De la industria productiva a la de distribución: ¡Apostemos por la formación y la innovación!

Mi vida transcurre en una localidad cercana a la ciudad de Barcelona. Una población otrora industrial y que, año tras año, ve como su tejido productivo pierde músculo en favor de otro tipo de industrias. En los últimos tiempos empresas multinacionales muy arraigadas al municipio, han decidido cerrar sus puertas trasladando su actividad a otros países con el consiguiente daño ocasionado al mercado laboral local.

En el mejor de los casos, las instalaciones “abandonadas” son devueltas a la vida con nueva actividad empresarial. En otros casos, la economía se detiene “sine die” parando la vida laboral de muchos de mis conciudadanos. Un goteo constante que contrae la economía local y que augura una etapa compleja para un sector, el industrial, que poco a poco abandona nuestro país para buscar fortuna en territorios emergentes.

Mientras tanto, en España, los empleados de estos sectores industriales de producción ven como sus oportunidades de continuidad laboral descienden y, por lo tanto, deben remodelar su propuesta de valor como empleados en otros sectores diferentes. Y es que, en España, cada vez se produce menos… ¡y se almacena más!

Los gigantes de la distribución mundial han elegido nuestro país como hub internacional de distribución a nivel nacional, europeo y mundial y, por este motivo, están instalando sus grandes almacenes logísticos en los polígonos industriales en los que antaño producíamos automóviles o cualquier otro bien de consumo.

Quiero hacer un breve parón en esta historia, para poner el foco en la propia denominación de las unidades urbanísticas en las que se ubican las empresas, mayoritariamente, del sector secundario y terciario. Estos espacios que conocíamos como polígonos industriales también están sufriendo una transformación en su nomenclátor para definir, con mayor acierto, a las empresas que se concentran ahí.

De este modo, en muchos casos, hemos pasado de polígonos industriales que hacen referencia a la economía productiva, a parques de actividades económicas que incluyen estos y otros sectores de actividad. Parece ser que nos encontramos ante una denominación que pretende ser más inclusiva y fiel a la actividad que se desarrolla, actualmente, en estos enclaves.

La desindustrialización de nuestro país empieza en la década de los sesenta, cuando el mundo se da cuenta del potencial turístico de España. Las horas de sol, la estabilidad climática, un entorno privilegiado y nuestra ubicación estratégica, hacen que nuestro país se convierta en el lugar de veraneo de Europa. Y con la llegada de británicos, franceses, alemanes, suecos… muchas personas inician su actividad en el incipiente sector turístico. Un sector que, durante décadas, ha experimentado un crecimiento exponencial que lo ha llevado a ser el 12,4% del PIB (2019).

En el momento de incertidumbre actual el sector turístico, que empleaba a casi 3 millones de personas en nuestro país, languidece víctima de la pandemia de COVID en el mundo. En Cataluña, por ejemplo, la actividad turística ha caído cerca de un 80% en 2020 y, en 2021, la incertidumbre traerá consigo una recuperación más lenta de lo deseable. Buen momento, dicen algunos, para reorientar nuestra propuesta turística y de ocio hacia modelos más sostenibles.

Entonces, si tenemos al sector productivo en horas bajas y nuestro modelo turístico hace aguas debido al COVID… ¿qué industria está en disposición de absorber a la gran cantidad de profesionales a los que el cambio económico que se está produciendo, desde hace años, dejará huérfanos de empleo?

Si un sector es el gran beneficiado de esta crisis provocada por la pandemia global de COVID-19 en el mundo, este es el del comercio electrónico. Lo hemos compartido con vosotros, a través de este mismo portal y otros portales amigos, en otras reflexiones acerca de la evolución del retail español post-COVID.

Los hábitos de consumo de los españoles están cambiando y, si bien es cierto, que aun priorizamos la compra en entornos físicos, también es cierto que el proceso de compra digital ha experimentado un avance muy significativo durante los meses de pandemia. Un crecimiento que, meses después, estamos observando que las marcas están logrando retener y capitalizar.

Y entre todos los players del sector, los marketplaces más importantes necesitan, cada vez más, incorporar nuevos almacenes para satisfacer la demanda de sus usuarios. El consumidor, cada vez mejor preparado y más exigente, reclama una experiencia en la que la disponibilidad del producto y el tiempo de entrega se convierten en indicadores clave de su satisfacción. Poder comprar hoy y disfrutar mañana se convierte en casi una obligación a la que Amazon, por ejemplo, ya nos tiene habituados. Y para poder seguir ofreciendo una experiencia a la altura del consumidor digital, se necesita una infraestructura logística extensa y dotada de la mejor tecnología.

