hombre y lo que es adecuado para este, al igual que para la mujer.  Esto lo hacemos de un modo inconsciente y por hábito, sin ninguna mala intención, simplemente lo hacemos por los estereotipos que hemos creado a lo largo de los años y se han quedado registrados en nuestro cerebro.

Solemos pensar que no tenemos sesgos o que tenemos menos que el resto de las personas y que hacemos las cosas de modo correcto, que somos éticos y que tenemos el control de las decisiones que estamos tomando.

Aunque no nos demos cuenta, los sesgos que tenemos nos afectan en el proceso de toma de decisiones de varias formas: en cómo percibimos a las personas y la realidad, con actitudes frente a determinadas personas, con comportamientos que no son del todo correctos, con los aspectos de las personas a los que más atención dedicamos, como utilizamos la escucha activa y como esta varía dependiendo de la persona que esté hablando, por nombrar algunas.

Por ello es importante que sepamos que todos tenemos sesgos, que es algo normal que nos pasa a todos. Debemos prestar atención a cómo se producen y cuáles son los principales, ya que sabiendo esto, podemos convertir los sesgos inconscientes en conscientes e ir moldeándolos y mejorándolos.

Los sesgos cognitivos nos ayudan a tomar decisiones de una forma más rápida, pero esas decisiones no son siempre precisas. Cuando prestamos atención a nuestros pensamientos y comportamientos, es importante que seamos conscientes de los sesgos cognitivos que tenemos y que intentemos contrarrestar sus efectos siempre que sea posible.

Empezamos a adquirir prejuicios y crear estereotipos desde nuestra infancia. Cuando somos niños, nos influye mucho el entorno y las personas de las que nos rodeamos. Una vez los adquirimos, creamos resistencia al cambio, aunque tengamos las evidencias delante de nosotros. Por ello es tan importante tener la mente abierta para desaprender y volver a aprender. El sentido común y la evidencia de investigaciones realizadas sugieren que un cambio en el comportamiento puede modificar creencias y actitudes.

Nos gustaría creer que cuando una persona tiene un compromiso consciente de cambiar, el mero acto de descubrir sus propios sesgos ocultos puede impulsarle a actuar para corregirlos. Puede que no sea posible evitar el estereotipo o prejuicio de forma automática, pero es posible rectificarlo conscientemente.

Varios estudios muestran que hay un lazo entre los sesgos que tenemos ocultos y nuestro comportamiento frente a la vida, sobre todo cuando estamos en situaciones de estrés, distraídos o muy relajados. Siempre que bajamos la guardia, ponemos el piloto automático y estos sesgos salen a la luz.

Las personas que argumentan que los prejuicios no son un gran problema hoy en día, irónicamente, están demostrando el problema del prejuicio inconsciente.