Emprendimiento científico: claves para “transferir” una investigación a la sociedad

La secretaria de Estado de ciencia, innovación y Uniersidades (centro) en la apertura del V Congreso Nacional de Científicos Emprendedores, este jueves en Madrid. |FOTOS: Alberto Orelllana

Una investigación científica tiene como objetivo final impactar de un modo u otro en la sociedad. Cuando se desarrolla una solución de base científica se plantea una disyuntiva para que esta llegue a materializarse en la vida de las personas. Por un lado, transferir ese conocimiento a otros organismos públicos y/o empresas y que ellos la implementen. Por otro, todavía con cierto “temor”, la también válida opción de generar una spinoff (en investigaciones académicas) o una propia startup: el emprendimiento científico.

La primera jornada del V Congreso Nacional de Científicos Emprendedores, celebrado durante los días 9 y 10 de mayo en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), ha tocado de lleno este tema. Dibujar los entresijos que conlleva la tarea emprendedora del investigador científico. El evento ha planteado las claves para demostrar y fortalecer que las investigaciones científicas son capaces de “transformarse en dinero”. Lo ha defendido Alejandro Arranz, director general de innovación de la Comunidad de Madrid.

Primero, si queremos transferir en lugar de emprender, hay que saber que puede hacerse a través de una patente o no. “Tener una patente es fácil”, ha comentado Aitor Villafranca, pero “eso no significa que sea una buena herramienta para proteger una idea”. El CEO de la spinoff Situm (Universidad de Málaga). “Lo difícil es tener una buena patente”, ha dicho.

Además, hay conocimiento no tecnológico que “también hay que transferir”, como ha señalado Luzma García, responsable de transferencia tecnológica del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER). Y todavía más, hay elementos tecnológicos (know how) de un proyecto que “ni siquiera requieren de patente”, ha abundado García. La opción del emprendimiento sigue ahí, como un medio “ajeno” al investigador, pero que permite “compatibilizarlo” y “controlar tu empresa”, ha defendido Villafranca.

Más allá del estado del emprendimiento científico en España, entre las diferentes ponencias y mesas redondas se ha podido ilustrar que falta información y formación. Ambas son necesarias para que los investigadores den el salto a emprender o intraemprender en nuestro país. Esta doble carencia lleva a los científicos a cometer fallos “de base”. Por ejemplo, no tener una “actitud abierta a colaborar” y al “aprendizaje”. Eduardo Díaz, jefe del área de emprendedores de bases tecnológicas de Madri+d, ha recriminado esa excesiva confianza en un proyecto personal.

A veces el investigador “cree que lo sabe todo”, y el modelo de negocio puede depender simplemente de “escuchar al cliente”, ha comentado Díaz. A menudo a los investigadores que se lanzan les falta “involucrar a otros equipos” a la hora de emprender, ha dicho. Con él ha coincidido Judith Saladrigas, socia RCD de innovación y emprendimiento. En su opción, el investigador es una figura “muy poderosa”, pero debe conocer sus habilidades y su rol “en una liga que no es la suya”: gestionar un proyecto como empresa en el mercado.

En España los científicos cometen principalmente dos graves errores respecto al emprendimiento: pensar que es incompatible con su trabajo y, si deciden emprender, “pensar que tú puedes hacerlo todo”. Así le ocurrió a Alfredo Azabal “Los científicos sabéis aprender de los errores. Buscad a alguien que desarrolle el modelo de negocio desde la idea; se requiere tiempo”, ha matizado Pilar Gil, directora de la Fundación Parque Científico de Madrid.