La tecnología cambia a gran velocidad y no entendemos “cómo nos afecta”

Aller Valley
Marta García Aller, este martes en el edificio de The Valley de Madrid. | FOTOS: Alberto Orellana

Marta García Aller, periodista en ‘El Independiente‘, se enfrentó en cierta ocasión ante una importante reflexión sobre el mundo de tecnología que nos rodea: “Estoy mirando por la ventana de un tren que va muy deprisa y tengo que parar un poco en la estación para ver dónde estoy”. Con esa visión, Marta comprendió que ese mundo en que nos encontramos “está cambiando mucho” y que no terminaba de entender “cómo nos afecta”.

Bajo esta premisa, esta mujer se planteó escribir un libro (sobre el que habló recientemente en UDIMA Media). Un libro en el que ninguno de los cambios que definen a una sociedad (la nuestra) “se pueden aislar de los demás”. Una manera de “viajar en el tiempo (no sólo hacia el futuro, sino también hacia el pasado)” para entender los cambios que nos están trayendo hasta aquí. Un viaje a través de las dudas que le surgían sobre ‘El fin del mundo tal y como lo conocemos‘ (Ed. Planeta).

Bajo este título la escritora empujó a cuestionarnos acerca de aquellos conceptos que nos rodean y de cómo podrían desparecer en el futuro. La también locutora de Onda Cero participó en el madrileño espacio ‘The Place‘ de The Valley con sus dudas sobre “las palabras del futuro”, que definirán a la que llegaremos tras los “fascinantes últimos 20 años”. Todo lo que ha venido desde antes y después de vivir “conectados”, definió.

Porque en esas escasas dos décadas se han producido cambios que hacen que no sepamos cómo definir el futuro que vendrá: “Estamos perdiendo la consciencia de ese gran cambio que hemos vivido -con la expansión de Internet-. Hoy no sabemos cómo ni qué palabras usar para (igual que ocurrió con Internet), poder definir correctamente términos como Blockchain. “Las palabras del futuro no existen”, resumió García Aller, pues nombran algo que “todavía no existe”.

Por tanto, hay que detenerse a reflexionar si los cambios que nos han sobrevenido nos están superando, impidiéndonos juzgar debidamente cómo están modificando nuestra manera de vivir – si es siempre para bien o para mal-. Para ello hay que evitar “fascinarse” con el futuro posible, y tratar de advertir qué cosas que hoy sí sabemos nombrar “desaparecerán” con el tiempo. Desarrollar frente a la tecnología la misma visión que ante una fotografía antigua en la que “hay cosas que chirrían” (un peinado, unas gafas, unos pantalones que pasaron de moda…), y que son “las que ha desaparecido”, apuntó García.

Elementos que han desaparecido. Como las propias fotografías, que en sí mismas son un vehículo de comunicación jamás imaginado en el momento de su invención. O la formación continua y la capacidad de adaptación como valores más importantes que la experiencia per sé en el ámbito laboral. En un mundo tan cambiante que nos empuja a ser “nómadas del conocimiento”,  formándonos “constantemente” relegando la connotación negativa de ser “novatos”. “Todos vamos a ser novatos”, espetó García.

Vivimos en una sociedad marcada por la impaciencia y la conexión constante vía smartphone, donde el mismo concepto de teléfono para un invento de hace 100 años nada tiene que ver con el que hoy “desmaterializa” sin freno objetos cotidianos del siglo XX: Interruptores digitales, coches que se comparten, discos de música que ‘viven’ en Spotify, electrodomésticos a los que exigiremos más servicios que durabilidad (que estén “actualizados”)… “Todo se invisibiliza con el móvil”, resume García.

Además, para Marta García estamos ante el “fin de la paciencia” y “perdiendo la empatía”.

Por un lado somos incapaces de esperar para “resolver dudas básicas” (como la fecha de nacimiento de un escritor). “Queremos resolverlo todo y queremos resolverlo ya”. Y añade: “Si se nos hace complicado imaginarlo a los que vivimos -la vida con una enciclopedia-, imaginaos a los que no estuvieron en el mundo antes de Google. Les resulta impensable utilizar un móvil para mil cosas antes de para llamar.

Y por otro, estamos poniendo en riesgo la empatía y valores esenciales como la intimidad o la información (el “petróleo” del siglo XXI) a través del uso “cotidiano” que hacemos de los smartphones. “Nuestra relación con los móviles necesita ser repensada”, indicó García. Hay estudios incipientes que valoran el descenso de nuestra empatía “con el uso intensivo del móvil”, dijo la periodista. “Y lo estamos haciendo nosotros. A diario.

Estamos en un momento de cambio “tan bonito” que es hora de empezarnos a preguntar “qué hacemos para que todos estos cambios que vienen den lugar a un mundo mejor al que nos hemos econtrado”, declaró la escritora. “Que el título suene apocalíptico me parece un error: denotaría que el mundo en que vivimos es perfecto, y es francamente mejorable”, sentenció.

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