Josep Oliver: “Nos equivocamos con el euro, fue un espejismo”

Josep Oliver (izda.), autor del libro “La crisis económica en España”, y Juan Rosell (dcha.), presidente de CEOE, durante la presentación del mismo este martes en la sede de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), en Madrid. |FOTOGRAFÍAS: Marta Peiro

En el año 2008 Europa se vio sumida en una crisis económica que afectó a todos los niveles, tanto económico como político y social. Miles de empresas se vieron obligadas a echar el cierre, la población se enfrentó a unos duros recortes y el descontento a nivel social propició, años después, el surgimiento de partidos políticos cuyas campañas destacaban su origen popular. A día de hoy, el Gobierno español asegura que lo peor de la crisis ha pasado y que la economía está creciendo, mientras algunos expertos no dan por finalizada la recesión y avisan de la inminente llegada de una nueva.

En su libro “La crisis económica en España”, presentado este martes en la sede de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) en Madrid, Josep Oliver hace una serie de “reflexiones sobre qué nos pasó y dónde estamos del proceso de desendeudamiento de nuestra economía, y de construcción de unas instituciones europeas que permitan afrontar la próxima crisis”, según palabras del propio autor.

Oliver fue presentado por Juan Rosell, presidente de la CEOE, que definió la recesión económica como una “crisis importante, fuerte, potente”. Rosell comentó que entre 2000 y 2008 la economía española creció hasta el punto de crearse alrededor de 260.000 empresas. Sin embargo, en 2008 se dio una caída del PIB de más de 9 puntos y murieron alrededor de 86.000 empresas, estimó. A pesar de ello, el presidente de los empresarios aseguró que hoy nos encontramos en “años de recuperación”. Según concretó, en 2017 “nos situamos en una deuda menor, que hemos bajado alrededor de 50 puntos” y, aunque la deuda pública española sigue creciendo, soportada por unos tipos de interés “mucho más bajos”, el PIB de este 2018 “va a ser mucho mejor que el del resto de los grandes países europeos” y vamos a seguir creando empleo, vaticinó.

Para comenzar su discurso, Oliver admitió que “la historia de esta crisis es la de la catástrofe de la historia peor que he conocido”. Una recesión que “no tiene parangón por su profundidad y extensión”, de “una magnitud y complejidad sin precedentes”, por la dificultad de llegar a una solución satisfactoria para todos”, aseguró. A ello se le une, destacó el catedrático en Economía Aplicada, que “es la primera vez que España entra en recesión sin disponer de la peseta, instrumento que históricamente nos había ayudado a solventar estas situaciones”, lo que conlleva la “devaluación externa”, y que el Fondo Monetario Internacional (FMI), a raíz de la “profunda integración financiera de España” en el resto del mundo y la mala situación de nuestro país, lo convirtió en un “riesgo sistémico para la economía europea y global”.

La recesión económica, recordó el experto, “no está finalizada”. Para hacer frente a los problemas que siguen amenazando a la economía, aseguró, “queda pendiente el Fondo de Garantía de Depósitos y la conversión del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) en un fondo monetario europeo que tenga capacidad para intervenir en los países con capacidad para imponer sanciones”.

Durante su presentación, Oliver esbozó algunas de las teorías más importantes de las que habla en su obra. Según consideró, “nos equivocamos con el euro, fue un espejismo que financió un gran crecimiento cuyas bases eran más que discutibles”. Así, el catedrático en Economía Aplicada explicó que, con la entrada en el euro, “por primera vez en la historia España podía endeudarse lo que quería sin que los mercados se pusieran nerviosos, aparentemente sin problemas de financiación exterior”.

Sin embargo, la actitud de la economía nacional con respecto al euro provocó un “déficit creciente” que, según concretó el autor, “en 2007 fue el más elevado en términos relativos del mundo, y el segundo en términos absolutos”. Así, Oliver destacó cómo “jamás el saldo exterior se había deteriorado tanto y tan rápidamente” y cómo se financió la inversión “más elevada en términos de PIB de la historia, que en 2007 alcanzó el 31% del PIB”. Este hecho reflejó, según el autor, el “boom del crédito, que creció a una tasa anual media del 18%”.

