Las ONG necesitan una actitud “más emprendedora” para sobrevivir a la pandemia

Las ONG no pueden permitirse no ser emprendedoras. La crisis actual plantea nuevos y mayores retos para este sector, muy fragmentado, aún en recuperación de la de 2008. Es una de las principales conclusiones del estudio ONG Emprendedoras, desarrollado por el Instituto de Innovación Social de Esade y la Fundación PwC. Presentado este jueves, el informe recopila las barreras al emprendimiento y las oportunidades de innovación en materia financiera en el llamado Tercer Sector o de empresas sin ánimo de lucro.

Según han comentado sus responsables, la pandemia trae nuevas necesidades que pueden poner en peligro la capacidad y solvencia de las ONG para atender las demandas sociales. Por ello “es necesario que tengan esa faceta crítica” para sobrevivir, comenta Ignasi Carreras, director del Programa Esade-PwC de Liderazgo Social, donde nace el proyecto. Sólo así podrán identificar nuevas oportunidades económicas, repensar la financiación y buscar nuevas vías de ingreso para “apoyar el cumplimiento de su misión”.

El estudio, desarrollado el pasado curso, ha entrevistado a 400 responsables de ONG que aportan un diagnóstico del estado del sector. Y, al mismo tiempo, ofrece una guía y una serie de herramientas para ayudar a estas entidades a aumentar su carácter emprendedor.

Sólo un 14% de los encuestados considera a las empresas del Tercer Sector como emprendedoras. Por esta razón, para poder seguir actuando de forma “decidida y comprometida”, tienen que adoptar un enfoque “más emprendedor y colaborador que nunca”, comenta Santiago Barrenechea, presidente de la Fundación PwC.

Barreras y financiación

El estudio enumera las principales barreras con las que tropiezan las ONG a la hora de apostar por la innovación y el emprendimiento. El foco excesivo en el día a día es la más acusada por el 69% de estas organizaciones. Le siguen la falta de presupuestos amplios (63%) o los órganos de gobierno demasiado conservadores (30%). Y también hablan de no recibir presión externa inmediata para ser más emprendedoras como otro posible freno.

La realidad es que apenas un tercio de los líderes de ONG españolas considera ser emprendedor como uno de los grandes retos a los que se enfrenta. Para superarlo, más de la mitad ve fundamental tener capacidad para adaptarse al cambio (57%). Estar a la vanguardia y detectar nuevas oportunidades en la resolución de necesidades sociales también es relevante (47%). Pero no lo es tanto apostar por la innovación (sólo un 27%).

Cuadro del estudio sobre la pregunta “¿Cómo definirías una organización emprendedora?” planteada a los encuestados.

La situación financiera está encallada en el Tercer Sector. El estudio muestra cómo la gran mayoría de ONG sigue captando fondos a la manera tradicional, que ya no funcionan, y descartan los nuevos modelos. Hay incluso un “relativo desinterés”, señala Carreras, especialmente en lo tocante a conseguir créditos de los inversores. Mientras, los bonos de impacto social, que apenas los usan un 2% de los encuestados, generan mayor interés. Hasta un 45% de las ONG valoraría aplicarlos.

Los nuevos modelos de financiación ligados a la inversión de impacto son los menos utilizados todavía por las ONG en España, según recoge el informe. Carreras advierte de que “lo que funcionaba hace diez años difícilmente sigue funcionando” ahora. Y resalta cómo las donaciones y subvenciones se han ido restringiendo gradualmente. Además, estrategias como el fundrising ya no tienen la misma efectividad.

Hibridación en auge

Del proyecto se desprende también una clara tendencia a hacer más híbrido el sector. Algo que se ve en aquellas ONG y organizaciones no lucrativas del ámbito social que también actúan como empresas sociales. Para desarrollar su misión social utilizan las estrategias de ambos sectores, y tienen mecanismos de financiación combinados.

Por un lado, los tradicionales de una ONG (socios, donantes, subvenciones, réditos de su patrimonio, etc.). Por otro, sistemas de generación de ingresos por ventas de servicios o ‘productos misionales’ y por inversión de impacto.

Este tipo de organizaciones híbridas cuentan ya con una dilatada trayectoria en sectores como la inserción laboral, el comercio justo, las microfinanzas o los servicios de salud. Pero han aparecido más recientemente en otros sectores. Se trata de un segmento en alza y cuyo valor de mercado se ha triplicado en los últimos 15 años en la mayoría de países occidentales.