Esto último, según mi modo de entender la evolución de nuestro mercado laboral, constituye el siguiente y definitivo paso, para transformar la economía de España de una economía basada en la producción a otra basada en la distribución. Lo que queda menos claro es si el sector turístico, clave en el inicio de la desindustrialización, podrá recuperar los niveles previos a la pandemia y si lo hará siguiendo el modelo actual. Por ahora la incertidumbre se cierne sobre el sector. También en 2021.

La pregunta, entonces, es la siguiente. Si la industria productiva y el sector turístico español, actualmente en crisis, están haciendo un trasvase de profesionales al creciente sector de la distribución, ¿cómo afecta esta circunstancia a nuestro mercado laboral? ¿Incrementa su valor? ¿Tendrán cabida todos los profesionales que demandan empleo? ¿Habrá más opciones de desarrollo profesional y personal? ¿Tendrán los profesionales acceso a empleos de alto valor? ¡Me gustaría pensar que sí! Aunque, a priori, la respuesta está más cerca del “no”. ¿Por qué lo creo?

Vaya por delante que mi razonamiento, que puede ser equivocado, no ofrecerá una respuesta positiva a las cuestiones, anteriormente planteadas, por las siguientes razones que, además, constituyen los beneficios de estas plataformas digitales:

  • La tecnología: Si un aspecto caracteriza el negocio de los marketplaces como Amazon es el alto nivel de desarrollo tecnológico que incorporan a todos sus procesos. Sus almacenes, por lo tanto, no quedan al margen de la tecnología. Resultado: con menos empleados logran ser más eficientes.
  • Alta demanda: La alta demanda actual, por parte de los usuarios, y el crecimiento exponencial del comercio electrónico y de sus principales players, hacen que las empresas del sector necesiten posiciones muy concretas como, por ejemplo, conductores y mozos de almacén. Resultado: en este momento, el sector de la distribución precisa perfiles con poca especialización que no se traducirán en un aumento del valor del mercado laboral.
  • Filosofía anytime&anywhere: Es un lujo poder contar con plataformas de consumo que permitan realizar un pedido y recibirlo en un plazo muy corto de tiempo y en cualquier día de la semana. Resultado: los empleados ven como su conciliación laboral/familiar se complica.
  • Indicadores de servicio exigentes: plazos de entrega ajustados, entregas de pedidos en el primer intento, número elevado de entregas por conductor, niveles de satisfacción… Resultado: el bienestar de los empleados se ve comprometido durante la jornada laboral.
  • Gran cantidad de ofertas y promociones: el volumen de transacciones y la gran visibilidad que dan a los productos (escaparate online siempre disponible), les permiten ofrecer condiciones muy ventajosas en el precio de compra. Resultado: Esta cuestión va en detrimento de un comercio local más especializado que, en principio, puede ofrecer un servicio diferenciador pero que no puede competir en precio.
  • Crecimiento exponencial del negocio: en el momento actual el comercio electrónico y los principales marketplaces ven como sus cifras de negocio aumentan, de manera exponencial, fruto del cambio de mindset de los consumidores a raíz de la pandemia. Resultado: los equipos podrían estar respondiendo a la alta demanda con menos recursos de los necesarios. Esta circunstancia podría aumentar los niveles de estrés laboral.

En un momento complejo como el actual, cualquier tipo de inversión que favorezca la creación de empleo debería ser acogida con agrado, aunque también es cierto que los países y sus dirigentes deberían hacer un ejercicio de reflexión para posicionar al país como un referente en el ámbito económico que mayores beneficios pueda ofrecer al mercado laboral español.

De este modo, apostar por la industria de la innovación, por un mercado laboral altamente especializado que motive a la formación continua y al desarrollo personal y profesional, por actividades económicas sostenibles y responsables con la sociedad y el medio ambiente y/o para incentivar la creación de empresas, entre otras, deben ser parte de cualquier plan de desarrollo económico. Y, además de formar parte de un plan concienzudo, debería conllevar medidas que favorezcan la activación del plan estratégico.

“La mejor manera de predecir el futuro es crearlo” · Peter Drucker