Jonathan Chacón: Rompiendo las últimas barreras

Hay ciertos términos que no alcanzaremos a comprender jamás. Nosotros, las personas “normales” partimos de una serie de experiencias que nos han ido moldeando y nuestra realidad nos impide imaginar cómo es esta misma realidad para personas que no comparten nuestra “normalidad”.

Nos hemos preguntado si ciertamente sabemos el significado del término “inclusivo” el día que nos encontramos con Jonathan Chacón.

Esta es su historia, la historia de cómo todos queremos vivir en un mundo más inclusivo y diverso, pero no nos damos cuenta de las barreras que de forma involuntaria vamos creando. 

Jonathan nació con una ceguera congénita por glaucoma. Al mes y medio de vida, una operación exitosa le devolvió el 90% de la visión en su ojo derecho. No supo nada de su ceguera del ojo izquierdo, hasta que un día, cuando tenía 6 años, mientras jugaba, le tiraron tierra al ojo derecho y entendió la realidad de su ceguera en el ojo izquierdo. Los años transcurrieron y su visión empeoró hasta que, a los 15 años, se quedó completamente ciego. Después de muchas operaciones, y a falta de una solución definitiva, decidió continuar adelante con su vida y aceptar lo inevitable. Por suerte, siempre lo aceptó e intentó buscar el lado menos malo de todo. 

Hoy, Jonathan es una persona que rezuma positividad, que no cree en llantos ni en lamentaciones, y sí cree en su capacidad para enfrentar la vida, para hacer que las cosas ocurran y en trabajar para crear las herramientas de inclusión más eficientes. Esa actitud, que comparte con el equipo de Cabify, le ha servido y le sirve para sentirse útil no solo a sí mismo, sino también a todos los que, como él, dependen de la inclusión para acceder a un puesto de trabajo o para sentirse realizados en la vida. 

Acceder al mercado laboral, puede ser una tarea titánica para cualquier persona. Hay que buscar las posiciones abiertas en las empresas, adaptar el CV, enviarlo y entonces; tener paciencia y perseverancia. La preparación ayuda y la suerte también, pero todos nos sentimos inseguros cuando tenemos que enfrentarnos a una entrevista de trabajo. 

Imaginemos por un momento que además de los problemas que desafían a un desempleado, tenemos que añadir una discapacidad, ya sea visual, auditiva, de desarrollo o de cualquier otra índole. Y ahora no hace falta ya imaginar: ¿Cuán inclusivo es el mundo en que vivimos?  ¿Cómo hace un ciego para utilizar un ordenador? 

Jonathan es un entusiasta de los ordenadores desde que tenía 4 años – Eran y son mi pasión – cuenta. Pero la vida no se lo iba a poner fácil. En ese momento en España, la informática estaba basada en la utilización de Windows 3.11, un sistema operativo “visual donde los haya”. La tecnología española para invidentes y personas con deficiencia visual consistía en una serie muy rudimentaria de interfaces externas que sólo daban acceso a MsDOS, tales como el “Optacon” y el “Telesensory” de los cuales la ONCE contaba con unas 60 unidades. “Era un verdadero calvario recurrir a aquellos aparatos para poder utilizar un ordenador” – recuerdan algunos.

Muchas personas con deficiencias visuales claudicaron. Era demasiado difícil, ineficiente e incómodo. Jonathan, no se dio por vencido y se puso en contacto con sus amigos de USA, desde donde consiguió lo que en aquellos momentos constituía una maravilla tecnológica de inclusión: JAWS for WINDOWS 3.0, un lector de pantallas para invidentes. A pesar de la presión familiar y de las dudas de aquellos que: “te dan malos consejos de manera inintencionada; no porque no confíen en ti, si no, porque no comprenden cómo puede un ciego, ser capaz de utilizar algo tan visual como un ordenador”.

La lástima, las dudas, la incertidumbre y toda esa serie de murallas psicológicas, con que los demás sin quererlo le atacaban, dificultaban el camino de Jonathan hacia la consecución de sus sueños. Entonces aprendió Braille y las cosas empezaron a “leerse” de otra manera. Y continuó contra viento y marea, sin prisa, pero sin pausa…. 

Fue por aquellos momentos en los que dijo que “quería estudiar Ingeniería de sistemas”. La gente se llevaba las manos a la cabeza – nos cuenta -. Lo que no sabían aquellos que le ponían barreras, es que Jonathan había comenzado a programar a los 6 años, que estaba luchando por “hacérselo más fácil a los que viniesen detrás” y que no tenía la más mínima intención de rendirse. 

“El material no acompañaba” – nos cuenta – era entre un 70 y un 80% visual. Además, estamos hablando del año 2000. En esos tiempos, el marco de protección al estudiante con discapacidad no estaba bien definido”. 

