Noticia Inteligencia Artificial

El 94% de los españoles ignora los riesgos de privacidad de la inteligencia artificial

Por Redacción - Ene 27, 2026

A escasas horas de conmemorar el Día Internacional de la Protección de Datos este 28 de enero de 2026, la seguridad de la información personal y corporativa se sitúa en el centro de un debate necesario tras las revelaciones de NordVPN. Los hallazgos presentados por la firma de ciberseguridad dibujan un escenario de vulnerabilidad sistémica en el tejido profesional de España, donde la adopción tecnológica ha avanzado con una celeridad que la formación en seguridad no ha sido capaz de seguir. Los datos recopilados a lo largo del pasado año 2025 mediante la Prueba Nacional de Privacidad evidencian una desconexión preocupante entre el uso de herramientas de vanguardia y la comprensión de sus implicaciones estructurales, dejando al descubierto flancos que hasta ahora permanecían ignorados por el gran público.

La realidad estadística es contundente al señalar que el noventa y cuatro por ciento de los profesionales españoles carece de una comprensión clara sobre los dilemas de privacidad que emergen al interactuar con sistemas de inteligencia artificial en sus puestos de trabajo. Esta cifra no es simplemente un indicador de desconocimiento técnico, sino una señal de alarma sobre cómo la búsqueda de la eficiencia operativa puede comprometer activos intangibles de alto valor. Mientras millones de trabajadores integran asistentes generativos para agilizar procesos de redacción o análisis, se produce un trasvase constante de información sensible hacia servidores externos, donde la trazabilidad del dato se pierde en algoritmos opacos que se alimentan de cada interacción recibida.

Marijus Briedis, director de tecnología de NordVPN, advierte con severidad que la naturaleza de estas herramientas difiere radicalmente de las interacciones humanas convencionales. A diferencia de una charla confidencial con un compañero de departamento, cualquier fragmento de información depositado en un chat de inteligencia artificial es susceptible de ser almacenado, procesado y reutilizado para el entrenamiento de versiones futuras del modelo. Esta arquitectura de aprendizaje continuo implica que detalles sobre estrategias internas, bases de datos de clientes o información financiera podrían terminar formando parte del conocimiento general de la máquina, creando brechas de seguridad involuntarias pero potencialmente devastadoras para la integridad de cualquier organización.

La problemática se extiende más allá de la fuga de datos interna para adentrarse en el terreno de las amenazas externas sofisticadas. El mismo motor tecnológico que permite automatizar tareas complejas está siendo capitalizado por redes de delincuencia digital para perfeccionar sus métodos de engaño. Casi la mitad de la población española admite su incapacidad para distinguir fraudes ejecutados mediante técnicas de manipulación audiovisual, como los deepfakes o la clonación de voz. Esta barrera cognitiva es especialmente peligrosa en un momento donde la perfección técnica de los ataques permite suplantar identidades con una precisión que desafía la intuición humana, convirtiendo lo que antes eran intentos de estafa burdos en operaciones de ingeniería social de alta fidelidad.

El impacto económico de esta falta de concienciación ya se refleja en las finanzas de los ciudadanos, con estudios que indican que un porcentaje significativo de personas ha sufrido pérdidas monetarias tras enfrentarse a estafas digitales en los últimos ejercicios. La democratización de estas tecnologías ha reducido drásticamente las barreras de entrada para el cibercrimen, permitiendo que actores sin grandes conocimientos técnicos lancen campañas de fraude masivas y personalizadas. Ante este panorama, los expertos insisten en la necesidad de establecer protocolos de verificación estrictos, como el uso de palabras clave familiares para emergencias o la validación de peticiones financieras a través de canales secundarios, asumiendo que, en el contexto actual, la veracidad visual ya no es una garantía de realidad.

La gestión responsable de la inteligencia artificial requiere una transformación cultural que sitúe la prudencia informativa como un pilar fundamental de la competencia digital. Revisar las políticas de uso corporativas y limitar estrictamente el tipo de datos compartidos con los asistentes virtuales son pasos indispensables para mitigar riesgos. La ciberseguridad en este nuevo ciclo no depende únicamente de soluciones de software avanzado, sino de una vigilancia activa y una educación constante que permita a los españoles navegar por la innovación tecnológica sin renunciar a su derecho fundamental a la privacidad y al resguardo de su identidad digital.

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