Fraude al cuadrado

En la actualidad, el fraude a las empresas en España supone un montante de más de 60.000 millones de euros anuales. Cabe destacar que más del 40% de las empresas españolas ha sufrido fraude interno, causando un gran impacto en su reputación y generando un costo difícil de cuantificar, pero relevante.

Por Pedro A. Río Rodríguez-Ponga gerente de Afirr Consulting

El fraude empresarial se ha visto impulsado por la globalización económica, consistente en la gran agilidad para mover el capital junto con el avance de las nuevas tecnologías, con el agravante de tener que enfrentarnos a nuevos entornos, nuevos ecosistemas, la posibilidad de exigir el cumplimiento/ejecución inmediata de una orden de pago, transferencia o similar, nuevos equipos de personas…

Con el auge de Internet como entorno comercial, ha habido un crecimiento de delitos atribuibles al crimen organizado. Según indican cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, son grupos que cuentan con recursos que utilizan cada vez más con el fin de eludir a la justicia.

Los defraudadores son cada vez más audaces, se adaptan a los continuos cambios de las tecnologías para corromperlas y consiguen burlar las barreras de seguridad con sus grandes habilidades, haciéndolas sus herramientas más útiles.

Existe en general un mayor sentimiento de “ganar mucho dinero a cualquier precio”. Este extremo se ha incrementado en los últimos años debido a la sensación (en determinados puestos y empresas) de “anonimato” que produce el uso de las nuevas tecnologías a los posibles delincuentes.

En la era COVID, más del 68% de las pymes han sido víctimas de fraude y de ellas, más del 80% mediante ataques a través de direcciones de correo electrónico manipuladas. El fraude interno por suplantación de identidad se ha visto favorecido por controles deficientes, mal manejo de la información, y falta de formación/concienciación de empleados.

Ninguna empresa está exenta de sufrir un fraude. Desde una pyme a cualquier multinacional conocida. Son ejecutados por personas que poseen una posición relevante en el organigrama, gozan de un amplio conocimiento de la empresa y de la confianza del equipo directivo.

Los delitos económicos cometidos mediante el uso de las nuevas tecnologías son más difíciles de rastrear que los ejecutados de forma convencional y también puede resultar complejo el obtener las pruebas irrefutables para verificar lo ocurrido y hacerlas valer ante un tribunal, si procede.

Cuando una compañía es víctima de un fraude, debe de ser consciente de que ha sido un ataque elaborado, de forma organizada y, casi nunca, en solitario, resultando muy recomendable utilizar los recursos necesarios (consultoras de forensic) para dilucidar cómo se ha urdido exactamente el robo, la apropiación indebida, etc., con el fin de realizar las acciones correctoras que harán muy difícil que vuelva a suceder.

En empresas como Afirr Consulting se realiza la verificación de fraudes y comportamientos irregulares. Su labor arrancar obteniendo toda la información necesaria con el fin de conseguir el esclarecimiento de los hechos, prosigue asegurando las pruebas existentes de la forma más eficaz con el objetivo de identificar el origen del fraude y afrontar una batalla legal con todos los elementos necesarios y, en lo posible, el fin último es recuperar lo sustraído.

Es muy común también el fraude en los seguros. En el país de la picaresca, después del timo se encuentra el fraude, y por supuesto el fraude a los seguros.

Antiguamente solía consistir en que el asegurado declaraba haber sufrido daños por una cantidad muy superior a lo que realmente era. O aseguraba haber sufrido unas lesiones que realmente eran mucho más leves de lo reclamado o inexistentes.

Hoy en día los potenciales defraudadores han incrementado su actividad considerablemente, teniendo en cuenta que durante muchísimos años este engaño a las compañías les ha sido muy rentable y la inversión ha sido mínima en la lucha contra el fraude.

Las reclamaciones fraudulentas que antes sólo hacía una pequeña parte de los asegurados han aumentado en número. Con el tiempo el abanico de intento de fraude también pasa por declarar el falso robo de un vehículo, simular colisiones, falsos daños materiales, incendios preparados, falsos perjuicios por lesiones (daños corporales, tratamientos), etc.

Sólo los defraudadores que acuden ante un juez por la comisión de un delito de fraude llegan a ser conscientes de la gravedad que puede suponer “engañar al seguro”. En los últimos 10 o 15 años, las grandes compañías de seguros han aumentado su inversión en recursos para combatir el fraude, cada año.

En esta área, el factor humano sigue jugando un papel fundamental para realizar la criba de siniestros potencialmente fraudulentos, realizar las labores de averiguación y conseguir las pruebas necesarias para rechazar una indemnización a un asegurado con el objeto de que, si éste demanda a la compañía, salga airosa:

  1. Con una formación específica con el fin de poder visualizar si se encuentran ante un siniestro común o puede existir algún tipo de irregularidad.
  2. Investigadores privados. Especializados en el esclarecimiento de siniestros relacionados con vehículos y lesiones.
  3. Peritos forenses. Con probada reputación en el uso de nuevas tecnologías que posibilitan el análisis de las partes electrónicas de los vehículos.