Jonathan decidió abandonar la universidad y comenzar a trabajar. Sus profesores veían la lucha de Jonathan, como una “misión imposible”. Desde la ONCE, le llamaban para cerciorarse de que estaba bien (al menos todo lo bien que era posible, dadas las circunstancias) porque él nunca solicitaba ayuda. Hoy, Jonathan no tiene aquel título por el que tanto luchó. Aunque solo le falta eso: El título, porque en conocimiento y habilidades; está a la par, y muchas veces por encima de algunos graduados, que sí lo tienen. “Al final, me tuve que conformar con un ciclo superior en informática” – dice.

Durante una charla sobre diseño de interfaces inteligentes, se le acercó Roberto Pérez, jefe de producto de Cabify y le dijo: “Yo quiero que trabajes con nosotros” después de la oferta y la aceptación por parte de Jonathan, empezó esta etapa de Cabify, donde se ha ganado una reputación intachable. No solo como ingeniero informático, sino también, colaborando con diseños más inclusivos, diversos y accesibles para todos. “nadie mejor que él sabe lo que necesita un invidente”.

Jonathan tiene trabajo. De hecho, le han llovido las propuestas y gracias a su trayectoria nunca se ha visto en la disyuntiva en la que se ven muchos invidentes y personas con baja visión. Pero sabe lo que cuesta.  Según su punto de vista, hay 2 opciones cuando tienes una discapacidad, o tiras para adelante por las buenas o te vuelves en un ciego amargado… él se queda con la primera opción.

Lo de “pobrecito”, no encaja con su personalidad. Cuando pide ayuda, es porque realmente la necesita y suele ser recíproco, aportando todo lo que puede al trabajo o al bienestar de los demás. 

La ONCE ofrece mucho apoyo a sus miembros, a la hora de adaptarse al puesto de trabajo, pero Jonathan es un poco diferente al perfil de las personas invidentes, como él dice “yo soy un poco Juan Palomo”. El utiliza Mac por síntesis de voz y una línea Braile. Cuando hay temas que no tienen solución y que siendo invidente no puedes conseguir, Jonathan crea su propia solución para seguir avanzando.

Tiene el problema de que como normaliza tanto la situación y siempre le pone un toque de humor, de hecho, humor negro. Pasado un tiempo la gente incluso se olvida de que es ciego, entre risas nos comenta “ya me han olvidado 3 veces en un restaurante”.

¿A alguien se le ha ocurrido pensar las barreras a la inclusión que estamos creando cuando en las redes sociales utilizamos artículos demostrativos, no poner descripciones en las imágenes, etc.? – pregunta. 

Jonathan lo tiene claro, “Todo el mundo habla de diversidad. Nosotros lo que buscamos no es solamente la diversidad, sino Equidad”. No es lo mismo diversidad que inclusión. Se puede tener una oficina muy diversa, pero incluirlos no es tenerles por la oficina dando vueltas sino conseguir que participen de todos los aspectos de la experiencia. ¡Como cualquier otro”!

Una de las razones más importantes para que Jonathan este en Cabify es la realidad de que las personas con capacidad reducida o con movilidad reducida no son siempre los que están postrados a la silla de ruedas. La movilidad reducida, puede también aplicarse a la persona ciega o débil visual. Recordemos que ellos no tienen toda la libertad que tenemos el resto de la gente, a la hora de moverse por la ciudad. Diseñar un transporte útil, eficaz y accesible, es extremadamente importante. – ¡Porque si el taxi no sabe que espera un ciego y el ciego no sabe que el taxi ya le está esperando…imagínate la situación! – 

Cabify, por ejemplo, ya ha puesto solución a este inconveniente. La accesibilidad no circunscribe a aquellos con discapacidad, hay que pensar en los ancianos y en minorías con otras dificultades menos aparentes. La inclusión, tiene que beneficiar a todos y lleva tiempo, pero es muy interesante, no solo para empresas de transporte sino para las ciudades en general. 

Cuando se construye para discapacitados hay que tener a los discapacitados en cuenta. Tienen que estar dentro de la empresa, porque si uno no sabe los problemas que sufren los discapacitados, es imposible prever las soluciones.

Cabify tiene un comité de diversidad en el que todos participan, para poder encontrar todas las insuficiencias que hay que tratar y solucionar. 

“Tenemos chicos, chicas, ciegos, personas con síndrome Down, etc. Utilizan muy buenas prácticas, pero es un trabajo continuo. Solo se puede avanzar poco a poco… es un trabajo que hay que hacer de manera permanente. En Cabify, trabajan para dar un servicio cada vez más accesible a todos. Vamos de camino a crear ciudades donde cada persona cuente, donde haya distintas opciones de movilidad que sean seguras y asequibles para todos. Donde la tecnología no funcione solamente en beneficio de las personas, sino también del medio ambiente”.