Incompetencias empresariales

El exceso de jerarquía en las organizaciones frena su desarrollo.

Incompetencias empresarialesEn toda organización humana existen una serie de ineficacias que es preciso analizar y conocer para poder erradicarlas o, al menos, minimizar el impacto de estas incompetencias. Una empresa, sea cual sea su razón de ser, no deja de ser una organización compuesta por seres humanos y, por tanto, expuesta a sus ineptitudes.

En el mundo empresarial, nos encontramos en muchas ocasiones con organizaciones sumamente jerarquizadas que no hacen más que entorpecer decisiones y alargar al máximo procesos que no requieren tanto tiempo. Reuniones que se eternizan, reuniones después de esas primeras para aclarar lo que no se decidió en la primera, listados para entregar e infinidad de horas al año atendiendo correos electrónicos.

En relación a esto, existen una serie de principios y leyes, algunas en tono satírico pero todas ellas con estudios que las respaldan y que indican que, efectivamente, muchas organizaciones tienen una gestión incompetente.

Por citar algunos de ellos, son ejemplo de estos hechos los Principios de Dilbert o Peter, el efecto de Dunning-Kruger o las Leyes de Parkinson. Veamos en que consisten cada una de ellas para poder hacer un autoanálisis y comprobar así como son de comunes estos principios en nuestra vida cotidiana.

El principio de Peter, enunciado en 1968 por Laurence J. Peter, dice que “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Luego añadía: “La nata sube hasta cortarse”.

Este principio afirma que en organizaciones muy jerarquizadas, toda persona que realiza de manera eficaz y eficiente su trabajo, suele ser ascendido hasta un punto en el que ya no es competente en su trabajo.

El no ser competente puede ser por diversos motivos y uno de ellos es la desmotivación que le provoca al sujeto no estar haciendo lo que realmente le apasiona y para lo que realmente está preparado.

Relacionado con el principio de Peter encontramos el de Dilbert, en tono más satírico. En este caso, su creador, Scott Adams, afirma que las organizaciones tienden a ascender a sus empleados menos competentes a cargos directivos y así minimizan los daños que pueden provocar a la compañía. En este caso, critica la cantidad de mandos intermedios que puede llegar a tener una organización, los cuales no tienen contacto directo con el trabajo productivo.

Siguiendo con este conjunto de comportamientos y sesgos que hacen de una organización una red ineficaz, encontramos el efecto de Dunning-Kruger. Postulado y demostrado por Justin Kruger y David Dunning, los autores afirmaban que “La sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás”.

Este efecto explica como los trabajadores -y las personas en general- menos competentes o con menor número de capacidades, creen que son superiores a todo aquel que les rodea, sentimiento totalmente enfrentado con la realidad. Asimismo, aquellas personas mejor preparadas, tienden a subestimarse pensando que lo que a ellos les resulta sencillo es porque es sencillo para todo el mundo.

Este punto es interesante, ya que, en organizaciones jerárquicas, si uno de los mandos intermedios sufre esta ceguera sobrestimando sus propias habilidades, creerá que todo su equipo es inferior a él, y no aceptará ni reconocerá la habilidad de los demás. Hecho que va en contra de todo tipo de crecimiento personal, de equipos eficientes y de modelos de liderazgo.

Por último, veamos las tres leyes de Parkinson, enunciadas por Cyril Northcote Parkinson y que datan de 1957.

  1. “El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización”.

  2. “Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”.

  3. “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia”. -Llamada también la ley de la trivialidad o efecto del estacionamiento de bicicletas-.

Estas tres leyes, resumen a la perfección las incompetencias a las que se enfrentan las organizaciones. Pérdidas de tiempo, alargar tareas sin necesidad, dar una importancia desproporcionada a asuntos que no lo requieren y, sobretodo, jerarquizar en demasía la organización, hacen que los procesos no sean fluidos, que no se consiga focalizar los objetivos y que la estrategia empresarial no vaya en un sentido claro y coherente.

De nada sirven los planes estratégicos, los mapas de objetivos, los análisis externos de la organización, si los mayores problemas se encuentran en el interior de la empresa. Organizaciones más horizontales son más eficientes. Los modelos dictatoriales y jerárquicos son sólo trabas en el desarrollo empresarial.

Implantar un sistema jerárquico sin necesidad lastra la creatividad de los colaboradores y, según los principios enunciados en este texto, recompensa la incompetencia.

La nueva sociedad, de gran competencia, necesita organizaciones más eficientes, con mayor flexibilidad y basadas en modelos de liderazgo que hagan de la compañía un lugar de cristalización del conocimiento y puesta en práctica del mismo para aportar beneficios.