Emprendimiento ético: la fórmula del cambio necesario

Emprendimiento ético: la fórmula del cambio necesario.

El emprendedor es una suerte de alquimista de los tiempos actuales. Nadie como él tiene las posibilidades y capacidades de transformar e influir en el entorno que le rodea. Un individuo que logró reunir la fuerza y voluntad para enfocarse en una idea y convertirla en realidad, tiene necesariamente el poder de movilizar, de generar cambios positivos a su alrededor.

El emprendedor, más allá de un temperamento proactivo orientado al logro, cuenta con una herramienta mucho más poderosa para incidir en el entorno: una elaborada habilidad de sacar ventaja de los recursos tecnológicos a su disposición, especialmente aquellos que tienen que ver con el manejo de información y nuevas tecnologías.

El emprendedor tiene amplísimas oportunidades de romper paradigmas, de traspasar fronteras, de influir en la opinión pública en los más diversos ámbitos. Se mueve en un terreno desde el cual puede permanecer, si lo desea, fuera del alcance de los grupos de presión convencionales. Podría decirse que el emprendedor aun ostenta una suerte de beneficio de inmunidad que parece asignársele a los actores emergentes, quizá por la esperanza que encarnan como potenciales agentes de cambio.

Y aunque este beneficio no implique exención de controles a la actividad del emprendedor, no puede negarse que gracias a él, el emprendedor goza de una cierta libertad de acción, que es donde radica la fuerza del emprendimiento para crecer y desarrollarse. Y como siempre, la libertad comporta desafíos, principalmente de tipo moral y ético. En el caso del emprendedor, la cuestión es cómo impulsar un proyecto y aprovechar al máximo las oportunidades del momento, sin sacrificar el componente ético.

El emprendimiento no sólo es posible, sino necesario. Ingenio, voluntad y determinación, combinados con rectitud, transparencia y honestidad, constituyen la fórmula del emprendimiento ético, el que reclama una sociedad como la que nos toca vivir en estos tiempos, con una crisis fundamentalmente moral, donde se impone la urgencia de rescatar valores y principios.

En el emprendimiento están no sólo los nuevos modelos de negocio y opciones de inversión que reactivarán economías y mercados, están sobre todo las oportunidades de reactivar el engranaje moral de la sociedad y hacer posible ese mundo mejor al que todos aspiramos. De allí que, reconozcamos al emprendedor como el alquimista de los tiempos actuales. Tal vez parezca exagerada y hasta ridícula la comparación, pero es que si hoy día hay alguien con el poder en sus manos de combinar talento, conocimiento, actitud y conciencia para generar el cambio cualitativo hacia una sociedad mejor y más justa, ese alguien, en mi opinión, es el emprendedor.

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