‘Obsolescencia humana’: La importancia del “debate ético” de los algoritmos

Ni la imprenta era mala, ni la máquina de vapor el demonio. Pese a los detractores de las nuevas tecnologías, el enemigo (y el aliado) está en nosotros, en cómo las usamos. La ciencia de los últimos 30 años dibuja otro hito en el desarrollo humano, pero las consecuencias crecen exponencial e impredeciblemente. La clave: el debate ético sobre el diseño y el uso de los algoritmos, para evitar irresponsabilidades y potenciar sus beneficios.

Jesús Briones, (RRHH business partner en CEPSA) se sumó este jueves a las casi 100 videoconferencias organizadas por el Grupo CEF.- UDIMA bajo el hashtag #QuédateEnCasa, con motivo de la crisis del coronavirus. Su ponencia trató de que nos hagamos la sana pero compleja pregunta de qué tipo de tecnología queremos. Justo en un momento en que, cuando parecía que lo podíamos todo con la ciencia, ha llegado un virus que “nos ha puesto los pies en el suelo”.

Caminábamos en una senda que iluminaba, a un lado, uno de los momentos con mayores posibilidades evolutivas de la historia, y al otro, un aumento paralelo de los riesgos. En esta senda, como siempre, detractores y defensores: la revolución digital nos llevará a mejoramiento humano (transhumanismo), pero perderemos muchos puestos laborales. Por no hablar de la sensación de control de un ‘Gran Hermano’ sobre todos nosotros.

El “bazar” de Internet

A nivel empresarial, la confluencia de las tecnologías disruptivas (iA, Big Data, IoT) trae “inmensas”posibilidades. Cosas que hace nada eran ciencia ficción y que ahora ya son “palpables”. Por ejemplo: sistemas de RPA (pequeños robots para automatizar procesos de negocio). Además, todo está conectado, por lo que sus efectos son exponenciales, y “ni un tecnólogo se atrevería” a vaticinar de qué seremos capaces ni siquiera en 2021, comentó.

Lo que sí sabemos es que bajo todas estas tecnologías están los datos: el petróleo de todo el proceso digitalizador. Sí, lo sabemos: “Cuando algo es gratis, el producto eres tú”. Según Briones, hemos tomado conciencia de que “somos productos en el gran bazar de Internet”. Pero es la “única forma” de seguir en esta ola digital. Es decir: “Nos hemos resignado”.

Los datos “en sí no valen nada”. Sólo sirven cuando permiten sacar conclusiones. Y ahí entra la preocupación de Briones, que ilustra en su último libro Humanización de la era digital. En su opinión, caminamos hacia una pérdida del “factor humano” en la toma de decisiones. ¿Llegará un día en que nuestras decisiones las tomemos pero nazcan de un algoritmo? ¿Avanzamos hacia la ‘obsolescencia humana’?, plantea. Algo sobre lo que deberíamos reflexionar, pues “nos afecta a todos”. Incluso sin trabajo “generas datos”.

‘Algoritmizar’ vidas

Y es que el concepto mismo del trabajo va a mutar. La revolución digital a nivel laboral pasa por plataformas que terminarán actuando como intermediario entre la oferta y la demanda. Sin apenas intervención humana. Briones zanja el tema de la destrucción de puestos con un punto intermedio: “Al final habrá más puestos que pérdidas, pero también habrá un tránsito con muchos perdedores”.

Para “sobrevivir” a ese tránsito, donde ya hay máquinas que mejoran el trabajo de los traders y psicólogos,”necesitamos un enfoque ético“, defiende Briones. El trabajo ya no dependerá exclusivamente de habilidades intelectuales; ya no se valorará únicamente desde el prisma económico. Necesitamos hacernos preguntas como “¿son neutros los algoritmos?” “¿Quién asumirá las responsabilidades de su decisiones?”

El experto en gestión humana ya avanza que no son neutros. “Se repiten sesgos del propio diseñador del algoritmo“. Por ello, si vamos a dejar que terminen de inundar nuestras vidas, debemos entender no sólo cómo está hecho el algoritmo, sino para qué. “Hay que poner ciertos controles en el propio diseño porque nos jugamos mucho”, advierte Briones. Hay que debatirlo, pues corremos el riesgo de “despersonalizar la responsabilidad”. Tenemos que poner una “línea roja” que no se debe traspasar: los juicios éticos y morales.

Digitalización ¿era esto?

Hay que plantearse qué lugar ocupará la sociedad del futuro y el de la tecnología que haya en ella. “El problema nunca es la tecnología, sino cómo la usamos. Ese es el gran reto que tenemos”, insiste Briones. En su opinión, algunas pautas que determinan los aspectos más tangibles de la digitalización que ya vivimos son el teletrabajo, la mentira y la vigilancia.

Trabajar en remoto es una realidad. Fruto de la crisis del COVID19, es verdad. Pero lo primero que harán las juntas directivas de las empresas después de todo esto será preguntarse: ¿es necesario mantener unas oficinas carísimas en el centro? “Estoy 100% convencido”, sostiene Briones. Surge así la figura del “nuevo jornalero” que trabaja sin apenas interacción humana porque no la necesita. Legisladores, estén “muy alerta”.

Por otra parte, la mentira no es nueva, pero sí el modo en que la transmitimos. Lo de Trump es sólo el principio, apunta el experto, que exhorta a que seamos “vigilantes”. Una palabra, vigilancia, que ahora vuelve al foco del problema: “Claro que es necesario poner apps para identificar si portamos el coronavirus y las personas con las que hemos tenido contacto. Pero debemos plantearnos cómo se usará después y para qué”, reflexiona.

Debemos apoyarnos en la ética, “gran castigada” en los procesos de crecimiento tecnológico de los últimos años. Discutamos y, en su caso, critiquemos el diseño de los algoritmos desde una visión constructiva y ética, no sólo económica. Una mirada que nos permita evitar los efectos negativos de esta nueva y futura realidad. Una que nos permita centrarnos en los positivos, como los que han demostrado China o Corea contra el virus.