#MatrículaCero: “La educación como motor de la transformación social”

Campus Universidad de Antioquia. Fuente: udea.edu.co

La comunidad universitaria colombiana está próxima a finalizar las vacaciones de mitad de año e iniciar el segundo semestre del año académico 2020. Es evidente que este hecho no se da en el mejor de los momentos de la humanidad; de hecho, las universidades en los últimos días levantaron la voz para visibilizar una proyección dramática y sin precedentes… la alta deserción universitaria que se espera como consecuencia de la COVID-19.

Y es que las consecuencias económicas derivadas de la coyuntura sanitaria han permeado ya a la situación financiera de las familias. Según datos de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras – ANIF, el “Aislamiento Preventivo Obligatorio” en el país, le ha significado a los hogares colombianos la perdida de 16,7 billones de pesos (algo así como 4,6 billones de dólares americanos); en palabras de Mauricio Santamaria, director de ANIF, esto ha significado “plata que los hogares ya no tienen para suplir sus necesidades (…)

Una de esas necesidades que las familias tendrán dificultades para cubrir, es, sin duda, el de la educación superior; en ese sentido, la Asociación Colombiana de Universidades – ASCUN, organización que reúne a algo más de 80 instituciones de educación superior, alertó que la deserción para este segundo semestre estaría entre un 23 y 25 por ciento y podría mantenerse de cara al 2021 alrededor del 20%.

Lo anterior, supone un escenario dramático, si se considera que ese porcentaje equivale a alrededor de 1,2 millones de estudiantes universitarios que suspenderían sus estudios (en el peor de los casos) desencadenando un efecto cascada, toda vez que a menos estudiantes las plantas docentes tendrían que contraerse y el staff administrativo y de investigación reducirse lo que significaría dejar a profesionales de la educación engrosando las estadísticas de desempleo, que de por si ya son preocupantes, y afectando su consumo, generando un ciclo vicioso difícil de detener.

Es por eso que, en medio de este oscuro panorama, las noticias de las ultimas dos semanas han sido un faro de luz que puede generar algo de esperanza para un sector tan sensible en el desarrollo de las naciones como lo es la educación.

Y es que anuncios como los realizados por la Alcaldía de Medellín de garantizar lo que se ha denominado “Matricula Cero” (ningún pago por el servicio de educación) en las tres instituciones de educación superior adscritas a la municipalidad han generado anuncios similares en otras jurisdicciones del país a la que se han sumado la Universidad de Antioquia, la Universidad Distrital en Bogotá, entre otras.

Cabe anotar que las instituciones que se han sumado a este “movimiento” son de carácter público y que se unen a acciones particulares que han tomado instituciones de carácter privado; como por ejemplo la Universidad CEIPA Business School (en la cual soy catedrático y en donde por cierto no he tenido carga académica en el ultimo periodo a causa de la situación sanitaria) en donde el 76% de los estudiantes o son beneficiarios de algún tipo de auxilio económico o son totalmente becados.

Es importante que este movimiento atraiga a más instituciones dispuestas a realizar los esfuerzos presupuestales suficientes para garantizar la “Matricula Cero” y permitir que esos niveles de deserción que se esperaban no se presentan y que sirva, más allá de una medida coyuntural, como un piloto que permita institucionalizar esta medida y convertirla en una iniciativa estructural en una apuesta por hacer de la educación una prioridad en el país.