El mejor Equipo del mundo

En mi Equipo no somos los más inteligentes, tampoco somos los más experimentados. No tenemos diplomas de grandes escuelas de negocios ni certificaciones internacionales que avalen nuestras capacidades profesionales. No tenemos una dilatada trayectoria en diferentes multinacionales acostumbradas a gestionar grandes presupuestos. Tampoco disponemos de las herramientas tecnológicas más punteras para poder hacer los trabajos más impresionantes.

“No soy el mejor en nada, puedo mejorar en todo”

Con esta frase de Ricky Rubio, jugador profesional de baloncesto de la Selección Española y de los Phoenix Suns de la NBA quiero decir que, a pesar de todo lo anterior, somos un Equipo que ofrece unos resultados altamente consistentes gracias a una receta muy sencilla: jamás nos preguntamos si podemos hacer algo que nos han encargado hacer, simplemente lo hacemos. No nos ponemos límites y pensamos que podemos hacer cualquier cosa. Tampoco rechazamos un proyecto porque creamos que está fuera de nuestro ámbito de actuación o porque no esté en nuestros objetivos anuales. No evitamos tomar nuevas responsabilidades y tampoco nos escondemos pensando en que, de este modo, podemos pasar más desapercibidos.

Al contrario, nos gusta tener visibilidad y cuando fallamos, porque nos permitimos fallar, nos focalizamos en las soluciones que pueden subsanar el error cometido. La vocación de servicio está en nuestro ADN y buscamos ampliar nuestro abanico de clientes llegando a departamentos y personas con los que no habíamos colaborado en el pasado. No nos olvidamos de los deseos de nuestros clientes aunque pensamos en los proyectos como lienzos en los que poder pintar una buena obra de manera colaborativa.

Creemos que no ser expertos en algo nos puede ofrecer una buena ventaja competitiva porque nos permite decir auténticas “barbaridades” que, en algunos casos, aportan soluciones creativas a cuestiones cotidianas. Mantenemos viva la curiosidad y buceamos por otros entornos para incentivar nuestra creatividad. No nos dejamos llevar por algo que haya sucedido en el pasado porque cada día nos ofrece una nueva oportunidad de rescatar ideas antiguas. Tomamos decisiones y nos atrevemos a escoger el camino que creemos más adecuado para cada situación. Y podemos volver a equivocarnos. Y entre equivocación y equivocación, disfrutamos de nuestros éxitos como Equipo.

Y es que en el Equipo está el éxito. La suma de capacidades diferentes de personas diferentes, nos permite ofrecer resultados diferentes que nos acercan al éxito. Aceptar la diferencia, como responsable de equipos de trabajo, es lo que nos permite ofrecer una propuesta de valor única y diferenciada en cada trabajo que llevamos a cabo. Los diferentes enfoques sobre un mismo proyecto nos proporcionan soluciones que enriquecen el resultado final.

Pero… ¿focalizarnos en el Equipo quiere decir que dejemos de prestar atención a la individualidad? ¡Rotundamente no! Las personas necesitamos sentirnos valoradas, especiales, en definitiva ¡únicas! Por este motivo, habrá que valorar de manera justa la implicación de cada una de las personas de nuestro Equipo. Ofrecer feedback de calidad, regularmente, es un regalo para el desarrollo profesional de cada integrante de nuestro Equipo. A continuación, me gustaría compartir contigo algunas de las claves para ofrecer un buen feedback:

Propicia un clima relajado. Escoge el lugar y el momento más adecuado para compartir tu feedback. Iniciar un proceso como este no es una cuestión meramente higiénica y transaccional. Se trata de un momento de calidad que dedicas a una persona de tu Equipo con el objetivo de ofrecer tu visión acerca de cuestiones importantes para ambos: desarrollo, evolución, objetivos, relación profesional… Los detalles no se pueden dejar al azar.

Presta atención. Escucha, observa y no dimitas de los proyectos en los que nos estás implicado directamente. Debes manejar información ajustada a la realidad para construir tu mensaje. Jamás debes dar feedback haciéndote eco de informaciones que has recibido por terceras personas.

Usa un lenguaje positivo. Todos los mensajes son susceptibles de ser expresados en un tono positivo. Prepara tu discurso y conviértelo en una oportunidad y no en una losa para quien lo recibe. El mensaje debe dejar claro que existen claras opciones de mejora y, sobre todo, de futuro. El objetivo no es la confrontación sino la vinculación y el compromiso con la obtención de mejores resultados individuales y colectivos.

Muéstrate cercano y disponible: En ocasiones ocurre que alguna persona de tu Equipo, de manera proactiva, pide que valores su desarrollo profesional o el grado de consecución de los objetivos marcados o la satisfacción con su desempeño… si esto ocurre, no lo pospongas. Es un regalo increíble que permite establecer un buen punto de partida para instaurar una cultura del feedback en todas direcciones.

Acepta las opiniones diferentes: A pesar de haber construido tus argumentos de forma veraz, es posible que la persona con la que estás interaccionando pueda no estar de acuerdo con tus comentarios. Respeta su opinión y no le interrumpas mientras esté hablando. Además de ser una señal de respeto, puede ser que te ofrezca una visión diferente que te permita obtener un nuevo punto de vista.

Haz que sea participe del plan de acción. Cuando el feedback lleva asociado un plan de acción, permite que tu colaborador sea partícipe del mismo. Consensuad las oportunidades de mejora y las acciones que deben ser llevadas a cabo.

Realiza seguimiento de los acuerdos. No olvides que has adoptado un compromiso de desarrollo con tu colaborador. Si no realizas el seguimiento oportuno puedes estar trasladando un mensaje de dejadez y de no dar importancia a los acuerdos adoptados. Piensa que tú eres corresponsable de la consecución de los hitos marcados en el plan.

Un factor decisivo en el éxito de un equipo de trabajo, según mi manera de entender las relaciones profesionales, es la corresponsabilidad. Cuando los miembros de un equipo sienten que son corresponsables de cada acción llevada a cabo, de cada objetivo marcado, de cada situación vivida, de cada fracaso y de cada éxito, es más fácil alcanzar un alto nivel de rendimiento.

“Los partidos los juegan los jugadores. Por supuesto que también están los entrenadores, pero en primer plano están los jugadores, con su creatividad, fantasía, su capacidad para responder ante las situaciones planteadas por el rival. Un planteamiento puede ser teóricamente bueno, pero son los jugadores quienes lo han de poner en práctica”.

Con esta frase de Sergio Scariolo, entrenador de la Selección Española de Baloncesto, quiero terminar este artículo-homenaje a un Equipo de baloncesto que no eran los más altos, ni los más fuertes, ni los más talentosos, ni los más experimentados y que, a pesar de todo ello, fueron campeones del mundo de baloncesto en el mundial de 2019 porque se mantuvieron unidos y focalizados en el objetivo común de ganar el campeonato. ¡Felicidades campeones!