Noticia Ciberseguridad

El teletrabajo en España sufre un aumento del 58 por ciento en los ciberataques este año

Por Redacción - Ene 13, 2026

La consolidación del trabajo a distancia en el tejido empresarial español ha traído consigo una transformación estructural en la gestión del talento, pero también ha desvelado vulnerabilidades críticas que el cibercrimen está explotando con una intensidad sin precedentes. Al inicio de este 2026, los datos proporcionados por la firma especializada i3e confirman que los entornos de teletrabajo se han convertido en el objetivo prioritario de las organizaciones delictivas, registrando un incremento del 58% en el volumen de ataques en comparación con el ejercicio anterior. Esta tendencia no solo refleja una mayor actividad criminal, sino también una sofisticación en los métodos de intrusión que aprovecha la dispersión de los dispositivos y la fragilidad de las conexiones domésticas, las cuales carecen a menudo de los perímetros de seguridad que protegen a las sedes corporativas físicas.

La escala de esta ofensiva digital muestra una desproporción alarmante según el tamaño de la organización afectada. José María Fachado, director técnico de i3e, señala que la presión que soporta una gran corporación en una sola jornada equivale a lo que una mediana empresa recibe a lo largo de toda una semana de exposición. Esta saturación de intentos de acceso ilegal no es casual, sino que responde a una estrategia de asedio constante donde el factor humano y la falta de protocolos de seguridad robustos en remoto facilitan la labor de los atacantes. A pesar de que las pequeñas y medianas empresas manejan cifras de incidentes inferiores en volumen absoluto, el impacto de una brecha de seguridad en estas estructuras suele ser mucho más devastador debido a su menor capacidad de resiliencia y recuperación.

El origen de estas amenazas se sitúa mayoritariamente en el continente asiático, utilizando como vehículo de transporte a los propios proveedores de servicios en la nube. Los ciberdelincuentes han perfeccionado un modelo de operación basado en la volatilidad: emplean un servidor para sus propósitos y, en el momento en que este queda comprometido o deja de ser útil, saltan al siguiente para replicar la maniobra de forma sistemática. Esta agilidad se ve potenciada por la integración de la inteligencia artificial en los procesos de ataque, lo que permite automatizar las ofensivas a una escala global. Estas herramientas inteligentes ejecutan miles de intentos de intrusión en cuestión de segundos, buscando grietas en sistemas que no cuentan con supervisión técnica constante o que presentan configuraciones obsoletas.

Uno de los riesgos más inquietantes descritos por los expertos es la creación de las denominadas redes zombi. Cuando un equipo o un servidor doméstico es infectado, no solo se ve comprometida la información que contiene, sino que el dispositivo pasa a formar parte activa de la infraestructura delictiva. Sin que el usuario o la empresa tengan la menor sospecha, sus recursos técnicos son utilizados como trampolín para lanzar ataques hacia terceros, amplificando el alcance del daño y dificultando la trazabilidad de los verdaderos responsables. Esta cadena de contagio digital subraya la importancia de entender que la seguridad de un solo terminal afecta a la integridad de todo el ecosistema interconectado.

El análisis de los puntos de entrada preferidos por los atacantes revela que el 75% de las incidencias se concentran en servicios de escritorio remoto y bases de datos SQL que permanecen abiertas y sin la debida protección. Estos servicios son esenciales para la operatividad del teletrabajo, pero su exposición directa a la red sin capas de cifrado o autenticación multifactor constituye una invitación al desastre. La recomendación de los especialistas es clara: la prevención debe ser el eje central de la estrategia tecnológica, priorizando la elección de proveedores cloud con altos estándares de certificación y la implementación de políticas de seguridad estrictas que acompañen al empleado más allá de las paredes de la oficina, garantizando que el hogar no sea el eslabón más débil de la cadena corporativa.

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