Por Redacción - Febr 12, 2026
La publicación de la tercera edición del Barómetro de Confianza VivaTech 2026 marca un punto de inflexión en la comprensión de cómo los líderes corporativos interactúan con la tecnología en un momento de fragmentación global. Este estudio, elaborado por OpinionWay en mercados estratégicos de Europa y Norteamérica, revela una consolidación del optimismo tecnológico, alcanzando una puntuación de confianza de 89 sobre 100. A pesar de las tensiones geopolíticas y los desafíos estructurales, los directivos muestran una determinación renovada por integrar soluciones avanzadas en sus estructuras operativas. La percepción sobre la importancia de estas herramientas para garantizar la viabilidad de las organizaciones ha escalado significativamente, con un 88% de los consultados reconociendo que la tecnología ha ganado un peso sustancial en sus estrategias de crecimiento durante el último año.
La cuestión de la soberanía tecnológica se ha desplazado al centro del debate estratégico, revelando una marcada diferencia de criterio entre ambas orillas del Atlántico. Existe una inclinación mayoritaria hacia la proximidad nacional: un 92% de los ejecutivos prefiere colaborar con socios tecnológicos de su propio país. Sin embargo, la intensidad de esta preferencia varía según la región. Mientras que en Estados Unidos y el Reino Unido la nacionalidad del proveedor se considera un factor determinante y casi obligatorio para casi la mitad de los líderes, en la Europa continental se percibe más como un valor añadido que como una imposición estricta. Esta brecha subraya visiones distintas de la independencia digital, donde los países anglófonos apuestan por un proteccionismo práctico y los europeos buscan equilibrar la autonomía con la necesidad de mantener una apertura a soluciones globales.
El origen geográfico de la innovación dicta hoy el nivel de seguridad que sienten las empresas al contratar servicios. El barómetro indica que la confianza se está articulando en torno a bloques regionales consolidados. Los ejecutivos estadounidenses muestran una fidelidad férrea a las soluciones de su propio continente, mientras que en Europa continental el 43% de los directivos prioriza las herramientas desarrolladas dentro de las fronteras de la Unión. El Reino Unido ocupa una posición singular, manteniendo una confianza equilibrada tanto en su capacidad interna como en el ecosistema europeo. Esta configuración de bloques responde no solo a una cuestión de identidad, sino a una búsqueda de seguridad jurídica y técnica, donde la fiabilidad se vincula directamente con la capacidad de innovación y el rendimiento esperado de la inversión.
Uno de los hallazgos más sorprendentes del informe es la coexistencia de una fe casi ciega en la inteligencia artificial con prácticas operativas que rozan la imprudencia. El 89% de los altos mandos utiliza la inteligencia artificial para fundamentar sus decisiones de negocio, confiando plenamente en su potencial para mejorar la eficiencia. No obstante, esta adopción masiva ha generado una grieta de seguridad preocupante: cuatro de cada diez directivos admiten haber compartido datos corporativos sensibles con plataformas en las que no confían totalmente. Esta contradicción pone de manifiesto que la velocidad de implementación ha superado con creces el desarrollo de protocolos internos de gobernanza de datos y la formación necesaria para mitigar riesgos de filtración.
En lo que respecta a la inversión, la ciberseguridad y la inteligencia artificial se han erigido como los dos pilares innegociables para los presupuestos de 2026. La ciberseguridad lidera el despliegue actual, con una presencia consolidada en el 82% de las compañías, reflejando una respuesta defensiva ante las amenazas digitales crecientes. Por su parte, la inteligencia artificial sigue una trayectoria ascendente imparable, con un 87% de los líderes planeando aumentar sus partidas financieras en este campo durante los próximos doce meses. España se posiciona en este escenario con una solidez notable, situándose en la media internacional en adopción de inteligencia artificial y superándola en el uso de computación en la nube, lo que sugiere una madurez digital avanzada en el tejido empresarial nacional.
El temor a una posible burbuja financiera en torno a estas innovaciones es minoritario, limitándose a un 17% a nivel global, aunque en Francia el escepticismo es más pronunciado, alcanzando al 30% de sus directivos. En términos generales, existe un consenso sobre la estabilidad laboral frente a la automatización; el 92% de los encuestados descarta que la integración tecnológica vaya a traducirse en una reducción de personal en el corto plazo. Por el contrario, se vislumbra una sinergia donde la automatización robótica de procesos y la computación cuántica actúan como catalizadores para potenciar las capacidades de la inteligencia artificial, permitiendo que las organizaciones alcancen niveles de productividad antes inalcanzables.
La competitividad tecnológica de las naciones europeas está experimentando una aceleración acelerada, recortando distancias con el tradicional liderazgo estadounidense. Francia y España han mostrado incrementos de doble dígito en la percepción de su competitividad internacional en comparación con el año anterior, lo que indica un ecosistema europeo más vibrante y confiado. En España, además, se observa un enfoque marcadamente pragmático. Los directivos españoles muestran una satisfacción superior a la media ante el giro estratégico de las grandes tecnológicas hacia objetivos de rentabilidad y negocio, incluso si esto implica relegar temporalmente ciertos compromisos en materia de diversidad o sostenibilidad. Esta visión refleja una prioridad por la supervivencia y el éxito comercial en un escenario global cada vez más exigente.
Finalmente, el barómetro subraya una creencia arraigada en que la innovación tecnológica es la herramienta fundamental para resolver los grandes desafíos de la humanidad. Casi la totalidad de los ejecutivos mantiene que la tecnología ofrecerá las soluciones necesarias para los problemas sociales y ambientales actuales. A pesar de los matices regionales y las paradojas en el uso de datos, el sentimiento general en 2026 es el de un sector tecnológico que ha madurado, asumiendo su rol como motor económico indiscutible y preparándose para una fase de crecimiento donde la inversión masiva y la soberanía digital marcarán el ritmo de la década.