Por Redacción - Ene 12, 2026
La realidad financiera de este recién estrenado 12 de enero de 2026 dibuja una arquitectura económica fragmentada en el corazón de Europa, donde la zona euro se enfrenta a un avance moderado marcado por una clara divergencia entre sus estados miembros. Según el último análisis estratégico de Crédito y Caución, el crecimiento del Producto Interior Bruto mundial experimentará una ligera contención hasta situarse en el 2,6% durante el presente ejercicio, antes de iniciar una recuperación sutil hacia el 2,8% en el año venidero. En este tablero global, las economías avanzadas muestran signos de agotamiento frente a las presiones arancelarias y las tensiones comerciales, dejando a la región europea en una posición de vulnerabilidad relativa con una proyección de crecimiento de apenas el 0,9%.
Esta aparente debilidad del bloque europeo oculta, sin embargo, una dualidad interna profunda y reveladora que posiciona a las naciones del sur como los verdaderos motores de la actividad. España, Portugal, Italia y Grecia han logrado desmarcarse de la atonía general gracias a una especialización sectorial que hoy se revela como su mayor fortaleza. El mercado español destaca con luz propia en este contexto, apoyado en un sector servicios que no solo capitaliza el flujo constante del turismo internacional, sino que se nutre de una demanda interna sólida y resistente. Esta resiliencia se fundamenta en una mejora sustancial de las métricas de empleo, lo que permite proyectar un incremento del consumo del 2,6%, actuando como un amortiguador eficaz ante las incertidumbres exteriores.
El cuadro macroeconómico que define este periodo viene acompañado de una estabilización de los precios, con una inflación prevista del 1,6% que otorga un respiro necesario a los hogares y a las tesorerías corporativas. A pesar de que las exportaciones muestran un avance tímido del 0,3%, la contención de la tasa de paro en el 6,3% sugiere una madurez en el mercado laboral donde los incrementos salariales han comenzado acompasarse con la realidad inflacionaria. Esta armonización entre salarios y precios es la que está permitiendo sostener la capacidad de gasto, evitando que la moderación económica se transforme en una contracción del consumo privado, elemento vital para mantener la tracción de las economías mediterráneas.
Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, Estados Unidos mantiene una velocidad de crucero cercana al 2,0%, una cifra que, aunque se sitúa por debajo de la media global, refleja la potencia tractora de la inversión tecnológica. La apuesta masiva por infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial y el desarrollo de centros de datos está compensando las fragilidades que comienzan a aflorar en otros sectores de la economía real estadounidense. Esta tendencia subraya la importancia de los flujos de capital hacia la alta tecnología como el gran estabilizador financiero de la década, permitiendo que la primera potencia mundial absorba los impactos de un sistema de comercio internacional cada vez más restrictivo y condicionado por la política de aranceles.
En el continente asiático, el escenario presenta contrastes significativos entre las dos grandes potencias regionales. China se enfrenta a una fase de desaceleración que situará su crecimiento en el 4,4%, lastrada por una fatiga en sus niveles de exportación tras el efecto de anticipación de compras vivido meses atrás. Por el contrario, India se consolida como el gran referente de los mercados emergentes con una expansión prevista del 6,3%, cimentada en una cooperación estratégica con Washington en áreas críticas como los semiconductores, la ciberseguridad y la defensa. Este desplazamiento de los centros de gravedad económica refuerza la tesis de una economía mundial que, a pesar de las tensiones geopolíticas, encuentra en la innovación técnica y la autonomía estratégica los pilares fundamentales para navegar el horizonte de 2026.