El Trineo de Viento de Larramendi: la perfecta unión entre tradición y tecnología

Ramón Larramendi, este miércoles durante su conferencia en el Immune Coding Institute de Madrid. | FOTOS: Alberto Orellana

Los posibles perfiles de este aventurero, al que no le gusta autodefinirse, son tantos como las posibilidades que ha abierto (y no pocas bocas) en la investigación científica de las regiones polares. Él escoge el de explorador, aunque otros como el de inventor y el de emprendedor le van como un guante. Ramón Hernando Larramendi (Madrid, 1965) estuvo este miércoles en las Immune Talks del instituto digital para contar su proyecto empresarial. Hoy es la piedra angular de 10 investigaciones científicas internacionales: El Trineo de Viento o Inuit Windsled. El primer vehículo para “navegar” por el hielo.

En 1999, tras una gran expedición, Larramendi (que lleva más de 30 años explorando los polos) se preguntó cómo no era posible navegar por esos inmensos “océanos de hielo”. Tres años en los que diseñó y dirigió la campaña Circumpolar de Maprfe alrededor del Ártico americano desde Groenlandia hasta Alaska. Allí aprendió todas las técnicas de la vida inuit, el único pueblo que ha logrado sobrevivir al frío polar: desde el idioma (que habla con fluidez), hasta el manejo de los trineos, la pesca, el kayak…

En el mundo de la exploración polar, conseguir navegar por el hielo “siempre ha sido un sueño” de los intrépidos que se han atrevido a cruzarlo, comentó Larramendi. Por ello su acierto en el diseño de este sistema de transporte es doblemente remarcable: ya había intentos de fabricarlo en el siglo XIX, según relató. “Todos los clásicos pensaron en cómo utilizar el viento”; Fridtjof Nansen, Robert Scott, Roald Amundsen…

Las grandes mesetas polares, en especial la de la Antártida (la más grande), son desiertos de hielo con temperaturas extremas. Los últimos registros hablan de -40ºC en verano y cerca de -90ºC en invierno. Para el explorador es un terreno “más parecido a la superficie de otro planeta”. Su idea mejoró todos los intentos previos con un vehículo capaz de superar las adversidades meteorológicas más extremas. Y sin combustible. Sólo viento e ingenio.

Siguiendo los diseños tradicionales de los trineos inuit, el explorador madrileño logró combinar su arquitectura con los materiales más avanzados. El resultado es una suerte de tren de tiendas de campaña instaladas sobre una concatenación de trineos, como un convoy. Y todo ello impulsado por el poder del viento concentrado en una enorme cometa de hasta 80 metros cuadrados. La perfecta unión entre la tradición y la tecnología más puntera.

Tras varios años de pruebas en Groenlandia (el lugar más aproximado al escenario antártico), finalmente en 2005-2006 lograron la primera travesía de la historia en un vehículo movido por el viento a través de la Antártida. Las condiciones fueron mucho más extremas que en el terreno de pruebas, y el vehículo llegó incluso a romperse. Pero también gracias a ello se pusieron de manifiesto todas sus ventajas, que no son pocas.

Además de la característica ecológica, el trineo eólico de Larramendi derrocha simpleza (unos trineos unidos por cuerdas y una cometa), economía (a años luz de las alternativas motorizadas), versatilidad y fiabilidad, (ya que se puede reparar con los materiales de abordo). En las condiciones polares “dependes de lo que tú puedas hacer”, señaló el inventor; “tienes que ser capaz de reparar absolutamente todo con tus medios”.

A la vuelta de este viaje, el equipo de Larramendi se topó con un grupo de investigadores franceses. Ellos les dieron la idea de cuánto potencial de investigación científica polar tenía su proyecto. Las costosas incursiones árticas y antárticas habían encontrado en el español el laboratorio móvil polar idóneo. Se reforzaron los materiales y la capacidad del trineo.

El resto es ya historia de la investigación científica polar: un total de 10 proyectos internacionales y numerosas expediciones transantárticas, circunnavegando Groenlandia y explorando la Antártida más desconocida, que está ahora mismo en curso. Todo un éxito de alguien que define su primera experiencia a bordo del Trineo de Viento en la región más norteña de la Tierra como una “inmersión en un mundo en extinción”.