Invertir es una tarea emocional y debemos conocer nuestros “sesgos”

María Eugenia, David Gassó (presidente de Economistas Asesores Financieros) y Ana Fernández, este martes en Madrid. | Fotos: Alberto Orellana

Se tiene por común que el inversor toma decisiones fundadas y racionales sobre una información objetiva. Pero la realidad de la psicología humana muestra una situación completamente diferente: “somos aversos a tomar decisiones”. Y, cuando lo hacemos, las emociones influyen bastante, lo que genera múltiples sesgos. Es la teoría de la economía conductual, que ha explicado la coordinadora de educación financiera de la CNMV, María Eugenia Cadenas. Sobre ella se centra el último número de la revista EAFInforma del Consejo General de Economistas, presentado este martes en Madrid.

Junto a otros autores de esta vigésimo segunda edición, Cadenas ha defendido por qué la incorporación de la economía conductual es interesante para regular y mejorar nuestras inversiones. Invertir es emocional y el inversor “no es ajeno a su propia psicología e impulsos”. Son palabras de José Antonio Vicente (director general de Universal Business Systems), quien ha argumentado que la experiencia, el conocimiento y el asesoramiento financieros son “esenciales” para dominar las situaciones de influencia emocional. Además ha apostado por la tecnología como herramienta para “ampliar” las posibilidades asesoras.

Así pues, las decisiones del inversor parten de una base analítica y reflexionada, pero también poseen un componente “instintivo” y emocional. Dos sistemas de decisión que interactúan, pero que a veces se quedan en este último, más rápido e impreciso, dando lugar a “sesgos”, ha detallado Cadenas. “Nuestra mente es heurística: tomamos decisiones teniendo sólo una parte de la información”. Concretamente la emocional, que supone un 80% a la hora de invertir, según Sandra Fanega (desarrollo de negocio de Gesconsult).

Por ello es interesante “invitar al inversor a conocerse más a sí mismo”; a identificar sus sesgos. Es lo que pretende la guía ‘Psicología económica para inversores’ de la CNMV, que recoge unos 12 sesgos diferentes que influyen al inversor. De entre todos ellos, Cadenas ha resaltado el de “punto ciego” por ser el “más grave” de todos. Implica negar directamente que se tienen sesgos (o que son menores). También ha comentado el de la “confirmación”, que lleva a tomar una inversión como adecuada atendiendo sólo a la información que ratifica nuestra postura. Recolección “selectiva” de información que lleva a la “ceguera”.

En general, todos son efectos producto de la creencia de que podemos controlar, o aportar algo de orden, a elementos aleatorios. “Es imposible eliminar los sesgos”, ha aclarado la de la CNMV, pero sí se pueden “aminorar” sus efectos. El asesoramiento conductual que ha desarrollado Ana Fernández busca contrarrestar los sesgos más populares, como el de “aversión a la pérdida” o el de “predisposición al optimismo”. Una miopía inversora que lleva incluso a los más conservadores a invertir en perfiles de riesgo superiores, “como está volviendo a ocurrir”, ha dicho. La clave es lograr un equilibrio entre “miedo y ambición”.

Por ejemplo, el efecto rebaño (imitar las inversiones de otros), se puede combatir analizando la experiencia y las creencias propias, revisando el pasado y estableciendo objetivos a corto, medio y largo plazo (con sus riesgos asumibles). Además, hay que tener en cuenta que cada uno tiene su idea de lo que es ganar y perder. “A veces no perder también es ganar” para un inversor que busca mantenerse, ha señalado Fernández. Eso, y “ver lo que ha pasado antes en el mercado”, antes de establecer una cartera inversora.

Para minimizar los efectos de nuestros sesgos, y aprender a controlar las emociones ante una inversión, hemos de conocernos y buscar más información. No quedarnos con el primer impulso. Estandarizar el proceso con un número de pasos mínimos a seguir puede ser una estrategia, como ha compartido Cadenas. Eso sí, debemos tener cuidado con los “fenómenos que automatizamos” y asignar peso a las respuestas de nuestra lista de necesidades, ha advertido Fernández. Se trata de “inculcar disciplina y racionalización” en las decisiones, y ser coherentes, pacientes y menos “autoexigentes”, ha abundado Fanega.