NFT, ¿la clave del futuro?

Blockchain es una de las palabras de moda en el mundo de los negocios. Suena a innovación, a tecnología puntera, a seguridad de las operaciones y, sobre todo, suena a futuro. Pero la tecnología blockchain (o de cadena de bloques securizados criptográficamente) está aún en su infancia.

La expectación es tanta como la investigación y el desarrollo y, como adolescente desmañada, casi cada día vemos cómo crece y afianza su personalidad en múltiples direcciones hasta que poco a poco se va convirtiendo en adulta.

Por Nicolas Julia, CEO de Sorare

Aunque la mayoría asocia el blockchain con las criptomonedas (y más concretamente con el bitcoin), su uso y sus posibilidades han sobrepasado esa frontera. Pero, como decimos, no es lo único, el blockchain tiene numerosas y variadas aplicaciones, algunas de ellas útiles para el día a día de cualquier empresa.

Por ejemplo puede aplicarse a la consecución, conservación y transmisión de registros fiables; a la generación de rastros para auditorías; a la conformidad regulatoria automática o a los votos en unas elecciones. Y sin duda veremos muchas más.

Los NFT (non fungible tokens) son la ‘moneda’ de cambio que podemos intercambiar en este mercado virtual. Pero no necesariamente tienen que ser una moneda, o dinero, sino cualquier activo que tenga un valor intangible, imaginemos un cuadro valioso por el que muchos compradores están dispuestos a pujar, o un cromo de fútbol único en el mundo, un documento de la Segunda Guerra Mundial…

Gracias a la tecnología blockchain cualquier ‘bien’ virtual puede ser comprado, vendido o intercambiado siempre que cumpla algunos requisitos como la escasez (si son activos digitales deben disponer de un contrato NFT que garantice que no se pueden replicar y que existe un número limitado de los mismos); proveniencia (el registro electrónico está disponible para cualquier usuario en cualquier momento, y les permite saber de dónde viene ese activo y por dónde ha pasado antes de llegar a ellos) y que pueda usarse en distintos mercados (un bien NFT puede ser utilizado y activado en distintas aplicaciones descentralizadas, existentes hoy o no); que sea único y que no se pueda ‘gastar’ (non fungible).

En nuestro caso, los ‘tokens’ de Sorare son cromos digitales que son oficiales, de edición limitada, seguros, rastreables y que tienen un valor de salida que luego puede cambiar con las compras o ventas pero que siempre puede ser trazados.

Los usuarios son cada vez más conscientes de esta nueva realidad tecnológica, así como de las garantías de seguridad y fiabilidad que aportan, por lo que para las empresas es mucho más que una cuestión de eficiencia, lo es también de imagen. No pueden mirar para otro lado en la transformación digital en general ni en el blockchain en particular.