Los economistas revisan una décima a la baja la previsión de crecimiento en España para 2022 y 2023

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El Consejo General de Economistas ha revisado una décima a la baja la previsión de crecimiento para 2022 (hasta el 3,8%) y seis décimas menos para 2023 (del 1,5% al 0,9%), según informó este lunes en un comunicado.

 Los datos adelantados de contabilidad nacional correspondientes al tercer trimestre de 2022, publicados por el INE, reflejan un incremento intertrimestral del PIB del 0,2%, frente al 1,5% del segundo trimestre, y sitúa la tasa interanual en el 3,8%, 3 puntos menos que en el trimestre anterior. La contribución de la demanda interna y externa al crecimiento interanual se ha reducido en el trimestre: 0,8 puntos frente a 1,9,  en el primer caso, y 3 puntos frente a 4,9 en el segundo.

Aunque en el cuarto trimestre no se espera una contracción del PIB, se espera que el crecimiento sea nulo, en torno al 0%. Aunque se vislumbra un cierto estancamiento a la vista de los indicadores adelantados, parece que los resultados de las empresas están siendo, en general, buenos.

Sin embargo, sí se espera que en el primer trimestre del ejercicio 2023 el crecimiento sea negativo, en torno al -0,3%, debido fundamentalmente a la contracción de la demanda interna y de las exportaciones.

La elevada tasa de inflación así como el incremento de los tipos de interés está afectando a la renta disponible y a la tasa de ahorro que, en el segundo trimestre, último dato publicado por el INE, ha tenido una variación negativa de 1,8 puntos, hasta situarse en el 8,5% de la renta disponible bruta trimestral, lo que hace que se contraiga la demanda interna.

Hay que tener en cuenta que, al contrario que en Estados Unidos, la demanda interna en Europa, y en concreto en España, está más debilitada y más sensible a estos efectos. A esto se une que en los próximos dos trimestres el turismo, con un gran peso en nuestra economía, será residual, apuntan los economistas españoles.

Es por ello que se revisan a la baja las estimaciones de crecimiento para 2022 y 2023: hasta el 3,8% (una décima menos) en el primer caso, y hasta el 0,9% (6 décimas menos) en el segundo si se consigue domeñar la inflación en el segundo trimestre.

Aunque la tasa interanual de la inflación se ha moderado en el mes de octubre hasta el 7,3% (1,6 puntos menos que en el trimestre anterior), no ha sido así con la inflación subyacente, que se ha mantenido en el 6,2%. En esta última, y en el alto porcentaje que supone el componente estructural sobre la inflación –que como venimos diciendo desde hace tiempo está entre un 4,5% y 5%–, es donde se centra el problema de la inflación, dado que es independiente de la coyuntura geopolítica en la que estamos inmersos.

En septiembre el incremento de los precios en España fue inferior a los de la Eurozona, 9,9%, y se espera que en octubre también lo sea a la vista de las altas tasas de algunos  países del norte. Esta situación podría ayudar a que las exportaciones tengan más peso en la economía, ahora que parece que la demanda interna y el turismo se están estancando. Para ello, además de ser más competitivos en precios, es necesario incrementar la productividad de las empresas, una de las más bajas de Europa.

Hay que tener en cuenta que, en lo que llevamos de año, se han dado de baja cerca de 46.000 empresas, mayoritariamente pymes y micropymes, muy afectadas por el incremento de los precios energéticos, las cargas sociales y la presión fiscal, a lo que se ha unido el incremento de los tipos de interés, que en tres meses ha pasado a situarse en el 2%.

Esta última subida de 0,75 puntos parece a los economistas elevada dada la situación económica en la que nos encontramos que, como se ha indicado, debilita aún más la demanda, ante el incremento de las cargas financieras. Aunque de momento no se ha visto afectada la tasa de morosidad (que está en el 3,86%), sí es posible que lo haga en los próximos meses ante la imposibilidad de poder pagar préstamos cada vez más caros. Esta reducción de la actividad conllevaría un aumento de la tasa de paro.

En el tercer trimestre, según la EPA, se ha incrementado la población activa en 138 mil personas,  de los que 77 mil son empleados –superando los 20,5 millones– y 61 mil, desempleados; lo que supone que se ha incrementado la tasa de paro en 19 décimas, hasta el 12,67%,  lo que podría ser un aviso de lo que podría suceder en los próximos trimestres. Es por ello que los economistas proceden a revisar la previsión de tasa de paro tres décimas al alza (hasta el 12,7%)  para 2022, y que llegue al 12,9% en 2023.

La previsión global es es que los precios de la energía y las materias primas cederán en el primer semestre 2023, por las medidas de política monetaria tendentes a enfriar el consumo. «A esto, sería necesario añadirle un pacto de rentas para que tanto los márgenes empresariales como los sueldos se mantuvieran con objeto de no generar inflación de segunda ronda», señalan.

Los fondos europeos, advierten, «no están siendo aplicados al ritmo que estaba previsto». De los 47.000 millones asignados para 2022, solo parece que se van a utilizar entre  9.000 y 15.000 millones de euros, lo que hace que el efecto en el PIB sea «irrelevante».

En los Presupuestos Generales de Estado de 2023, actualmente en tramitación en las Cortes, se prevé un crecimiento para el próximo año del 2,2%, cuando todos los analistas sitúan este crecimiento por debajo del 1,5%, que unido al riesgo de ligar gastos estructurales a la inflación pueden dificultar su cumplimiento dadas las actuales circunstancias.

Ahora bien, la inclusión de otras partidas para financiar políticas destinadas al comercio, el turismo y las pymes, así como el incremento del gasto en infraestructuras que se triplica para 2023, podrían ser un revulsivo para la economía por su incidencia para la generación de empleo y el fortalecimiento del tejido productivo de España, opinan.