Cómo consiguen proyectos jóvenes y sociales ser innovadores y de calidad

Cómo consiguen proyectos jóvenes y sociales ser innovadores y de calidadCada día más grandes empresas se conciencian con la sociedad para destinar una parte de su influencia y de sus ingresos a crear proyectos sociales que cumplan con su implicación con la responsabilidad social corporativa y con la ayuda a personas que lo necesitan en materia de salud, vivienda, educación o empleo, ya sea para vivir dignamente, encontrar trabajo o impulsar los sueños factibles que puedan tener.

Estas iniciativas potencian la autoestima, el aprecio, la seguridad y la capacidad de encontrar sentido a la vida y al mundo que rodea a personas que, por diferentes circunstancias, no han tenido la posibilidad de alcanzar un estándar vital aceptable.

Y lo consiguen a través de la orientación a la resolución de problemas que cubran las necesidades básicas (directa o indirectamente, que introduzcan nuevos sistemas productivos o tecnologías organizativas para mejorar una situación, etc.) o intelectuales del ser humano o una carencia y que miren siempre al futuro que intentan mejorar, siempre desde la eficacia y la calidad.

Además, el proyecto social que se lleve a cabo debe contar con una mochila de originalidad, creatividad y reflexión seria y rigurosa sobre el caso a optimizar, cuya solución se contemple como posible y viable y aplicarlo a la práctica para transformarla y mejorarla desde la apertura y la flexibilidad y siempre enfocada al grupo de personas que convive con el problema, partiendo de su visión subjetiva.

También es importante que la iniciativa contenga un plus de innovación para que no se convierta en una propuesta más guardada en un cajón sin fondo. Algunas ideas interesantes como las que trabaja por promover el proyecto Think Big centran el enfoque en el impulso de las mentes creativas más desfavorecidas por la crisis económica y por el desánimo colectivo en el que han crecido a raíz de ella, las de los jóvenes talentos, que aportan algo nuevo al mundo en su afán por cambiarlo a mejor.

Estos florecientes proyectos innovan en la medida en que buscan soluciones creativas a problemas sociales de forma diferente, previa salida de sus jóvenes inductores de su zona de confort para aprender en el camino hasta lograrlo. “Una idea tendrá futuro siempre y cuando sea capaz de detectar una necesidad social y encontrar un remedio diferente y eficaz, que se sume a una pizca de suerte y a la constancia de quienes la llevan a cabo”, valora Laura Castela, responsable de Think Big.

Unas características que cada día acompañan más a los jóvenes, que tratan también de rodearse de contactos adecuados y fructíferos, de llamar a todas las puertas posibles, y que no dejan de creer en la idea que les apasiona hasta conseguir que tenga éxito.

¿Cómo son los jóvenes que luchan por sus ideas con objetivo social?

Actualmente el perfil de emprendedor social ha descendido en edad, aunque sigue siendo mayoritariamente masculino. Según un estudio de Spain Startup, entre 2014 y 2015, la edad de los jóvenes que se deciden a llevar adelante sus ideas y a abrir startups innovadoras, diferentes y, sobre todo, tecnológicas se encuentra por debajo de los 35 años.

Se trata de los conocidos como millennials, llenos de ilusión, que no se conforman con lo que les ofrece el mundo laboral o la sociedad en general. “Son seres nada pasivos que esperan que las oportunidades les lleguen, sino que salen a buscarlas, porque son inquietos, proactivos, curiosos y, cada vez más, con mayor vocación social”, define Castela.

Jóvenes que se preocupan por contar con un buen equipo, rodearse de gente (la mayor cantidad posible) que conozca la idea, hacer comunidad con otros perfiles de su edad que también mantengan esa pasión por hacer algo diferente y puedan retroalimentarse en apoyo y aprendizaje.

Por generar networking, una red de contactos, acudiendo a eventos, sin limitarse. “No hace falta saber de todo, sino conocer a las personas adecuadas en cualquier ámbito. Que, si necesitan un programador y no hay ninguno en su equipo, sepan salir a buscarlo; hay mucho talento esperando a ser encontrado y esa búsqueda constante hace crecer los proyectos”, apunta Castela.

Sin perder de vista la formación constante, conocer las últimas tendencias, tecnologías y herramientas que ayuden a hacer progresar el incipiente negocio y estar al tanto de lo que se hace fuera, lo que ha funcionado y lo que no, hacer análisis de mercado para inspirarse y aportar valores nuevos con los que generar cambios.

Y, por supuesto, que saben comunicar. “De nada sirve tener la mejor idea o el mejor proyecto si no se sabe hacer llegar al público y tantas veces como sea posible; se trata de contagiar tu pasión para que la gente entienda que tu proyecto es necesario para el mundo”, motiva la responsable de Think Big.

Plataforma Darwin, un ejemplo de impulso social

Uno de los participantes de la actual edición de esta iniciativa es la plataforma Darwin, que pretende “hacer un mundo mejor, utilizando la herramienta más poderosa que tenemos, la inteligencia”, como explica Nicolás Blanquer, promotor del proyecto. Su finalidad es ayudar a proyectos ecológicos o sanitarios que tengan una base científica o tecnológica, a través de la unificación y el uso de todos los factores de la economía común, social y colaborativa.

Intentamos cubrir individualmente todas las necesidades de esos proyectos capaces de cambiar el mundo, empleando formas no monetarias como transporte, asesoramiento, personal, servicios o cualquier otro método monetario posible como ‘crowdfunding’, donaciones, inversiones o asociaciones”, subraya Blanquer.

Un trabajo de interlocutores el que realizan entre proyectos sociales e inversores y empresas afines y susceptibles de poder colaborar desde la propia plataforma a través del fomento de la participación, la cooperación e, incluso, la unión de todo tipo de entidades comprometidas con la sociedad y el medioambiente, a quienes aportan herramientas para poder hacerlo, desde contratos hasta comunicación.

Conectamos sin límites ni restricciones y, poco a poco, vamos mejorando nuestros servicios, pero siempre desde el trabajo activo para encontrar posibles sinergias de valor social”, apunta el promotor de Darwin.

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