Por otro lado, el economista aseguró que “el problema fue la expansión”. Según afirmó, la “base de balance de las empresas estaba tan deteriorada antes de la crisis que lo único que podía pasar era el colapsamiento”, ya que la deuda con las empresas extranjeras estaba en el 90% en 2007 cuando “jamás había superado el 20% del PIB”, valoró. Esta deuda provocó que los inversores, al temer no recuperar su inversión, empezaran a abandonar al país, relató el experto. A ello se le unió la inversión masiva española en el exterior, lo que conllevó “un problema nuevo que comportan las crisis de balance: no es únicamente aumentar la deuda neta, sino también refinanciar la bruta”.

Así, aunque Oliver reconoció que “pasamos de un déficit exterior del 10 a un superavit del 2”, recordó cómo “nos endeudamos con el exterior y el resto del mundo confiaba en nosotros”. “La deuda privada pasó del 80% del PIB a un 215% entre 1995 y 2008, y el crédito interno del 12% al 19%”, concretó.

Con el estallido de la crisis, según quiso destacar el economista, “la respuesta del sector privado fue de libro”. Según dijo, “la recesión era inevitable e iba a ser muy profunda, no se podía huir de ella”. En cifras, Oliver estimó que entre octubre de 2008 y marzo de 2009, “España perdió 1,5 millones de empleos”. A pesar de ello, “el sector privado se ajustó de manera brutal, pasando de un -12% del PIB en 2007 a un +10% en 2012, en 5 años”, argumentó. Ello supuso 22 puntos de PIB de menor gasto. “Lo que hemos hecho en deuda del sector privado es insólito. ¿Había otra solución? No”, declaró, tajante.

Oliver consideró, además, que “la respuesta político-económico-social fue profundamente insatisfactoria porque tuvimos un sistema político absolutamente disfuncional”. Según lamentó, “el país fue incapaz de ofrecer un acuerdo de gran alcance” dada la situación, “la catástrofe”, y parte de esa disfuncionalidad vino dada por la “dificultad de gran parte de la profesión en aceptar que se trataba de una crisis de balance”.

El autor del libro volvió la vista atrás al “año crítico” transcurrido entre los veranos de 2011 y 2012 para recordar cómo “España estuvo a punto de salir del euro y echar a rodar el proyecto europeo”. Según aseguró, “la moneda única estuvo en peligro”, hasta el punto de que el Banco Central Europeo (BCE) tuvo que prestar 1 billón de euros, “llevándose la banca española casi el 40% de los recursos”, desveló. Así, Oliver recordó que “nos han ayudado”.

En dicho rescate tuvo mucho que ver, destacó, Alemania. Según dijo, el país germano “decidió quedarse en Europa” a pesar de que su economía resistía los duros golpes de la crisis y no podía crecer tanto por la grave situación en otros países de la zona euro, como Grecia, Portugal, o España, y nuestro país “hizo unos deberes que nadie pensaba”. Después de los esfuerzos realizados para hacer frente a semejante recesión, Oliver remarcó que “la recuperación tiene mucho que ver con las reformas que hemos hecho y los vientos de cola, muy favorables, donde el BCE continúa ayudando”.

A pesar de este leve crecimiento, el experto economista aseguró que “hemos avanzado poco” en nuestro nivel de endeudamiento con el exterior aunque “la balanza de mercancías presente una mejora espectacular” y nuestra deuda pública supone un 65% del PIB, lo que significa que “estamos tanto o más endeudados que en 2007”. Por ello, predijo un “futuro complejo” y alertó de que “cuando llegue la próxima crisis, encontrará a Europa con un capital político que está muchísimo más deteriorado que hace 10 años”, debido al “aumento de los populismos” por la indignación latente en las sociedades más ricas económicamente. La falta de ayuda de mecanismos y potencias internacionales hará, por tanto, que sea más difícil seguir adelante.