La OCDE pone de manifiesto el alto precio de la guerra en Ucrania

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La invasión de Ucrania por parte de Rusia frenó de inmediato la recuperación posterior a la pandemia de COVID-19 y ha llevado a la economía mundial a una senda de menor crecimiento y creciente inflación.

La última edición de las Perspectivas Económicas de la OCDE prevé que el crecimiento mundial se desacelere bruscamente, hasta situarse en torno al 3% este año y en el 2,8% en 2023, quedando muy por debajo de la recuperación proyectada en las anteriores Perspectivas Económicas de diciembre. 

El impacto económico y social de la guerra es especialmente fuerte en Europa, y muchos de los países más castigados son europeos, lo que se explica por la elevada exposición de la región a través de las importaciones de energía y los flujos de refugiados.  

La alta inflación está erosionando los ingresos y el gasto de los hogares, afectando con especial dureza a los más vulnerables. La amenaza de sufrir una grave crisis alimentaria sigue siendo muy seria para las economías más pobres del mundo, debido al elevado riesgo de escasez de suministros y a los altos costes.

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Nuevas subidas de los precios de los alimentos y la energía y la persistencia de cuellos de botella en las cadenas de suministro son factores clave que harán que la inflación de los precios al consumo alcance niveles máximos en cotas más altas y se mantenga elevada durante más tiempo de lo previsto.

En algunas economías avanzadas, las proyecciones ahora apuntan a niveles de inflación no vistos desde la década de 1970. Cabe esperar que las presiones de los costes tiendan a ceder a medida que el impacto de la subida de los tipos de interés empiece a notarse a lo largo de 2023. No obstante, aún se prevé que la inflación subyacente se mantenga en los rangos objetivo de los bancos centrales o por encima de ellos en muchas de las principales economías.

«Países de todo el mundo se están viendo afectados por la subida de los precios de las materias primas, que acentúa las presiones inflacionistas y contrae los ingresos reales y el gasto, obstaculizando la recuperación», según declaró Matthias Cormann, secretario general de la OCDE, en su presentación de las Perspectivas Económicas.

«Esta desaceleración es directamente atribuible a la guerra de agresión no provocada e injustificable de Rusia, que está ocasionando un descenso de los ingresos reales, una desaceleración del crecimiento y menos oportunidades de empleo en todo el mundo».

La incertidumbre en torno a las perspectivas es elevada y está impregnada de importantes riesgos negativos. No sabemos hasta cuando se prolongará la guerra de Rusia contra Ucrania y cuánto podría agravarse.

Muchas economías de bajos ingresos y emergentes se verán particularmente afectadas por el aumento de los precios de los alimentos y de la energía, la ralentización del crecimiento de la demanda en sus mercados de exportación y la posibilidad de sufrir salidas de capitales, en la medida que suban los tipos de interés en los países avanzados.

Por otro lado, la pandemia no ha terminado: aún podrían aparecer variantes más agresivas o contagiosas, y las políticas de COVID cero aplicadas en China son susceptibles de seguir afectando a las cadenas de suministro.

«Las Perspectivas Económicas son inquietantes, y el mundo ya está pagando el precio de la agresión rusa», señaló Laurence Boone, economista jefe. «Las decisiones que tomen los responsables de formular políticas y los ciudadanos serán cruciales para determinar hasta dónde llegará ese precio y cómo se va a repartir la carga. Un precio que el mundo no debe pagar es la hambruna».

Una mayor cooperación internacional es esencial para evitar una crisis alimentaria. Reducir las restricciones a la exportación, que hacen subir los precios mundiales, intensificar esfuerzos para transportar productos básicos desde Ucrania y ofrecer asistencia directa bien canalizada beneficiaría a los países castigados por las actuales convulsiones.

Proteger a los hogares de bajos ingresos de los costes de la guerra debe revestir la máxima prioridad para los poderes públicos. Sin embargo, la mejor opción para prestar este apoyo y amortiguar el impacto de los precios más altos es la adopción de medidas fiscales temporales, debidamente orientadas y supeditadas a la evaluación de los medios económicos de los beneficiarios.

En la mayoría de las economías donde el crecimiento y el empleo son saludables, el nivel de inflación ya no justifica una política monetaria acomodaticia. Cuanto más extendida y arraigada esté la inflación, más rápidamente se debe atajar. Es probable que sean necesarias nuevas subidas de los tipos de interés en muchas economías emergentes, para así contribuir a anclar las expectativas de inflación y evitar salidas de capitales con efectos desestabilizadores.

La guerra ha vuelto a poner de relieve la importancia de la seguridad energética. Acelerar la transición hacia energías verdes permitiría mejorar la seguridad energética, al tiempo que se reducirían las emisiones de carbono. Los incentivos regulatorios y fiscales pueden estimular el avance hacia fuentes de energía alternativas, pero las inversiones a gran escala en energías renovables van a precisar cobre, tierras raras y otros materiales que se concentran en unos pocos países. El libre comercio internacional resulta, por tanto, esencial para lograr la transición y la seguridad energética.